Análisis de las elecciones presidenciales en Rumanía Corinne Deloy, Fundación Robert Schuman

01/12/2014

Para sorpresa de todos y en contra de los pronósticos, Klaus Iohannis (Partido Nacional Liberal, PNL), alcalde de Sibiu y miembro del Foro Democrático de Alemanes en Rumanía (FDGR), ha ganado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 16 de noviembre en Rumanía. El candidato opositor de la derecha obtuvo el 54% de los votos, frente al 46% de Victor Ponta, primer ministro saliente y presidente del Partido Socialdemócrata (PSD). La diferencia de votos entre los dos candidatos (8 puntos porcentuales) es poco usual en Rumanía ya que las elecciones presidenciales normalmente arrojan resultados muy ajustados. Victor Ponta salió vencedor en la primera vuelta, que tuvo lugar el 2 de noviembre, con un 40,44% de los votos frente al 30,37% de Klaus Iohannis. La victoria de Klaus Iohannis en la segunda vuelta supone un verdadero cambio para Rumanía, gobernada por la nomenclatura postcomunista desde la caída de Nicolás Ceaucescu en diciembre de 1989.

La participación fue alta, con un 61,5% de asistencia, es decir, 3,48 puntos más que en la segunda vuelta de las anteriores elecciones presidenciales del 22 de noviembre de 2009, y 8,33 puntos más que la primera vuelta.

Muchos de los rumanos que viven en el extranjero no pudieron votar el 2 de noviembre en la primera vuelta. De estos, solo 160.056 personas acudieron a las urnas, ya que el número de colegios electorales abiertos fue insuficiente (294 en total y tan sólo se imprimieron alrededor de 160.000 papeletas para unos 4 millones de votantes), sobre todo en Francia, el Reino Unido, Alemania y Bélgica.

Entre ambas vueltas se organizaron protestas en Bucarest y en ciudades como Cluj, Timisoara, Sibiu, Brasov, Oradea y Constanza, en solidaridad con los rumanos expatriados que no habían podido cumplir con su deber cívico. El 10 de noviembre, el ministro de Exteriores Titus Corlatean (PSD), que estaba a cargo de la organización del proceso de voto de los rumanos en el extranjero, tuvo que dimitir, aunque rechazó las acusaciones vertidas contra él y explicó que la legislación prohibía al ministerio abrir más colegios electorales, algo que fue negado por la Junta Electoral Central. Pero el ministro sí garantizó que se tomarían las medidas necesarias para asegurar que en la segunda vuelta la jornada electoral transcurriese sin problemas en las embajadas: aumento del número de cabinas para las votaciones, posibilidad de descargar formularios antifraude desde internet que, por lo tanto, estaban disponibles antes de ir al colegio electoral (cada votante debía declarar que no había votado en otro lugar). Titus Corlatean fue reemplazado por Teodor Melescanu, antiguo jefe de la diplomacia (1992-1996) y también candidato presidencial (0,56% de los votos en primera vuelta).

De acuerdo con las urnas, el 2 de noviembre el 46% de los rumanos residentes en el extranjero votaron a Klaus Iohannis y el 15,8% a Victor Ponta. “Es triste observar que un candidato pueda utilizar su cargo público para evitar que los ciudadanos ejerciten su derecho constitucional. Victor Ponta es una amenaza para la democracia”, declaró Klaus Iohannis tras la primera vuelta. Sergiu Miscoiu, analista del Centro de Estudios Políticos e Investigación Internacional (CESPRI) en Cluj, sostuvo que Victor Ponta había cometido “un grave error” al excluir a los expatriados. En efecto, esta decisión solo fortaleció la solidaridad entre los rumanos.

“Queridos rumanos, sois héroes. 25 años después de la revolución los ciudadanos se han visto obligados a salir a la calle para defender su derecho al voto. Quiero agradecer a la diáspora rumana que hizo colas durante horas para poder votar”, declaró Klaus Iohannis tras la segunda vuelta. El 16 de noviembre votaron 379.000 rumanos residentes en el extranjero, es decir, el doble de los que votaron en la primera vuelta.

Klaus Iohannis, de 56 años, procede originalmente de Sibiu (en alemán Hermannstadt), una ciudad de la que fue alcalde en 2000, siendo el primero de origen alemán en una ciudad rumana desde Alfred Dörr, alcalde de Sibiu entre 1940 y 1945. Reelegido regularmente para este cargo (ganó un cuarto mandato con el 78,4% de los votos en las elecciones locales del 10 y 24 de junio de 2012), Iohannis, miembro de la minoría alemana de Rumanía, es un símbolo de éxito: en efecto, ha trasformado completamente la ciudad, renovado las infraestructuras y restaurado el centro histórico. Desde que ocupa el cargo, la ciudad de Sibiu ha experimentado un verdadero crecimiento económico y se ha convertido en un destino turístico privilegiado, siendo elegida capital cultural de Europa en 2007, cuando Rumanía entró en la Unión Europea.

Licenciado en Física por la Universidad de Babes-Bolyai en Cluj, Klaus Iohannis fue profesor de Física antes de convertirse en inspector de Enseñanza Primaria. En 1990 se unió al Foro Democrático de Alemanes en Rumanía (FGDR). En 2009 su nombre salió a relucir por primera vez como reemplazo de Emil Boc (Partido Demócrata Liberal, PDL) como primer ministro, pero el presidente de la República, Traian Basescu, se opuso. En 2013 Klaus Iohannis se unió al Partido Nacional Liberal. El 24 de junio de 2014 sucedió a Crin Antonescu como líder del partido, que había dimitido de su cargo tras los resultados del partido en las elecciones europeas del 25 de mayo.

Tras la fusión con el Partido Demócrata Liberal, Klaus Iohannis decidió representar ambos movimientos bajo el nombre de “Alianza Liberal Cristiana” (Alianta Crestin Liberal, ACL) en las elecciones presidenciales del 2 y 16 de noviembre. El partido, que probablemente se creará a finales de este año sobre la base de dos movimientos de derechas, conservará el nombre de “Partido Nacional Liberal”.

Klaus Iohannis sucederá a Traian Basescu el 22 de diciembre, es decir, 25 años y un día después de que el Palacio Cotroceni, residencia del Presidente de la República en Bucarest, fuese tomado en la revolución Rumana de 1989.

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