Análisis FAES El cambio en Andalucía

Andalucía es la única comunidad autónoma en la que nunca ha habido un cambio de gobierno. Se comprende que, hasta el pasado domingo, “Andalucía” y “cambio” fueran dos términos que parecían imposibles de maridar. Lo cierto es que, frente al triunfalismo y la arrogancia de la izquierda, en Sevilla y en Madrid, las elecciones del domingo han actuado como un plebiscito inesperado y silencioso en favor de la alternanciay el cambio; un cambio que lo será tanto de gobierno como de régimenporque después de más de 36 años en el poder los socialistas han construido sin ningún miramiento un verdadero régimen con pretensiones de hegemonía y perpetuación.

El cambio y no otra cosa es la cuestión que ahora se dilucida, a partir de la expresión de la voluntad popular que abre puertas y ventanas en la Junta para airear un ambiente viciado y poner fin al proyecto político que hace mucho tiempo se agotó en Andalucía.

El Partido Socialista y Adelante Andalucía suman 50 escaños, 5 menos de la mayoría absoluta, frente a los 59 que acumulan Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Es evidente que todos y cada uno de estos partidos pueden esgrimir sus diferencias y las dificultades de alcanzar los pactos necesarios. Pero desde que la fragmentación de los espacios políticos se ha impuesto en la política española sustituyendo al modelo del bipartidismo imperfecto, las mayorías de gobierno se tienen que articular mediante pactos que siempre serán difíciles. Lo que no es coherente es felicitarse por la desaparición del bipartidismo y, al mismo tiempo, rechazar su principal consecuencia política, que es aceptar la necesidad de esos acuerdos

Quienes están llamados a protagonizar el cambio en Andalucía pueden tener la seguridad de que cualquier pacto al que lleguen, dentro del respeto estricto a la Constitución, podrá compararse con amplísima ventaja con los pactos que han llevado al Partido Socialista al Gobiernoy le permiten mantenerse en él. El pacto con el extremismo izquierdista y agresivamente anticonstitucional de un Podemos en implosión, con el supremacismo racista de un PDCat en el que un tipo como Torra pone por escrito sus pulsiones xenófobas, con el separatismo golpista que este último comparte con ERC o con el consorcio PNV-EH Bildu que acaba de promover una declaración en el Parlamento Vasco en la que se dice que la Constitución “impone” la unidad de España y obliga a construir el Estado “desde una base antidemocrática e históricamente falsa”. 

Este es el alineamiento que hace posible permanecer en el poder a un Partido Socialista que con su pretensión desesperada y estéril de agotar la legislatura queda aún más rehén de lo más marginal y deletéreo de la política española. En estas circunstancias, que desde sus pactos patológicos los socialistas apelen a nuevos cordones sanitarios -no digamos nada de los llamamientos de Podemos a combatir las urnas en las calles- es una pura impostación y un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Sería mucho más ventajoso para su futuro que el PSOE analizara cuántos de sus antiguos votantes han decidido no apoyar con su voto el disparatado andamiaje que Sánchez ha levantado para mantenerse en el poder; una pregunta que, seguramente, se estará haciendo con alguna inquietud más de un presidente autonómico y más de un alcalde socialista.

El cambio es el triunfador de las eleccionesUn cambio tranquilo, sustanciado en el terreno de juego de la Constitución, con una propuesta modernizadora para Andalucía. Es preciso interpretar con acierto y lealtad hacia los votantes aquello que estos han querido expresar. Y ese mensaje es el cambio como denominador común suficiente para un acuerdo necesario.

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