I Congreso Nacional de la Sociedad Civil "Uno de los pactos más importantes de la Transición fue el de la pluralidad por la lealtad; caer en el terreno de la deslealtad no puede ser gratis"

27/02/2020

El expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar, ha inaugurado el I Congreso Nacional de la Sociedad Civil 'Repensar España' junto al también expresidente del Gobierno Felipe González, una conversación que ha moderado el presidente del Real Instituto Elcano, Emilio Lamo de Espinosa.

La idea de repensar España

Hoy nuestras democracias viven grandes riesgos. Hay una amenaza real. Las sociedades libres tienen enemigos que ejercen una fuerte atracción sobre grandes capas sociales en países distintos. Esto afecta también a España.

La gente pierde la fe en las instituciones cuando aquellos que las representan dejan de creer en ellas, no las respetan.

Hasta 2004 España funciona en un orden normal.

El pacto del 78 no se ha roto solo, lo han roto, y eso tiene sus responsables. Los elementos  básicos que han guiado la vida española desde el año 1978 han quedado quebrados. Ese es el factor esencial que es necesario repensar: reconstruir la sociedad española. Obviamente se debe hacer. La cuestión es: ¿Se puede? ¿Es posible hacerlo ahora? ¿Cómo? ¿Para qué?

Clase política. Sociedad civil.

Todo lo que sea participación de sociedad civil como impulso para que España vuelva a tener un horizonte previsible, a compartir proyectos que le garanticen un futuro estable para los próximos años, es tremendamente deseable. Que hemos dado pasos en ese sentido me parece evidente. Que sean suficientes me parece discutible.

España tenía que tener muchas más instituciones de la sociedad civil, muchos más think tanks, muchas más fundaciones, mucha más gente dedicada al pensamiento y la reflexión porque eso hace sociedad, hace país, hace replantear las cosas con unos elemento positivos de los cuales en este momento se carece.

Uno de los elementos fundamentales que perdimos hace tiempo es una formula liberal.

Yo dejé el país mejor de lo que encontré. Llegué para mejorar las cosas que encontré, no para reinventar el mundo. Ni los partidos ni las iglesias ni los medios de comunicación ni los sindicatos van a ser lo que eran antes.

Es tiempo para construir y tenemos que construir. No hay que volver atrás si no mirar hacia delante. Ahí la sociedad civil tiene un papel importante.

A los dirigentes políticos hoy no se les pide ideas, se les pide que les prestemos algo de atención. Alguien tendrá que poner las ideas encima de la mesa. Alguien tendrá que decidir sobre las cosas.

Me preocupa que nos cansemos de ser normales. Que os cansemos de este periodo, de lo que estamos haciendo. No se pueden tirar los dados al aire porque pueden no caer bien. No se construyen las cosas serias tirando los dados al aire.

Yo me siento ciertamente angustiado como ciudadano español. No me gusta nada lo que estoy viendo. Y tenemos que ser conscientes de que es muy difícil forjar objetivos y consensos comunes. Pero los que tenemos alguna responsabilidad tenemos que intentarlo.

Negociación con el independentismo

España no es un país históricamente diferente. Cada sociedad tiene su problema doméstico y nosotros tenemos el nuestro.

Lo que pasó ayer tiene muy graves consecuencias. El solo hecho de la reunión es devastador para el sistema español. Que se acepte como normal que el gobierno central tenga una relación bilateral con el de una Comunidad Autónoma choca con la idea de los constituyentes, de la Transición.

En democracia las formas son esenciales porque afectan a la esencia del sistema constitucional.

Dentro del proceso de desintegración del Estado que estamos viviendo, España es un país resiliente.

Es difícil encontrar un país que le da la llave de su gobernabilidad a alguien que está en la cárcel condenado por sedición.

Hasta 2004, las grandes cuestiones electorales en España se jugaban en el centro. Hoy, se dan en los extremos.

Yo creo que la Historia siempre vuelve. Y esto recuerda al derrumbamiento de los partidos centrales en los años 30 y sus crisis. Y cuándo los partidos centrales se radicalizan es muy peligroso.

Nosotros tenemos nuestro problema doméstico. El problema doméstico es algo que afecta a la estabilidad en términos de cohesión del Estado y de existencia o de subsistencia, de resistencia de la nación española. Eso lo tenemos que afrontar.

¿Se dan hoy los mimbres para afrontarlo? ¿Cómo vamos a dedicar tiempo a ver como mejoramos la educación, las pensiones, el sistema sanitario, cómo nos incorporamos a la revolución tecnológica, si no sabemos efectivamente si esto va a resistir o no va a resistir?

Que nadie piense que esto no va a ser duradero, porque va a serlo. Y restablecer consensos básicos, objetivos compartidos y comunes nos va a costar trabajo. Si hay voluntarios para hacer el esfuerzo, yo desde luego me apunto a ello. Lo que podamos hacer, hagámoslo.

Reforma constitucional

La cuestión es que para qué se quiere hacer una reforma de la Constitución y si se dan las condiciones para hacerla.

Si se quiere hacer una reforma constitucional para hacer lo que se ha dicho, es decir, que para que lo desleales paguen el precio, yo estoy totalmente de acuerdo.

Creo que una de las cuestiones claves en este momento es que la parte leal, central de la sociedad española, es la que está pagando de manera lamentable el precio de lo que está ocurriendo, el precio del extremismo y la radicalidad. Y es de ahí de donde hay que salir. Si de eso no se sale, plantearse una reforma constitucional en otro sentido es absolutamente imposible.

Uno de los pactos más importantes de la Transición fue el pacto de la diversidad, de la pluralidad por la lealtad. Si se cae en el terreno de la deslealtad eso no puede ser gratis. Se  tiene que pagar un precio y el precio no puede ser decir ‘la ley no es suficiente’. No, la ley también es suficiente, pero políticamente eso significa pagar un precio, porque las reglas del juego cambian y no se puede pretender romper la mesa y que los demás sean los que paguen las consecuencias.

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