ANÁLISISLa crisis en Brasil acentúa el ocaso del populismo en Suramérica, por Hugo Carvajal

09/05/2016

"La recientemente visita a Argentina del presidente Obama de Estados Unidos nos señala claramente que el país del norte ve con preocupación el hecho de que Brasil inicie un periodo de inestabilidad política, que tiende a ser prolongado y difícil por las complejas características del sistema de partidos que impera en la democracia brasileña. Una vez más la geopolítica juega un rol importante. Norteamérica busca un centro ordenador en Suramérica y se inclina por el Gobierno de Macri al puntualizar la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, que la relación “ha avanzado mucho y muy rápidamente”, con el objetivo evidente de reencauzar la economía en la región y acrecentar la presencia estadounidense en el área, luego de que el Mercosur y la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) fueran utilizados ideológicamente para contrarrestar las diferentes políticas económicas y mecanismos de integración, como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), auspiciados por el Departamento de Estado americano.

Para comprender la delicada crisis que afecta a Brasil es necesario detenerse en la fragmentación política expresada en los 28 partidos con representación en las diferentes instituciones municipales, estaduales y el Parlamento nacional. A ello hay que añadir el anacrónico régimen electoral y obsoleto sistema de partidos. En este contexto, el Partido de los Trabajadores (PT) logró construir una mayoría parlamentaria e instalar un Gobierno a través de una coalición heterogénea compuesta por cinco organizaciones políticas, implementando mecanismos de prebenda y clientelares en la Administración Pública que le permitieron conseguir el respaldo de sus ocasionales aliados en la gestión gubernamental. De esta manera, la corrupción se instala y torna cotidiana, contribuye a la degradación de la política y disminuye la credibilidad de los partidos ante la ciudadanía, ocasionando el creciente descontento en las nuevas clases medias que depositaron sus esperanzas de movilidad social confiadas en que el crecimiento económico alcanzado fuera duradero y sostenible.

El desgaste político del PT en la gestión de Gobierno desde 2003 comienza a manifestarse en diferentes episodios. Primero surge la denuncia a Lula por el pago de “mensualidades” a parlamentarios dóciles del oficialismo; posteriormente emergen las movilizaciones urbanas de 2013 que exigen políticas de mayor cobertura y calidad en educación, salud, trabajo y transporte; luego acontece el apretado triunfo –3,2 por ciento– de Dilma Rousseff sobre Aecio Neves del PMDB en las elecciones generales de 2014. A ello hay que añadir el agotamiento del modelo económico basado en la expansión de la demanda interna sustentada en el aumento del salario básico, exenciones fiscales, subsidios y bonos sociales –‘bolsa familia’–, viables gracias al ordenamiento de la economía en la gestión de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y por el aumento en los precios de las materias primas en la última década.

La contracción de la economía al concluir su ciclo expansivo contribuye al desprestigio del PT y al declive de la imagen de Dilma Rousseff hasta un 20 por ciento de aceptación; en este cuadro de deterioro político, económico, social e institucional, se inician las movilizaciones multitudinarias de parte de quienes exigen el ‘fora Dilma’. En contraposición, se gesta el apoyo militante de sus partidarios en las calles demandando su continuidad, desesperados por detener el proceso parlamentario de destitución a través del ‘impeachment’, que luego del trámite de aprobación en la Cámara de Diputados se considera en la Comisión del Senado, para definirse por simple mayoría este miércoles 11 de mayo en el pleno de la Cámara. A ello se suma la solicitud de la Fiscalía a la Corte Suprema de Justicia para autorizar la investigación a Dilma Rousseff y al expresidente Lula por actos de corrupción en Petrobras, allanando el camino para el pronto alejamiento del Gobierno del PT luego de 13 años en el poder. Se profundiza así la polarización social y la crisis política en un país carcomido por la corrupción de sus organizaciones y líderes políticos, donde más de la mitad de sus congresistas están señalados de innumerables actos de corrupción por el manejo discrecional de los recursos oficiales en instituciones públicas.

Argentina ha frenado el impulso ascendente del populismo: el triunfo de Macri es el punto de inflexión que inicia el declive de la denominada ola de izquierda en la región, luego que el PT impulsara desde el Foro de Sao Paulo una corriente de oposición al neoliberalismo y las políticas económicas e institucionales de ajuste estructural establecidas por el ‘consenso de Washington’ en la década de los años noventa. En Brasil, sin embargo, se ha instalado la inestabilidad política y parece haber llegado para quedarse. Aunque en política un espacio que se deja es llenado por otro actor: ahora el PT pasará a la oposición con una bandera plantada el pasado primero de mayo, cuando Dilma Rousseff reaccionó con el aumento en un 9 por ciento de los fondos destinados al programa gubernamental ‘bolsa familia’.


Hugo Carvajal Donoso es expresidente de la Cámara de Diputados de Bolivia.