ANÁLISIS FAESLos aspirantes al Elíseo se revuelven en arenas movedizas

31/10/2016

"Francia tiene ante sí un gran reto para decidir quién será el próximo presidente de la República el próximo mes de mayo, pero a pocos meses de las elecciones todo está demasiado abierto para hablar de favoritos. Las primarias del principal partido de la derecha francesa, Les Republicains (LR), están dando mucho de lo que hablar pero poco que debatir a nivel ideológico. Por primera vez en su historia, el partido ha decidido elegir a su candidato en unas primarias abiertas a militantes y simpatizantes, con el requisito de firmar un manifiesto de adhesión a unos principios conservadores generales y el pago de un euro. Las primarias se celebrarán en primera vuelta el 20 de noviembre y los dos candidatos más votados se volverían a enfrentar en segunda vuelta el 27 de noviembre. Este procedimiento ha cambiado las estructuras de poder internas, y los antiguos jerarcas del partido parece que ya lo están lamentando.

Alain Juppé, 71 años, ex primer ministro y actual alcalde de Burdeos, es el favorito según las encuestas. A pesar de su escaso éxito en su gestión en el palacio de Matignon en los años 90 y una condena judicial por malversación de fondos públicos, se ha sabido reinventar a sí mismo como alcalde de éxito y líder regional de la derecha republicana, presentándose ahora como un guardián de las esencias de un partido de sólidos valores de la derecha tradicional, pero capaz de pactar con los centristas y seducir a algunos sectores de votantes socialistas totalmente desencantados con las políticas del presidente François Hollande y de la inactividad del primer mnistro Manuel Valls.

Su máximo rival es el expresidente Nicolas Sarkozy, que vuelve a presentar su candidatura en medio de la polémica, ya que la magistratura de París ha ordenado la apertura de causa contra él por violar las leyes de financiación de la campaña electoral de 2012, juicio que podría celebrarse a finales de 2017 si no obtiene la inmunidad de la primera magistratura de la nación. Si esto no fuera poco, desde el verano Sarkozy ha venido presentando los argumentos principales de su programa político, que ha escorado claramente hacia la derecha para quitar espacio político y votantes al Front National de Marine Le Pen. Esto le ha convertido en un candidato que consigue titulares y portadas de periódicos, pero que le aleja paulatinamente del centro y de los votantes burgueses de París, Lyon y otras grandes ciudades, por lo que su diferencia en las encuestas con Juppé no deja de crecer en favor del veterano alcalde. En respuesta, Sarkozy ha venido insistiendo en la integración de los inmigrantes y en una política dura contra la islamización del espacio público en Francia, lo que de nuevo le acerca peligrosamente a los postulados de la extrema derecha y, sin embargo, le convierte en un candidato que puede ganar a Le Pen en la segunda vuelta de las Presidenciales, algo que solo Juppé también consigue según los trabajos demoscópicos de mayor envergadura.

Por el contrario, los otros candidatos presentes en las primarias de LR parecen descartados a priori por todas las encuestas. Ni el ex primer ministro François Fillon, ni el ex secretario general del partido, Jean François Coppé, ni el exministro Bruno Le Maire, como tampoco la exministra Nathalie Kosciusco-Morizet, ni Jean Frederick Poisson, líder del Parti ChrétienDémocrat, un pequeño partido ultracatólico, parecen ser rivales para la pareja Juppé-Sarkozy. Le Maire y Kosciusko-Morizet parecen demasiado enfrentados políticamente con Sarkozy como para apoyarle en la segunda vuelta de las primarias. Y Coppé y Fillon todavía no han dejado ver sus preferencias, pero es cierto que las relaciones personales de Sarkozy con ambos son demasiado malas como para que se resuelvan para el 21 de noviembre. De ahí que parece que aunque Nicolas Sarkozy consiguiera remontar en los sondeos y ganar la primera vuelta, no aparecen los votos centristas para que pueda superar el 50% de los votos.

Es cierto que Alain Juppé tiene imagen de estar alejado de las preocupaciones del francés medio, ya que lleva más de treinta años en diferentes cargos públicos y nunca ha destacado por su cercanía con las bases conservadoras. Su discurso es el típico de un tecnócrata que ahora intenta ser sensible a las necesidades de la sociedad francesa, pero sin la pasión de otros candidatos y siempre marcando las distancias con los discursos de los ultras del FN. Eso le convierte en el último candidato de la política republicana anterior a la crisis económica o al auge de Marine Le Pen como figura de la política nacional. Juppé no concede espacio a los postulados que defiende Le Pen, a diferencia de Sarkozy, lo que le concede el beneplácito de la izquierda moderada y de los medios de comunicación y le muestra como el único capaz de serenar la política actual en Francia, alejándola de extremos y de ideas que dañen su reputación en Europa y el mundo. Y eso es lo que le convierte en el candidato de la mayoría, frente a un Sarkozy que aparece como el candidato del resentimiento, que no ha superado su derrota en las presidenciales de 2012 y que busca un nuevo mandato para reivindicarse de nuevo como un gestor eficaz, pero enfrentado a la izquierda de forma radical y asumiendo muchos postulados políticos de la extrema derecha en Seguridad, Inmigración e Identidad Nacional.

Veremos qué nos ofrecen este mes que queda por delante, pero ya sabemos que quien ha perdido es el debate político sobre las grandes reformas que necesita Francia para el periodo 2017-22, que nadie quiere poner por escrito en LR. Tampoco en la izquierda. Para ese debate habrá que esperar a primavera y a que tercie Marine Le Pen, gran favorita a la victoria en primera vuelta de las Presidenciales. Francia marca sus tiempos porque necesita serenidad para acometer las reformas de calado que mejoren su economía y convivencia social, pero sus políticos aparecen atrapados en arenas movedizas, ya que el que se mueve dialécticamente se hunde más. Son los votantes quienes deben empezar ya a tomar decisiones, esperemos que con más sagacidad que sus vecinos británicos y su “Brexit”.


Eduardo Inclán es Maître en Histoire por la Universidad de Toulouse II-Le Mirail