Imaginemos la solidaridad Rosa María Payá Acevedo, presidenta de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia

07/12/2016

“Tenemos un fallecido”: esas fueron las palabras de la supuesta forense que respondió, desde la escena del crimen, la llamada al celular de mi padre, el día en que la Seguridad del Estado cubana lo asesinó en julio del 2012.

Todavía no teníamos toda la evidencia, ni los testimonios que hoy son públicos y que prueban que la muerte de Oswaldo Payá fue un crimen provocado por agentes del régimen[1]. Pero en ese momento supimos instintiva y dolorosamente que la amenaza que Fidel Castro había lanzado contra mi padre finalmente se había cumplido.

Pasarían cuatro años para que Wikileaks publicara un e-mail de John Podesta, jefe de campaña de Hillary Clinton, reconociendo que el “gobierno cubano lo sacó (a Oswaldo) de la carretera y lo mató, casi seguramente”[2].

En estos días un pequeño ataúd, que se nos ha dicho lleva las cenizas del dictador, se pasea de vuelta por la misma ruta que recorrieron hace 58 años los guerrilleros. Los crímenes habían comenzado desde antes, pues ya en 1957 habían fusilado a decenas de personas en la Sierra Maestra. De acuerdo a los trabajos de Armando M. Lago, doctor en Economía graduado en Harvard, en ese momento el número de los fusilados ya era mayor al de los soldados rebeldes caídos en combate[3].

Número que fue in crescendo después del triunfo revolucionario. El régimen liderado por Fidel Castro es responsable por la muerte de decenas de miles de personas según los casos documentados[4]. Un régimen que ha pervivido, por ahora, la desaparición física del caudillo. Y que ha puesto en marcha un plan de sucesión en el poder, donde los únicos actores en escena pertenecen en alguna medida a la familia real o son octogenarios veteranos de la corte.

Con quien único no han contado es con los ciudadanos cubanos, tampoco tienen nada que ofrecerles. Por eso la represión arreció unas horas después de la noticia de la muerte de Castro, al día de hoy son decenas las denuncias de acoso, detenciones arbitrarias o golpizas.

Entre los casos más críticos se encuentra Eduardo Cardet, del Movimiento Cristiano Liberación, quien sufrió una violenta detención el 30 de noviembre. Por su parte, Danilo El Sexto Maldonado Machado, joven promotor de la campaña Cuba Decide y reconocido artista plástico, fue secuestrado de su casa el sábado pasado[5]. Según cuenta su madre, los policías lo golpearon dentro de la estación hasta causarle un ataque de asma. Hoy sigue preso, sin cargos y en huelga de hambre, mientras la caja de cenizas proseguía hacia a su destino.

Al mismo tiempo, presidentes en funciones, legisladores electos y hasta prestigiosos líderes religiosos internacionales envían sus condolencias al castrismo, sin mencionar a sus víctimas. Contribuyen así al muro de silencio cómplice que empodera la impunidad del régimen criminal[6].

Imaginemos por un segundo si todos esos condolidos personajes, desde Justin Trudeau hasta Michelle Bachelet, fueran igual de elocuentes en rechazar la represión gubernamental en Cuba y apoyar los derechos humanos de los cubanos. Imaginemos que Mariano Rajoy no solo reconociera la figura de “calado histórico” que acaba de fallecer, sino que también con todas las pruebas que el gobierno español posee, decidiera solicitar al gobierno cubano acceso a la evidencia y una investigación independiente sobre el asesinato de mi padre, quien es ciudadano español.

Imaginemos lo distintas que podrían ser las cosas, si los cubanos opositores que luchan dentro y fuera de la isla obtuvieran de sus supuestos pares democráticos la solidaridad coherente con una causa que nunca ha sido partidista sino esencialmente humana. Esa sencilla solidaridad sería capaz de salvar vidas.

Desde la iniciativa popular Cuba Decide[7] no creemos en las fantasías, pero los que hoy callan deben saber que, por mucho que se les haya repetido, la historia no absuelve. Los tribunales juzgan y, antes o después, las sociedades también. La verdad siempre encuentra caminos, es más fuerte que cualquier jaula donde hayan querido esconderla.

Con esa confianza trabajamos, e invitamos a todos, sin importar su nacionalidad o posición en el espectro político, a apoyar el derecho a decidir de los cubanos, a través de la realización de un plebiscito vinculante en la Isla. Para cambiar la tiranía por un sistema plural y democrático. Las leyes del régimen prohíben a la ciudadanía elegir el sistema que quieren que rija, pero ninguna ley debe estar por encima de la soberanía del pueblo, cuando se trata de definir el sistema económico político y social del país.

Cuba Decide es la propuesta incluyente que pone en manos de todos los amigos de la libertad la posibilidad de apoyar la herramienta definitiva que viabilice una transición democrática y pacífica en Cuba. Todos son bienvenidos.



[3] In the book-in-progress The Human Costs of Social Revolutions: The Black Book on Cuba, by Dr. Armando Lago, he is making an attempt to list Castro’s deaths since 1959. With Castro in power, obtaining information is very difficult, but so far the deaths of 97,000 persons have been named, each confirmed by at least two sources. Some 30,000 executed by firing squad, 2,000 extra-judicial assassinations, 5,000 deaths in prison due to beating by guards and denial of medical care and 60,000 deaths while trying to escape Cuba by sea.

 

 

Imaginemos la solidaridad