Rusia aspira a dividir y debilitar a Europa y su vínculo con los EE.UU. Europa vista desde Rusia: una perspectiva histórica

Mira Milosevich es autora de Breve Historia de la Revolución Rusa


Los rusos admiran, envidian, imitan y odian a Europa a partes iguales. Dos hechos históricos marcaron el origen moderno de su visión de Europa: 1) la derrota que en 1700 infligieron las tropas de Gustavo XII de Suecia al zar Pedro el Grande (1689-1725), acontecimiento que puso de manifiesto el atraso político, económico y militar de Rusia; y 2) la decisión tomada en 1703 por el mismo zar de fundar la ciudad de San Petersburgo con el objetivo de “acercar Rusia a Europa”. El traslado de la capital desde Moscú a San Petersburgo en 1713 se completó con el decreto que obligaba a sus habitantes a vestir indumentaria europea y a hablar en francés. Desde entonces, la cuestión de cuál debería ser el lugar de Rusia en Europa y cómo podría modernizarse y recuperarse de su retraso no ha cesado de atormentar a sus políticos e intelectuales. Para Rusia, Europa siempre ha sido el 'otro' más significativo, el espejo de su propia identidad nunca del todo definida a causa de su ubicación geográfica entre Asia y Europa y de la diversidad étnica de su población. 

Los vínculos culturales entre Rusia y Europa son innegables, pero aún mucho más sus controversias militares. Ningún país ha provocado tantas guerras como Rusia, debido a que, desde el siglo XIV, el principal instrumento para garantizar su seguridad y defensa ha sido el expansionismo, cuya necesidad resumió la zarina Catalina la Grande (1729-1796) en una frase: “La única manera de defender mis fronteras es expandiéndolas”. Por otra parte, ningún otro país ha sido tan decisivo en la defensa de Europa como lo ha sido Rusia en las Guerras Napoleónicas y en la Segunda Guerra Mundial. Rusia contribuyó a la derrota de la Alemania nazi, pero el precio de su 'ayuda' lo pagaron los países de la Europa Central y del Este durante la Guerra Fría.

Actualmente, Europa ya no es para Rusia el único proveedor de modernización que dota de recursos para recuperarse de su atraso: Israel, China y la India también lo hacen. Hoy, Europa es la Unión Europea, parte de Occidente y un cliente valioso para la exportación de sus hidrocarburos. Esta doble visión es la causa de que las relaciones actuales entre Rusia y la UE sean a la vez de conflicto e interdependencia.

La UE, junto con los Estados Unidos y la Alianza Atlántica, representa a Occidente. En este sentido, Rusia la percibe como el caballo de Troya de los norteamericanos. La UE, a juicio de los rusos, no es un actor estratégico independiente, sino un instrumento de la política exterior estadounidense que apoya y acepta el liderazgo y la hegemonía de la superpotencia americana a cambio de la seguridad que le ofrece la OTAN. La gran mayoría de los países de la UE son miembros de la OTAN, y la Alianza Atlántica es definida, en todos los documentos oficiales rusos de política exterior y de seguridad y defensa, como la principal amenaza para la seguridad nacional de Rusia. La ampliación de la UE conlleva la ampliación de la OTAN y ambas suponen sendas amenazas para las zonas de influencia rusas (es decir, los territorios del espacio postsoviético, Europa del Este, los Balcanes). Sin embargo, desde el punto de vista ruso, la UE es políticamente tan débil como lo es Rusia en su economía. Por sí sola no representa una amenaza para el Kremlin. Moscú siempre ha insistido en sostener relaciones bilaterales con cada uno de los países miembros de la UE, sobre todo con Alemania y Francia, para socavar la cohesión interna de la Unión. Rusia ya no quiere imitar a Europa. Aspira a dividirla y debilitarla, y, a la vez y sobre todo, a debilitar su vínculo con los EE.UU. 

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