CORONAVIRUS La guerra de posiciones del independentismo catalán ‘moderado’ después del COVID-19

08/06/2020

Miquel Porta Perales es crítico y escritor


El impasse que supone la epidemia del COVID-19 ha propiciado –por parte del secesionismo catalán– la reflexión sobre el qué y el cómo de un “proceso” en quiebra que el independentismo intenta resucitar a toda costa. El resultado: un ejercicio retórico y un proyecto “moderado”. El ejercicio retórico del universo radical de JpCat y el proyecto “moderado” en que se habría instalado ERC.

Del ejercicio retórico de JpCat, la CUP, la Asamblea Nacional Catalana Òmnium Cultural –“un govern de emergencia para superar la crisis y preparar el embate final por la independencia”, “dejémonos de elucubrar sobre la acumulación de fuerzas”, “Lituania, Letonia y Estonia”, “unidad, unilateralidad, confrontación”, “ahora, independencia”–, poco hay que decir. Al respecto, Agustí Colomines i Companys –uno de los cerebros del “proceso” que asesoró a Artur Mas y Carles Puigdemont y tiene en su haber la creación de una parte de la neolengua soberanista– ha escrito que el independentismo ha entrado en una “suerte de bucle melancólico, acompañado de un montón de reproches y deslealtades... independentismo sentimental... ‘junquerismo’ raído... en el octubre de 2017 el independentismo también fracasó... el independentismo es un erial intelectual y políticamente se ha de reinventar. La generación del 1-O está amortizada” (1).

La hoja de ruta del independentismo ‘moderado’
Por su parte, el proyecto “moderado” del mundo de ERC sí merece atención, porque –con toda probabilidad– se intentará ensayar en los próximos meses. Un proyecto que recuerda la guerra de posiciones de Antonio Gramsci. Esto es, la acumulación de fuerzas, la conquista de nuevos espacios, la construcción de trincheras que conduzcan –antes o después– al asalto final.

En el origen de la guerra de posiciones del independentismo catalán “moderado” se encuentra el reconocimiento del fracaso del “proceso”. En concreto, del referéndum del 1-O y la Declaración unilateral de independencia del 27-O. Un fiasco –como reconoce Jordi Muñoz, independentista de izquierdas y profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, que fue el primero en hablar abiertamente del asunto en 2018– que no solo se debe a una España que “impidió la solución política”, sino también a la existencia de una parte nada despreciable de la población catalana que mostró su acuerdo con la [que él denomina] “represión”. Pero –señala el autor–, la vía represiva no ha debilitado al independentismo y si el Estado “no articula una solución democrática, el octubre volverá”. El detalle: ante el nuevo octubre –aparece la guerra de posiciones–, el independentismo ha de aumentar sus efectivos, estar mejor preparado y olvidar las soluciones mágicas (2).

Recientemente, Jordi Muñoz ha concretado la alternativa moderada que implica la guerra de posiciones en su trabajo Principi de realitat (3). El autor aboga por “poner en el centro de su estrategia [del independentismo] la necesidad de contar con un apoyo claramente mayoritario” y “generar un espacio de acuerdo capaz de articular políticamente el 70% de la sociedad catalana que comparte la voluntad de avanzar hacia un escenario de voluntad democrática”, que debería pasar por “alguna suerte de amnistía y por un referéndum en que se pueda votar sobre la independencia”.

La propuesta de Jordi Muñoz –aplaudida por políticos e intelectuales independentistas del ámbito republicano y podemita catalán– la asume implícitamente ERC. Podríamos hablar de Joan Tardà (4), Enric Marín i Otto (5) o Eduard Voltas (6). Táctica y estrategia de la guerra de posiciones del independentismo “moderado” que resumo sin solución de continuidad: configurar una hoja de ruta de liberación nacional acumulando apoyos democráticos a la independencia a través de una acción política socialmente transformadora, más fuerza (mediática, sindical, política y empresarial), forzar un escenario de diálogo/negociación que haga realidad el ejercicio del derecho a la autodeterminación, socializar el ideal republicano, movilización popular,ocupar el máximo espacio político en Madrid, sumar complicidades, frentes amplios, buscar acuerdos alrededor del derecho a decidir, ganar la batalla del relato ante la opinión pública catalana e internacional, y si la vía fracasa el independentismo catalán habrá ganado legitimidad y credibilidad para explorar vías alternativas.

Veamos. ¿Qué vías? El conflicto estructural entre el soberanismo y los poderes del Estado seguirá, la política catalana y la española han comprado números para tener un otoño caliente si no llega la solución del ‘conflicto’, y el independentismo –cuando se sienta preparado con toda la fuerza acumulada– podría plantear un octubre insurreccional como el que estuvo a punto de ser el de 2017. Como señala uno de los autores, “hay un mientras tanto, y en el acierto en este ‘mientras tanto’ está la semilla de la victoria del mañana”.

Mientras tanto
Y el caso es que, ahora, ya estamos –por mejor decir, seguimos– en el ‘mientras tanto’ del independentismo “moderado”. Ahí está el apoyo de ERC al gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos y el visto bueno –por acción u omisión– a la prórroga del estado de alarma. Cosa que permite –la contrapartida– que ERC capitalice la gestión de los Fondos Europeos de Reconstrucción que le concede el Gobierno de Pedro Sánchez. Ítem más: el pacto que posibilita la enésima prórroga del estado de alarma es la llave que reabre la mesa de diálogo Gobierno/Generalitat para dar una solución al “conflicto catalán”. Así, de esta manera, ERC gana la partida –política, social e ideológica: “se dan cuenta como nosotros aportamos soluciones a los problemas reales de la ciudadanía”, susurran los republicanos– a un JpCat atrapado en el bucle melancólico de un Joaquim Torra que responde a ERC con un tuit que dice: “no acostumbro a ver la vida en clave española. Fácil, yo quiero la independencia. ¿Y tú?”.

Conviene recalcar que la guerra de posiciones implementada por ERC bascula –como hemos visto– entre lo político y lo social. De hecho, ERC intenta establecer una relación dialéctica entre lo uno y lo otro. Al respecto, hay que añadir que ERC da un paso más al crear un grupo de trabajo para construir la “Cataluña del bien común” (principios: “libertad republicana”, “ausencia de dominación” y “fortalecer los poderes democráticos frente a los no democráticos”) que debería llegar después de la pandemia. En este sentido, ERC recupera la teoría de la “independencia por interés” ya formulada hace unas décadas.

Lo volverán a hacer
El “proceso”, tal como lo conocemos, ha colapsado. Eppur si muove. No es una ocurrencia. Cuando puedan, esto es, cuando den por terminada la tregua que se han visto obligados a “decretar” ante la respuesta del Estado, lo volverán a intentar. Y si alguien les facilita la tarea y el camino, lo volverán a hacer antes de lo que pensamos. Forma parte –más de cien años de historia lo avalan– de su manera de ser y estar.

Quizá el nuevo intento soberanista incluirá, como afirma Joan Tardà en sus declaraciones, el “mínimo común denominador catalanista” que entiende que el “referéndum es inevitable” (8). ¿Mínimo común denominador catalanista? Reparen en el detalle: el dirigente republicano no habla del mínimo común denominador “nacionalista” ni “independentista” ni “soberanista”. En efecto, habla del mínimo común denominador “catalanista”. Cosa que permitiría sumar a los comunes –el podemismo catalán– y al PSC en el nuevo intento. A fin de cuentas, como recuerda Joan Tardà en sus entrevistas, “sería un pecado de ignorancia negar que el PSC es un partido catalanista”. Hipótesis: el apoyo de ERC a la prórroga del estado de alarma es el primer paso que podría conducir a un tripartito –ERC, PSC, comunes: “frente amplio”, lo denomina Joan Tardà– en Cataluña. Entreacto: hasta la celebración de las elecciones autonómicas en Cataluña, el PSC escenificará serias divergencias con ERC con el objetivo de captar el voto de los electores de un Ciudadanos en declive.

El anteriormente citado Agustí Colomines i Companys, que hace solo unos meses hablaba de la “deslealtad de ERC” afirmando que “los republicanos han pactado con el PSOE para poner el freno de mano al proceso independentista”; ese Agustí Colomines i Companys que ha popularizado la expresión “el síndrome ERC”, no pierde la esperanza cuando añade que “ahora solo queda que PSOE y UP devuelvan el favor al conjunto del independentismo” (7). ¿Y si eso ya está ocurriendo (o acabará pasando: cuál es el precio de ese costalero de Pedro Sánchez que es ERC) a cambio del “sí” de ERC al estado de alarma, los Presupuestos Generales del Estado y otros pactos parlamentarios que permitan que Pedro Sánchez termine la legislatura como presidente? Conceder relevancia política a ERC equivale a suministrar oxígeno al movimiento independentista. Un paso adelante en la guerra de posiciones del independentismo “moderado”.

 

 

Notas

(1) Agustí Colomines i CompanysLlepar-se les ferideshttps://www.elpuntavui.cat/opinio/article/8-articles/1796589-llepar-se-les-ferides.html

(2) Jordi MuñozLes tres hipòtesis d’octubrehttps://www.ara.cat/opinio/tres-hipotesis-octubre-article-jordi-munoz_0_2051794815.html

(3) Jordi MuñozPrincipi de realitatUna proposta per a l’endemà del Procés. L’Avenç. Barcelona. 2020.

(4) Joan TardàMás 'junquerisme' y menos 'torrisme'https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200525/articulo-joan-tarda-junqueras-torra-7974554

(5) Enric Marín i OttoGuanyar el diàleg per fer irreversible l'autodeterminació.https://www.naciodigital.cat/opinio/21550/guanyar/dialeg/fer/irreversible/autodeterminacio

(6) Eduard VoltasEl que vaig aprendrehttps://www.elmon.cat/opinio/aprendre_2124829102.html

(7) Agustí Colomines i Companys: El síndrome ERChttps://www.elnacional.cat/es/opinion/agusti-colomines-sindrome-erc_457437_102.html

(8) Entrevista a Joan Tardà de Gemma Nierga, 02/06/20. Minutos 11:37 a 14:38. https://www.rtve.es/alacarta/audios/el-mati-a-radio-4/joan-tarda-ex-diputat-per-erc-congres-torra-convocara-eleccions-quan-consideri-desgastat-prou-erc/5587131/

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