ENTREVISTA DEL PRESIDENTE DE FAES EN ABC Aznar: "El PP debe acometer una rectificación enérgica, creíble y suficiente"

28/06/2015

Bieito Rubido y Montserrat Lluis

El presidente de honor del PP reclama una «rectificación enérgica, creíble y suficiente para recuperar al electorado», que «hoy no sabe si el Partido Popular defiende la vida o el aborto, la unidad de España o la presencia de Bildu en las instituciones, las clases medias o la presión social»

Una de las pocas voces que no se ha escuchado desde el 24 de mayo en la escena política española es la de José María Aznar. Quien gobernó el país durante ocho años y lo dejó en sus más altos niveles de prosperidad no ha dicho ni palabra en un mes, pese a la expectación por conocer el análisis de una de las personalidades con mayor predicamento del centro derecha. Ha permanecido en un prudente segundo plano, pero entiende que ha llegado el momento de hablar. «Por responsabilidad y sin ambición personal». Basta una primera pregunta para que el presidente de honor del Partido Popular articule un meditado, denso y grave mensaje, para el que espera la respuesta de aquellos que tomaron su relevo en Génova y, en 2011, en Moncloa. «Mi preocupación es recuperar electores y que mi partido llegue en las mejores condiciones a las generales», asegura en esta entrevista con ABC en la que rompe su silencio consciente de que hará ruido.

 

—¿Cómo define la España resultante de las elecciones del 24 de mayo?

—Preocupante. No me gusta ni lo que ha sucedido ni el ambiente creado. Habría que concentrar mucha más atención en los principales problemas del país, en cómo afrontarlos y darles solución. Y que cada uno mida muy bien sus responsabilidades. Yo distingo dos tipos: las responsabilidades sin ambición personal, como es la mía, y las que pueden tener ambiciones personales, perfectamente respetables y hasta necesarias. Mi responsabilidad es sin ambición personal, pero sí hacia el país. España tiene tres problemas esenciales en términos políticos. Uno es el populismo, un fenómeno que es también europeo y que no representa una alternativa democrática. Lo que quiere es el cambio de sistema, de régimen, con la utilización de las instituciones para conseguir su vaciamiento. Tal amenaza populista es hoy una realidad en ciudades y comunidades importantes de España; un riesgo muy serio en términos de gobernabilidad y estabilidad. El segundo problema es el secesionismo, una realidad muy grave. Una de las lecciones aprendidas de estas elecciones y de las pasadas es que la inhibición y la no política nunca generan rendimiento. Cuando se está en política se debe hacer política. Asistimos a un fraccionamiento cada vez mayor de la sociedad catalana y a una división cada vez mayor en la política catalana. Se está demostrando que es verdad aquello de que antes se rompería Cataluña que España. España no se va a romper pero Cataluña se sigue desgarrando. Cada cierto tiempo, dirigentes nacionalistas catalanes sienten la necesidad de llevar a Cataluña al abismo, algo sobre lo que se debería reflexionar. Su horizonte no puede ser de mayor inestabilidad y fraccionamiento desde el punto de vista político y social. Por eso la no inhibición, la definición de políticas muy sólidas se vuelve todavía más imprescindible.

—¿El PP no ha tenido políticas claras?

—No. Nosotros no podemos ser espectadores del desgarramiento de la sociedad catalana. Debemos ser actores de cómo recobra su pulso. Y otro problema serio es la crisis del sistema de partidos. Afectó primero a la izquierda, con un PSOE que dejó de ser un partido nacional para convertirse en no se sabe qué. Ahora se entrega en manos de los más radicales, olvidando la Historia: cada vez que lo socialistas se han aliado con los más radicales, han acabado muy mal. Y probablemente esta nueva experiencia termine muy mal. Pero esa crisis ya estaba ahí. La que no estaba es la crisis en la derecha. El electorado le dijo al PP en las europeas: «Yo no estoy contento y no quiero votar a este Partido Popular». En las andaluzas, le ha dicho: «Yo no quiero votar a este Partido Popular». Y en las municipales, por tercera vez, le ha dicho: «Yo no quiero votar a este Partido Popular». No hay ninguna razón para que no se lo diga la cuarta vez, si no se produce una rectificación suficiente, clara y contundente en el Partido Popular.

—Se han perdido 2,5 millones de votos en las elecciones municipales.

—Es un problema muy serio porque el PP ha sido la expresión de la estabilidad y gobernabilidad de España. Una de las consecuencias de estas elecciones es que se ha producido un distanciamiento del electorado, porque se había producido previamente un alejamiento de los partidos respecto del electorado. Dicho de otra manera: no hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío. Mi voto no es cautivo. Los electorados se respetan. Los compromisos se cumplen. Al ciudadano se le escucha. No hay votos prisioneros. Y entender todos estos mensajes en las nuevas formas de acción política es muy importante. Visto el tema populista, el secesionismo catalán unido a la inmensa desgracia de que Navarra después de 40 años se ha perdido stá claro que si no hacemos un ejercicio de rectificación muy grande, suficiente, no hay motivos para pensar que la situación variará en las generales.

—¿Cree que la nueva España nacida de las elecciones municipales y autonómicas es la que realmente querían los ciudadanos cuando votaron?

—En España hay una crisis más política que social. No creo que haya habido virajes dramáticos hacia la izquierda. Los resultados del PP y de los socialistas han sido manifiestamente insuficientes, pero también lo han sido los de los emergentes para las expectativas con que concurrían. Lo que pasa es que el PP estaba representado por tres cuestiones claras: un ADN muy identificable, que en gran medida se ha perdido. Mucha gente se pregunta qué es el PP y no encuentra respuesta satisfactoria. Nuestra segunda seña era la unidad de todo lo que estaba a la derecha de la izquierda, no había competidores en ese espacio. También se ha perdido eso. Y en tercer lugar, teníamos una unidad interna extraordinariamente sólida hecha sobre un proceso de suma y de inclusión permanente en la historia del partido. Esos tres pilares han sido puestos en cuestión.

—¿Por qué?

—El partido se ha alejado del electorado, no el elector. En las municipales y autonómicas, una señora me dijo: «Mi marido y yo vamos a votar al PP con profundo mal humor». Y yo le respondí: «No se sienta usted sola. Porque no está sola en ese sentido». El objetivo ahora debe ser en primer lugar cómo se pone en marcha una operación de reconstitución del espacio de moderación y centralidad que necesitan la democracia española y el futuro de España.

—¿Cómo?

—La única fuerza que puede hacer un proceso de reconstitución del espacio electoral de moderación y centralidad es el PP. Y para ello tiene que ser reconstituido, debe hacer una rectificación enérgica, creíble, suficiente, con dos objetivos. Atraer el electorado perdido, confundido, no el cautivo, que no existe. Escucharle, plantear un claro proyecto político para los próximos tiempos y actuar en consecuencia desde el punto de vista de procesos de suma y renovación interna dentro del PP. Es lo que llamo una rectificación suficiente y contundente, la reconstitución de una fuerza política. Los sondeos dan al PP unos porcentajes que nos llevan al techo de Fraga, eso es de hace treinta años.

CAMBIOS DE GOBIERNO
—¿Se trata de hablar a tu electorado más que a un electorado en general?

—Muchos electores se preguntan qué es el PP. ¿Es un partido en favor de la vida que puede coexistir con ciertos supuestos excepcionales del aborto o se ha convertido en un partido en favor del aborto? Conviene aclararlo, pero de manera creíble. No vale decir que eres un partido a favor de la vida, si luego no actúas en consecuencia. ¿Es el PP el partido que ilegalizó a Batasuna o tolera que esté en las instituciones? ¿Es el PP el que garantiza la unidad de España y no hay duda de ello o se inhibe en cuestiones básicas que acreditan esa unidad histórica? ¿El PP tenía unas visiones económicas muy claras en torno a clases medias, aparatos productivos, fiscalidad o presume de haber subido mucho la presión fiscal y actuar en detrimento de las clases medias? Eso crea mucha confusión y es básico aclararlo, te lo pide el electorado. No escuchar, rechazar o despreciar es caer más en lo mismo. Si por tres veces te han dicho ‘no’, no hay ninguna garantía de que no te lo vuelvan a decir a la cuarta, insisto.

—¿Dentro de esa reconstitución son suficientes los cambios acometidos por Rajoy la semana pasada y este jueves con la salida de Wert?

—No son incompatibles.

—¿Pero son suficientes?

—Yo pido una rectificación suficiente…

—No son suficientes, entonces…

—No son incompatibles, digamos.

—¿Es partidario de hacer cambios en el Gobierno a estas alturas?

—Yo no debo decir a nadie lo que tiene que hacer… En una situación de normalidad, a cinco meses de unas elecciones, plantearse cambios en el gobierno no parece muy… Pero si uno piensa que la situación es apremiante, entonces es una posibilidad que podría entrar dentro del ejercicio de rectificación suficiente, contundente y decisivo. Pero eso pertenece a la responsabilidad personal, que no es la mía.

—¿Le ha dado consejo a Rajoy tras el resultado de las elecciones?

—No. Yo a Rajoy le digo lo que pienso si me lo pide.

—¿No se lo pide habitualmente?

—Digamos que nos hemos encontrado ocasionalmente hasta ahora. Ayer (por el miércoles) nos vimos un momento en el Palacio Real.

—En el aniversario de la entrada de España en la Comunidad Europea.

—Fue un día especial. Conmemorar treinta años de la entrada de España en las comunidades europeas es muy importante. No entiendo por qué no se han hecho institucionalmente más cosas. Ese aniversario es una expresión de la vigencia de valores importantes, de cómo lo común debe prevalecer sobre lo que separa, de cómo el consenso es útil, de cómo se puede hacer para que el país progrese, de cómo tener posición interna fuerte ayuda a situarte en el exterior. Cabe un análisis interesante, con un balance favorable para la mayoría de los españoles. Esos valores no se han perdido; los partidos mayoritarios, clásicos, se han alejado de ellos.

—¿Ve injusto que el PP haya registrado su peor resultado cuando España es el país que más crece de Europa?

—El mono discurso, olvidando la política y las explicaciones, no funciona. Muchas de las reformas que se han hecho son muy apreciables. La economía española crece en torno al 4%. Yo soy uno de los convencidos de que, si España mantiene unos parámetros de estabilidad y de gobernabilidad firmes y continúa en un proceso de reformas acelerado, tiene por delante una década verdaderamente espectacular en términos de prosperidad y crecimiento. Pero son imprescindibles las cinco tareas: garantizar claramente la continuidad histórica de España, defender claramente unas políticas de reforma en favor de jóvenes, parados, familias; fortalecer de manera clara a las clases medias, defender los valores constitucionales, fortalecer internamente al país, preocupémonos seriamente de hablar con la gente y recuperar al electorado. Son tareas vitales; también aclarar las dudas. Estas elecciones han demostrado que no es verdad aquello de que la Constitución es un candado. Te permite fundar un partido y, en seis meses, pasar de la sala de estar de tu casa a las instituciones. La Constitución no prejuzga la España de 2050, pero sí significa que no se puede volver a la España del 76 y mucho menos a la del 36, que es lo que quieren algunos.

—¿Cómo valora la irrupción de Ciudadanos en la escena política española?

—Lo que en realidad significa Ciudadanos es que el espacio de centro derecha deja de estar representado exclusivamente por el PP. Eso para el partido es un retroceso de treinta años. La refundación del PP en 1990 consiguió la unidad de toda esa España, un partido nacional que defiende la política nacional. Ciudadanos supone que ese espacio ya no es único. Por otra parte, es una fórmula política por definir, un partido gaseoso, difícil de identificar. La mayor parte de su electorado viene del PP, o son votos del centro derecha, centristas. De ahí la necesidad de articular el espacio de la moderación y centralidad.

—¿Quiere decir que Ciudadanos es fruto de los errores políticos cometidos por el PP?

—No tengo la menor duda. Si me dice cuál ha sido la política del PP en Cataluña, puedo estar de acuerdo o en desacuerdo, pero si no ha habido política del PP en Cataluña, la gente ha ido a votar a Ciudadanos. Esa es la cuestión. Las acciones territoriales del partido tienen que tener una compañía muy solida del gobierno de la nación. Si carecen de ella, no tienen fuerza suficiente. La inhibición del Partido Popular en Cataluña, que lo ha relegado en la práctica a una posición de irrelevancia, ha supuesto el auge de Ciudadanos, que se ha contagiado al resto de España, en parte.

DECISIONES EQUIVOCADAS
—¿Cómo imagina Cataluña después del 27 de septiembre?

—Espero y deseo que lo que antes he propuesto acerca de una acción política muy solida y una presencia muy comprometida sea una realidad. Si no, el panorama será de una división y confusión que puede llevar a una aceleración en la toma equivocada de decisiones. Creo que será un panorama más fragmentado, dividido, confrontado en favor de los populismos. Y ojalá la existencia de una gran fuerza política nacional como es el PP y su presencia ahí lo eviten. No hay que dejar pasar cosas que van más allá de la anécdota. En Cataluña hay un consejero de Interior independentista, que dice que los Mossos d’Esquadra es una estructura de estado al servicio de la independencia. Un cuerpo armado que se va a poner al servicio de algo no solo ilegítimo, sino ilegal. Habla de un cuerpo armado. Cuanto más claros sean el Partido Popular y el Gobierno, mejor.

—A las víctimas del terrorismo, ¿se las trata como merecen?

—Yo no veo a las víctimas satisfechas. Las veo doloridas y defraudadas, y eso me preocupa mucho. Probablemente no entienden algunas actuaciones. No son las víctimas las que se han alejado. Hay personas y decisiones que se han alejado de las víctimas. En segundo lugar, el relato que está surgiendo sobre lo ocurrido en el País Vasco es totalmente inaceptable. En tercer lugar, la consolidación de formaciones como Bildu en las instituciones, sin condenar la violencia ni el terror, con miembros activamente partícipes de ese terrorismo, es absolutamente cuestionable. Entre otras cosas, porque una democracia tiene derecho a defenderse de los que quieren acabar con ella.

—Afirma que hay personas que se han alejado de las víctimas.

—Cuando yo hablo con las víctimas, me transmiten la sensación de que esperaban haber recibido una atención o trato distintos por parte de los que tienen la responsabilidad de hacerlo. Yo soy víctima del terrorismo, pero no digo que siempre tienen razón. Puede que no. Digo que es nuestra obligación prestarles continua y profunda atención.

—¿Qué efecto puede tener sobre Madrid un equipo municipal encabezado por Manuela Carmena y ediles como Rita Maestre o Guillermo Zapata?

—Supone un riesgo muy grande de paralización, de ir por el camino equivocado. Madrid vivía una época brillante, tiene un magnífico futuro. Era la máquina más poderosa económicamente de España. Un ámbito de libertad creativa, productiva. Y eso se puede poner en riesgo. En la parte que me toca, no deja de ser curioso que la nueva alcaldesa de Madrid ha dicho de la anterior en tres días más elogios que su partido, el PP, en tres años. Resulta que las cuentas estaban ordenadas, los niños bien atendidos, los desahucios se trataban correctamente. Interesante...

«MADRID ESTÁ EN RIESGO»
—¿El PP concurrió a la alcaldía de Madrid con el candidato adecuado?

—…Eso ya… Fue con el candidato que fue. Pero ojalá que los resultados hubiesen sido mejores. Ese Madrid, convertido en gran ciudad con esfuerzo de muchos, está en riesgo.

—El PSOE podría haberlo evitado si no hubiera apoyado a Ahora Madrid. ¿Cómo interpreta la política de pactos llevada a cabo por los socialistas?

—Es fruto de la debilidad de un partido que se transforma en radicalidad. No hay que olvidar que este partido socialista, desde su debilidad convertida en radicalidad, es el que equipara al PP con Bildu. El PSOE se ha expulsado de la posibilidad de representar cualquier elemento de centralidad, y será víctima de haber pactado con los más radicales. No critico que haya nadie que se haga fotos con la bandera de España, pero ya sabemos de otras épocas en qué consistían las políticas para España de Zapatero. Una cosa es la escenografíaa y otra, la política. Pero el fondo del asunto al comparar al PP con Bildu es autoexcluirse de la centralidad de la vida política. Eso supone que o la recupera a el PP en un ejercicio enorme de responsabilidad o las tendencias al fracciona- miento serán mayores en las próximas elecciones.

—¿Ya no es posible el entendimiento de los dos grandes partidos frente a los populismos o nacionalismos?

—Yo siempre he pensado que habría una alianza de izquierdas para excluir al PP de las instituciones. Y el Partido Popular puede reaccionar de dos maneras. Como estaba haciéndolo ahora, o como yo propongo: buscando la gestión de la centralidad y la moderación. El país no necesita una pelea entre quien quiere arrinconar y quien se siente arrinconado y ahora peleo desde el rincón. España necesita la construcción de ese espacio de centralidad y moderación. Ahí está la clave del éxito. Apelar a los votos cautivos desde el arrinconamiento solamente conduce a un mayor arrinconamiento.

—Usted impulsa iniciativas en favor de la democracia y la libertad en Venezuela. ¿Hasta qué punto el populismo español bebe del chavismo?

—Es su ejemplo. Los dirigentes del populismo español son marxistas leninistas puros. Saben lo que buscan. Quieren el poder para cambiar el sistema y las reglas. Ellos han contribuido a crear eso. Es el modelo que ha producido la hecatombe en Venezuela, y ante el cual por primera vez se ha conseguido articular una reacción internacional positiva que ha producido sus efectos, junto a la acción absolutamente heroica de personas que defienden la libertad en el propio país. Esos modelos de fracaso sí son de candado, de voy para atrás. Hay que evitar regresar. Nosotros sabemos que en los próximos años hemos de ocuparnos mucho de dar oportunidades a la gente, hacer una sociedad de igualdad de oportunidades muy clara. Apoyar planes de productividad, mejorar el Estado de bienestar, atender a los parados… Poner en valor la familia, que las clases medias se sientan más seguras y se expandan… Es fundamental e incompatible con la vuelta al 76 o al 36.

«LA GENTE ME QUIERE ALGO»
—¿Qué opina de que, cada vez que el PP está en crisis, se tire de usted?

—Será que la gente me quiere algo… Todavía después de los años, me dicen muchas cosas y me llaman para muchas otras. Y algunos querrían llamarme para más, pero ya he dicho que no voy a coger la responsabilidad sin ambición personal. Mucha gente se identifica con lo que considera buenos momentos de España.

—¿Siempre le llaman o solo cuando hay problemas?

—Que llamen cuando quieran… no es mi responsabilidad… Mucha gente lo ha pasado mal. No voy a decir que haya faltado cercanía, no es un problema de cercanía ni de comunicación; es de respeto, de cuidado, de atención al votante, de hablar con el electorado en general y con los ciudadanos, escucharlos y entenderlos. Es muy importante.

—¿Participará en la próxima campaña para las elecciones generales?

—No tengo ni idea. Mi preocupación es recuperar electores y que mi partido llegue en las mejores condiciones a las elecciones.

—¿Aún hay tiempo?

—Sí, cinco meses en política es lo más parecido a la eternidad. Y teniendo la mayoría absoluta, puede ser una eternidad consistente.

—Empezó la entrevista afirmando que ni su voto será cautivo.

—Porque no acepto ni los discursos del miedo ni sobre el voto cautivo. El mensaje de ‘nos vais a votar porque no tenéis más remedio que venir a votarnos’ es inaceptable. Yo entiendo a aquellos que pueden votar con mal humor, pero sé que hay muchos otros que no están dispuestos a que su voto se considere cautivo. En ningún sitio está escrito que el voto de nadie sea de nadie más que del ciudadano que lo tiene que depositar. De nadie más. Hay que ganarlo.

—¿Ve a Rajoy investido de nuevo presidente del Gobierno?

—Pues… yo le deseo los mayores éxitos al PP, pero hay que ganárselo. Yo acabo de cumplir con mi responsabilidad, a partir de ahora, esto ya no me corresponde. Pero…