<i>Planeta azul (no verde)</i>, último libro de Gota a Gota

Planeta azul (no verde), último libro de Gota a Gota





/22.10.2008/
El presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), José María Aznar, ha presentado el libro Planeta Azul (No verde), del presidente de la República Checa, Václav Klaus, que también ha participado en el acto de presentación de su obra en España. La última publicación de la editorial FAES analiza la teoría del calentamiento global y la hipótesis sobre sus causas, masivamente difundida hoy en día. A juicio del autor, "el calentamiento global puede que sea una teoría mala, puede también que sea una teoría sin valor, pero, en todo caso, es una teoría muy peligrosa".

Intervención de José María Aznar:





Tuve la suerte de conocer al Presidente Klaus a principios de los 90. Él era entonces ministro de Finanzas checo y yo un joven político que trabajaba para ganar las elecciones en España. Recuerdo muy bien aquella primera  entrevista que mantuvimos en su despacho y cómo me entusiasmaron sus profundas convicciones liberales, tanto en la economía como en su visión del mundo.


Desde entonces hasta ahora, siendo él primer ministro y luego Presidente, yo en el Gobierno y luego en la oposición, cada uno donde nos ha ido tocando, hemos mantenido una excelente relación.


Coincidimos en muchas cosas y en otras no. Pero, sobre todo, compartimos la determinación de defender en libertad  nuestros puntos de vista por mucho que molesten a los guardianes de lo políticamente correcto.


Después de tanto tiempo, Vaclav, la vida me ha llevado a convertirme en tu editor. Aunque soy sólo eso, un modesto editor, hay quien me atribuye la paternidad de tus ideas. Estarás de acuerdo conmigo en que cualquier editor estaría a favor de ese desdoblamiento de personalidad si, de paso, autores de éxito como tú le cedieran los derechos de su libro.


Estoy muy contento de que la editorial de la Fundación FAES acerque al público español PLANETA AZUL (NO VERDE). Lo estoy porque es un libro que nos invita a pensar.


El Presidente Klaus nos invita en este libro a algo tan apasionante como pensar, como defender al ser humano y a su libertad. Nos invita a situar la duda razonable por delante de lo políticamente correcto. Y lo hace bajo la bandera de la libertad. Sólo eso convierte en un gran honor publicar este libro, que, además, está siendo un éxito de ventas del que estoy especialmente satisfecho. 

 

Admiro al presidente Vaclav Klaus porque es un incansable defensor de la libertad. Vivió bajo la mayor dictadura megalómana que ha conocido y sufrido la humanidad: el comunismo. Un sistema totalitario que, so pretexto de alcanzar el paraíso en la Tierra, aniquiló la libertad ?"cuando no la vida- de millones de personas durante décadas.


 Precisamente por haber sufrido en carne propia las consecuencias del socialismo real, Vaclav Klaus tiene una especial sensibilidad para detectar aquellas utopías que, bajo la más bondadosa de las apariencias, lo que realmente pretenden es acabar con nuestra libertad. Y también para detectar la arrogancia de todos los ingenieros sociales que no respetan a la persona y, por eso, ven cualquier discrepancia de su doctrina como un delito que debe ser perseguido, acorralado y castigado.


El Presidente Klaus tiene, además, el valor suficiente para desenmascarar y denunciar públicamente y sin tapujos esas ideologías que aspiran a acabar con nuestra libertad. Cuenta, además, con la capacidad didáctica de exponer -de manera amena y accesible para todo el que no quiera vivir con los ojos y con los oídos tapados- lo que está en juego.


Como quiero que compren el libro, les leeré algunos de sus párrafos. En la página 20, el Presidente Klaus escribe lo siguiente: "En los últimos 150 años, como mínimo desde Marx, los socialistas han ido destruyendo la libertad humana con eficacia, con lemas de aparente interés humano y humanístico: por el ser humano, por su igualdad social con los demás, por su bien. Los ecologistas lo hacen mediante lemas de un interés no menos noble: por la naturaleza y por una especie de bien sobrehumano. Recordemos su lema radical: `Earth First´. En ambos casos, las consignas eran (y son) una simple tapadera. En realidad se trataba (y se trata) del poder, de la supremacía de los `elegidos´ (como ellos se consideran), sobre el resto de nosotros, de la implantación de una única ideología correcta (la suya propia)".


Klaus disecciona esta estrategia con las armas del científico que sabe que, en lo tocante a la ciencia, la opinión de un millar no es superior a la razón fundada, aunque ésta la defienda un solo hombre. Esta enseñanza de Galileo, otra víctima de la intolerancia, se olvida con facilidad.


Nuestro autor, que es un buen liberal, sigue la máxima popperiana de someter las teorías a prueba, de contrastarlas sin descanso, de buscar la verdad, de entender que el método científico consiste en la búsqueda consciente de errores, y en la corrección de los mismos por medio de la refutación.


No por casualidad, el progreso científico ?"que es uno de los pilares del avance de la Humanidad- se da en las sociedades abiertas y en los momentos de la Historia en los que florece la apertura y se acepta con naturalidad la crítica a las teorías establecidas. Así pueden abrirse paso nuevas teorías y es posible el avance del conocimiento.


A cambio, los guardianes de las verdades oficiales, los defensores del pensamiento único, los entusiastas de los consensos científicos y los inquisidores que les protegen rechazan cualquier discrepancia, sin las que, por definición, resulta imposible el progreso científico propulsado por el debate en libertad.


El problema aquí, como muy bien muestra el presidente Klaus en este libro, es que poco o nada tienen que ver con la ciencia buena parte de los abanderados del apocalipsis climático.


Lo suyo es otra cosa. Se parece más bien a una nueva religión que condena a la hoguera en la plaza pública a aquellos que osen poner en duda sus tesis, sus pronósticos o sus admoniciones. Sus fieles devotos quieren ver en la hoguera a todo aquel que, como Vaclav Klaus, discrepa de la nueva religión.


En estos días en los que científicos de prestigio mundial han certificado que hace quince mil años dos grandes ríos tan caudalosos como el Nilo cruzaban el Sahara y desembocaban en el Mediterráneo, y que desaparecieron unos cuantos siglos antes de Cristo, es decir, un poco antes de que la actividad industrial humana comenzara a emitir CO2 en el planeta, la mera duda sobre el origen antropológico del cambio climático es causa automática de eco-excomunión.  


Ahora que estamos sumidos en una crisis económica que es especialmente grave en España, porque aquí se está destruyendo mucho más empleo que en ningún otro país de nuestro entorno, cobra actualidad una de las previsiones que el presidente Klaus hace en las primeras páginas del libro.


Afirma el Presidente Klaus: "A las generaciones venideras quizá les parezca divertido, y hasta sorprendente, el hecho de que, a principios del siglo XXI, el mundo desarrollado haya sucumbido al pánico a causa de un aumento global de la temperatura media en unas décimas, y que la Humanidad, basándose en una monumental exageración de inciertas previsiones virtuales, haya llegado a plantearse la vuelta al punto anterior a la era de la industrialización".


En estos tiempos de enfriamiento global de la economía internacional y de amenaza de una nueva glaciación en la economía nacional, en uno de esos ciclos econo-climáticos que se suceden cada vez que un gobierno socialista llega al poder en España, los abanderados del apocalipsis climático exigen dedicar cientos de miles de millones de euros? pero no a paliar el hambre o la pobreza; no a vacunar a la población del tercer mundo de enfermedades que allí resultan mortales; no a garantizar el acceso al agua potable o al alcantarillado en buena parte del mundo subdesarrollado. No.


Exigen que esos recursos se destinen a causas tan científicamente cuestionables en su viabilidad como ser capaces de mantener la temperatura del Planeta Tierra dentro de un centenar de años y resolver un problema que quizá, o quizá no, tengan nuestros tataranietos.


Me gustaría que, por una vez, se me entendiera bien. No soy lo que algunos llaman un negacionista del cambio climático. No sé si hay un cambio climático en el que es -o no- determinante la acción del hombre. No lo sé porque no soy un científico experto en estos temas. Lo que sí soy es un ciudadano que hoy digo alto y claro que tengo, como cualquier otro ciudadano, el derecho a opinar que debe existir libertad para debatir sobre asuntos como éste.


Al mismo tiempo, yo me considero ecologista si el ecologismo significa conservar el medio ambiente, preservar nuestros bosques, sostener la biodiversidad, reciclar, ahorrar energía. Como dice Klaus, podemos hacer miles de pequeñas cosas para cuidar lo que tenemos.


Y también debemos hacer algunas cosas grandes, como investigar sobre nuevas fuentes energéticas, y trabajar activamente para reforzar el mix energético de países tan dependientes como España con una energía limpia y segura, como la energía nuclear.


El ejemplo, el dramático ejemplo de una energía nuclear que no era ni limpia ni segura se dio, ¡como no!, en el bloque comunista, en el Chernóbil de la Unión Soviética.


Y entonces ocurrió una cosa verdaderamente sorprendente: ¿Recuerdan ustedes que alguno de esos ecologistas radicales que braman contra la energía nuclear saliera a las calles a denunciar la inseguridad nuclear del bloque comunista?


No lo recuerdan porque no hubo nada de eso. Al otro lado del Muro, porque esas cosas eran imposibles bajo el yugo de la dictadura comunista. A este lado tampoco hubo nada porque entonces, como ahora, florecía el ecologismo asimétrico.


Todo esto, querido Vaclav, queridas amigas y amigos, lo conocemos muy bien.


Y tiene la importancia que tiene. O sea, ninguna.


Pero lo que sí tiene importancia, y mucha, es la libertad. Con eso no podemos jugar. Podemos y debemos defender el derecho a opinar y a discrepar.

 

El Presidente Klaus sabe, en primera persona, que Europa protagonizó innumerables espectáculos bochornosos durante el siglo XX, y también un puñado de memorables episodios épicos. Uno de los más gratificantes entre estos últimos fue el derribo del Muro de la Vergüenza.


Si tenemos presente aquella victoria de la libertad frente a la tiranía, del coraje frente a la opresión, de la democracia frente al comunismo, de la que el próximo año se cumplen dos décadas, sabremos estar siempre alerta para plantar cara a todos los enemigos de la libertad.




Vaclav Klaus les planta cara con habilidad y maestría. Plantea las preguntas más evidentes y no se arredra ante el ensordecedor ruido que, a falta de respuestas, hacen los abanderados del Apocalipsis climático.


Yo estoy de acuerdo con el Presidente Klaus en que el mejor ambiente para el ser humano es el ambiente de la libertad. Ése es el que debemos proteger con más determinación porque los enemigos de la libertad no descansan nunca.


Estoy seguro de que ustedes coincidirán también con nuestro autor en cuanto terminen de leer este libro.