Homenaje a la figura de Gabriel Cisneros en el Congreso de los Diputados

05/11/2009

Homenaje a la figura de Gabriel Cisneros en el Congreso de los Diputados




Representa un gran honor para mí participar en este emotivo homenaje a nuestro buen amigo Gabriel Cisneros, a quien Dios acoja en su seno.




Lo primero que quiero hacer es felicitar al Grupo Parlamentario Popular y al Presidente del Partido Popular por esta iniciativa.



También deseo hacer pública mi felicitación al Presidente del Congreso de los Diputados por su respaldo a este homenaje a quien dedicó una gran parte de su vida a trabajar por y para la Nación española en la sede su soberanía.



Gabriel Cisneros fue, ante todo, un gran patriota. Creo que es una de las cosas más bonitas que se pueden decir de una persona. Y es justo reconocérselo a Gabriel Cisneros mediante esta jornada de homenaje.



El Congreso de los Diputados fue, en efecto, la verdadera casa de Gabriel Cisneros. Al Parlamento de la Nación española dedicó lo mejor de su vida. Y lo mejor que ha hecho este Parlamento en nuestra historia reciente, la Constitución de 1978, la Constitución de todos, le debe mucho a Gabriel Cisneros.



Él fue, en efecto, uno de los padres de nuestra Constitución y uno de los muñidores del espíritu con el que ésta se fraguó: el espíritu de concordia, de reconciliación, de construir entre todos un mejor futuro, de mirar hacia delante, de no reabrir heridas del pasado, de grandeza y generosidad.



Gabriel Cisneros, lo sabemos todos los que le conocimos y apreciamos, fue un padre de la Patria, pero también un político honrado, cabal, comprometido y consecuente. Vivió la política con pasión. Fue un convencido de algo que comparto profundamente: que la política sólo tiene sentido  cuando se fundamenta en principios y en valores.



Gabriel Cisneros fue también un maestro en el arte de los acuerdos políticos. Su capacidad y habilidad fueron esenciales en la redacción de la Constitución.



Fue asimismo, y esto es menos conocido, un brillante y anónimo escritor. Su mano estuvo presente en textos legales, discursos, intervenciones parlamentarias y propuestas y programas electorales.



Yo siempre quise tenerlo cerca: por la brillantez de sus consejos; por su calidad humana; por su bonhomía; por esa combinación tan difícil de encontrar de inteligencia, sabiduría y humildad; por su patriotismo, por su lealtad a la Nación española y por su apasionada defensa de las ideas que compartimos.



Estoy profundamente orgulloso de haber podido contar siempre con la colaboración entregada y leal de un hombre de la talla moral y política de Gabriel Cisneros. Y también profundamente agradecido por haber tenido el privilegio de contar con su ayuda.



Gabriel Cisneros fue, sin duda alguna, un político extraordinario.



Hace pocas semanas organizamos en la Fundación FAES una primera jornada de homenaje a Gabriel Cisneros. Fue un acto modesto. Una pequeña reunión de viejos amigos y admiradores de Gabi. Aunque publicaremos en un libro de la Fundación las reflexiones que allí se vertieron, me gustaría trasladarles, de forma muy breve, algunos de los comentarios con los que entonces recordamos, con mucha emoción, a nuestro querido y común amigo.



Recordamos que Gabriel Cisneros fue víctima de un atentado terrorista. Fue víctima de la barbarie de ese  terror que nos amenaza desde hace tantos años. Y no lo fue por azar, sino por su firme defensa de la Nación española y por su inquebrantable lealtad a los valores de la Constitución y de la Transición.



Porque, en efecto, además de padre de la Constitución, Gabriel reunía las condiciones requeridas para estar en el punto de mira de los que pretendían y siguen pretendiendo acabar con la España constitucional.



Recordamos también que Gabriel no se rindió jamás. Se mantuvo siempre fiel a aquello en lo que creía. Mantuvo siempre la cabeza alta. Jamás cedió a la tentación de ceder ante los enemigos de la Nación española.



Tuvimos asimismo la oportunidad de traer a nuestra memoria que Gabriel nos enseñó que la Nación española y la libertad son dos grandes cosas por las que merece la pena luchar toda una vida, incluso poniendo ésta en riesgo. 

En ese humilde encuentro en recuerdo de Gabriel recordamos, cómo no, que se hizo monárquico. Se convirtió en un monárquico muy activo cuando comprendió que la Monarquía constitucional es la mejor garantía de convivencia en libertad para España. Fue monárquico por patriotismo, por lealtad a España, y también, todo hay que decirlo, por el afecto personal que trabó con su Majestad el Rey cuando Don Juan Carlos era tan sólo el Príncipe.



Recordamos también que Gabriel, ya en su etapa de enfermedad, estaba muy preocupado por las heridas infligidas a la Constitución. Gabriel dedicó, como en aquella reunión se subrayó, sus últimos meses de vida a defender una reforma del texto constitucional que permitiera reparar esas heridas. 

Aquel encuentro de amigos tiene hoy continuidad en este emocionante acto de homenaje a Gabriel Cisneros. 

Gabi se lo merecía.



Su figura como político de bien, como hombre de concordia, conciliación y amor a la Nación española merecía este homenaje.



Que su recuerdo sirva para reforzar lo que nos une a todos los españoles, que es mucho más de lo que nos separa. Nos une el deseo de vivir en libertad en la Nación española. Y estoy seguro de que lo que Gabriel Cisneros espera de todos nosotros es que trabajemos con la fortaleza con la que él lo hizo por seguir haciendo posible este deseo.