François Fillon: un candidato sin complejos para una Francia estancada

30/11/2016

Los pasados domingos 20 y 27 de noviembre se han celebrado por primera vez en la historia de los partidos conservadores franceses unas elecciones primarias para la elección del candidato a presidente de la República de Les Republicains el próximo mes de mayo. Y el éxito de organización de este proceso ha quedado ratificado por la afluencia de más de cuatro millones de franceses que han participado en cada una de las dos vueltas y pagado, además, dos euros por ello.

Es cierto que estas eran unas primarias abiertas no sólo a los afiliados sino a todos los ciudadanos con nacionalidad francesa que se comprometieran con los valores básicos del programa del centro-derecha. Y eso ha atraído al menos a más de un millón de personas que se declaran “de izquierdas” a participar en este proceso interno de LR. Como también es cierto que los medios de comunicación han dado gran importancia a estas primarias, con gran cobertura diaria en los informativos y dos debates televisados antes de cada una de las jornadas electorales. Todo ello ha reforzado un partido con grandes problemas internos de unidad desde las votaciones por su liderazgo de 2013, que acabaron anuladas por irregularidades.

Pero sobre todo, este ha sido un proceso sorprendente por los resultados. Primero por la eliminación en primera ronda de uno de los favoritos, Nicolas Sarkozy, dejándole fuera de su vuelta al palacio del Elíseo, cuando llevaba más de un año presentándose como el candidato inevitable para parar a los extremistas del Frente Nacional. Segundo, por el resultado de esa primera vuelta, donde el favorito de las encuestas, el alcalde de Burdeos Alain Juppé, quedó segundo con poco más de un 25% de los votos. Y tercero, por el ganador, el ex primer ministro François Fillon, que obtuvo un inesperado –por todos los analistas– resultado del 44% en primera ronda y más del 66% de los votos en la ronda final, ya sí favorito.

Ahora todo el foco mediático se ha desplazado hacia el candidato ignorado por los medios durante casi toda la campaña, pero que ha demostrado que sus tres años de trabajo con las bases del partido y la elaboración de un programa sólido y bien presentado ha sabido convencer a miles de votantes de forma calmada y firme. Fillon ha sabido tejer una red de partidarios que le ha llevado a una victoria sólida, una red formada por bastantes diputados de provincias de LR, ignorados muchas veces por la élite del partido por no formar parte de las redes de socialización de los antiguos alumnos del ENA o de las grandes facultades. El propio Fillon tampoco es parte de esos círculos –originalmente fue diputado por Le Mans y es licenciado en Derecho por la Universidad de París V–, razones por las que ha sido minusvalorado por los dirigentes conservadores conocidos como enarcas, y ello ha marcado su relación tanto con los medios como la visión que estos han dado de él desde 2007.

Pero Fillon ha sabido reinventarse al dejar su circunscripción electoral como diputado en el departamento del Sarthe para pasar a ser desde 2011 el representante de la 2ª circunscripción de París. Y desde entonces ha sabido reunir en su bando a pequeños y medianos empresarios y jóvenes emprendedores, defender un programa de liberalización de la economía y contra las leyes que ponen barreras al crecimiento industrial y comercial, y ganarse el apoyo de los colectivos sociales conservadores al mostrarse como un católico practicante sin complejos en un marco de laicismo militante de los líderes de los partidos del sistema. Ello le ha generado ataques de la prensa de izquierdas, pero le ha dado los votos de las asociaciones y ONG conservadoras, movilizadas en los últimos años ante la aprobación de leyes como las que reconocen los derechos de los homosexuales en Francia durante el mandato del actual presidente socialista François Hollande.

Y todo ello ha supuesto que Fillon haya apostado por la elaboración de un programa electoral sólido, cuyos pilares principales son liberalismo económico, identidad nacional y familia como base de la sociedad del siglo XXI. De hecho, ya se le acusa de tener un programa económico thatcherista, muy nacionalista y ultracatólico. Y ello parece ser una violenta reacción de los medios de comunicación que, al haber ignorado sus propuestas y su campaña hasta el 21 de noviembre, han hecho una lectura muy superficial de los hitos de su plataforma política. Su programa no deja de ser una tercera vía entre el programa extremo que proponía Sarkozy en materia de seguridad e identidad para evitar dejar ese campo político a Marine Le Pen y su partido, y en el que Fillon defiende la integración en los valores republicanos de todos los inmigrantes que legalmente vivan en Francia. Mientras que, por otro lado, el programa reformista de Fillon en materia administrativa y legal es una versión mejor elaborada y desarrollada del programa en el que Juppé, el candidato más centrista de las primarias, proponía una reducción del sector público, la reducción de la deuda y la modernización del marco legal que regula la industria y el comercio, para permitir que el dinamismo económico tras la crisis de 2008 por fin pueda llegar a la realidad francesa.

Sin embargo, los retos que Fillon tiene ante sí son todavía importantes, por más que algunos le presenten ya como el presidente inevitable. En primer lugar, debe recomponer la unidad en el seno de su partido y evitar que los poderosos líderes regionales le pongan obstáculos con su gestión hasta el mes de mayo próximo, pues muchos de ellos son presidentes de organismos que apoyan una línea dura en seguridad, orden público e identidad nacional, y podrían mostrarle ante los franceses como el líder de un partido radical, cercano a la extrema derecha. A la vez, debe mantener la coalición con los partidos centristas, como UDI o MoDem, para que le apoyen en la campaña presidencial o al menos tras la primera vuelta electoral.

Pero igualmente, Fillon debe deshacerse de la imagen de estar alejado de los problemas de las clases populares y acercarse a cuestiones vitales en materia de Sanidad, ayudas sociales, vivienda asequible y salarios más altos, para evitar dejar a enormes sectores sociales en manos de los candidatos de la izquierda o del FN, pues necesitará esos votos para su llegada al Elíseo. Y la realidad es que sólo quedan seis meses para la apertura de las urnas, donde las desacreditadas encuestas siguen diciendo que la más votada sería Marine Le Pen en primera vuelta y que Fillon sería segundo, a larga distancia de los diferentes candidatos de una izquierda que continúa descabezada y sin líderes sólidos para 2017. En resumidas cuentas, Fillon puede ganar, pero necesitará ser un candidato mejor que el resto y, hasta ahora, es más desconocido y vulnerable de lo que parece.