Intervención de José María Aznar en la inauguración del Campus FAES 2011

20/07/2011



Navacerrada (Madrid), 01.07.11.-
El expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales FAES, José Maria Aznar, ha inaugurado, hoy viernes, en Navacerrada, el Campus FAES 2011. Aznar ha estado acompañado por el ministro británico de Trabajo, Iain Duncan Smith, y el exprimer ministro de Polonia, Jan Krzysztof Bielecki.



A continuación se reproduce íntegramente el discurso de Aznar en la inauguración del Campus FAES 2011:



"En la inauguración de este Campus FAES 2011 tenemos la fortuna y el honor de contar con la presencia de Ian Duncan Smith, ministro de Trabajo y Pensiones del Gobierno de David Cameron en Reino Unido, y de Jan Krzysztof Bielecki, que fue primer ministro de Polonia tras el derrumbamiento del Muro de Berlín y es hoy presidente del Consejo Económico de ese país.



El ministro Ian Duncan Smith puso en marcha en 2004, hace ocho años, el Center for Social Justice, un influyente think tank británico especializado en el estudio de políticas públicas para la puesta en marcha de modelos de bienestar eficaces y sostenibles. Y desde hace un año es el ministro que ha tenido que hacerse cargo de la broken society, que heredó el Gobierno de David Cameron, con la cartera ministerial de pensiones y empleo.



Hace pocos días leí en la prensa británica unas declaraciones de Ian Duncan Smith en las que nos invitaba a repensar y reinventar el sistema del bienestar para que "deje de ser una trampa de dineros malgastados que mantienen a la gente en la dependencia y en la pobreza".



Estoy totalmente de acuerdo en que necesitamos repensar y reinventar nuestro modelo de bienestar y estoy seguro de que la intervención de Ian Duncan Smith será muy útil para el debate público que hoy tenemos en España sobre estos cruciales asuntos.



En España, después de que la izquierda haya llevado su crisis al Estado del Bienestar, después de la devastadora experiencia de estos años de socialismo, va a ser tarea del centro derecha la responsabilidad de garantizar una sociedad del bienestar mediante reformas que aseguren un pilar de cohesión y solidaridad también para las generaciones futuras.



Las encuestas muestran que los españoles son conscientes de los problemas que nos afectan, y están dispuestos a apoyar las soluciones. Es decir, están dispuestos a apoyar reformas comprensibles, coherentes, serias y solventes. No es verdad que no quieran a los políticos ni a la política, quieren buenos políticos y buena política, y están dispuestos a hacer esfuerzos que sean útiles.



En España, además, la garantía del Estado del Bienestar significa antes que nada volver a crear empleo, porque ahora padecemos una tasa de paro 21,3%, casi el triple de la británica y más del doble de la que tienen en Polonia, por ejemplo. El primer cimiento del Estado del Bienestar tiene que volver a ser el empleo.



Nuestro buen amigo Jan Krzysztof Bielecki es un magnífico economista, un serio europeísta y un testigo excepcional de los estragos que, en la economía y en la sociedad polacas, causó el régimen comunista hasta el derribo del Muro de la Vergüenza.



Bielecki fue uno de los valientes que colaboraron a ese derribo. Fue asesor para asuntos económicos del sindicato Solidaridad y fue después, en 1991, primer ministro con Lech Walesa como presidente de Polonia. Fue el segundo primer ministro de la Polonia que había recobrado su libertad.



El año pasado contamos, para esta inauguración del Campus, con la presencia y la colaboración de Jerzy Buzek, que también fue primer ministro de Polonia pocos años después de Bielecki, y es hoy presidente del Parlamento Europeo.



Jan Krzysztof Bielecki sabe que, cuando tuve la oportunidad como presidente del Gobierno, trabajamos mucho en profundizar y mejorar las relaciones entre Polonia y España. Es una de las muchas buenas cosas que se han perdido en los últimos ocho años de gobierno y una de las que tendremos que recuperar muy pronto, porque Polonia y España reúnen todas las condiciones para ser dos buenos aliados en Europa.



El Campus FAES cumple en esta edición ocho años. Lo pusimos en marcha para abrir a los jóvenes, y al público en general, los debates de ideas y de propuestas políticas que -de forma discreta y continua- mantenemos cotidianamente, con expertos de primer nivel, en la Fundación FAES. Dedicamos estos primeros días de julio a la reflexión pública y al debate abierto aquí en Navacerrada, esta estupenda villa que nos acoge, en este mismo hotel con el que tenemos una deuda de gratitud por su dedicada atención.



En estas ocho ediciones del Campus FAES hemos intentado convocar a los mejores especialistas al debate público sobre cuestiones imprescindibles para un mejor futuro para España. Esa es nuestra vocación y nuestra dedicación: trabajar al servicio de nuestro país con la intención de ser útiles, y con la voluntad de recuperar entre todos un mejor futuro para España y para los españoles.



Un mejor futuro en el que podamos, entre todos, superar estos ocho años de retroceso socialista. Porque, para España, éstos han sido ocho años de retroceso económico, político, social e institucional. El retroceso que han causado ya no puede ocultarse en la burbuja socialista, porque está pinchada.



Y es que la verdadera burbuja que ha lastrado a nuestro país en estos últimos ocho años es la burbuja socialista. Una burbuja hinchada con demagogia, populismo, supuestos derechos que no son tales, falso pacifismo, mucho sectarismo e inagotable ánimo de exclusión del adversario. Ésa es la burbuja que ha estallado y nos ha dejado con cinco millones de parados, con la vuelta a las instituciones de los cómplices políticos de los terroristas, con la crisis de confianza que tenemos que superar, y con la menguante y descolocada posición internacional de España.



España y los españoles hoy son víctimas del único programa oculto que existe: el del Gobierno socialista, que hoy dice que hay que aplicar unas reformas que hasta hace unos meses despreciaba y condenaba por innecesarias y regresivas. Y que, por si acaso, no las aplica.



Aquí hay un grotesco dilema del que los socialistas han convertido en rehén a la sociedad española. Una vez más ellos terminan reconociendo que seguir aplicando las políticas que a ellos les gustan ponen a España al borde del abismo, y que lo que conviene a España es justamente lo que no les gusta que se haga. Es decir, que el socialismo, una vez más, se revela contrario al interés general de España. Esto viene ocurriendo desde aquel famoso "OTAN, de entrada no", que eso sí que fue un programa oculto.



Nuestro compromiso ahora es que este retroceso socialista quede sólo como una pesadilla, como un mal paréntesis, en la historia de éxito de España. Y España ha tenido éxito siempre que ha puesto en valor el trabajo bien hecho, siempre que se ha abierto al mundo, ha dado oportunidades a todos y ha remunerado el mérito de los mejores. Ha tenido éxito siempre que hemos tenido un proyecto común y hemos mirado hacia adelante. Siempre que hemos optado por el esfuerzo útil en lugar de castigarnos a todos con el sufrimiento estéril.



Hemos padecido años de demolición, en los que se ha intentado acabar con todo lo que no simpatizase con el socialismo y que, al final, ha terminado pasando factura a los propios socialistas. Ésta es la cosecha final de un proyecto que pretendía ser hegemónico por la vía de practicar la exclusión maniquea de la mitad de los españoles.



El proyecto de este socialismo que ha fracasado era de deslegitimación de la representación política de la mitad de los españoles. Esto conviene no olvidarlo. Éste es el socialismo del Pacto del Tinell; del todos contra el PP. Y es además el socialismo de la arrogancia y de la irresponsabilidad.



De la arrogancia y la irresponsabilidad de decir y de actuar bajo proclamas de tanta altura intelectual y moral como decir por ejemplo, "el dinero público no es de nadie"; o como que "la política no está al servicio de las palabras sino las palabras al servicio de la política"; o como que "la libertad os hará verdaderos"; que "la cintura es la esencia de la democracia"; o como que "la nación es un concepto discutido y discutible". Han pretendido que creyéramos que jugando con las palabras podían solucionar los problemas.



Debería quedar claro que la situación que hoy vive España no es fruto de que nos haya caído ningún meteorito ni de que hayamos sufrido ningún tsunami. Aquí no ha habido más meteorito ni más tsunami que un mal Gobierno que llegó con la agenda de romper con todo lo que se había hecho antes empezando por el propio Pacto Constitucional.



Ahora nuestro compromiso debe ser sumar fuerzas para poner la política española a la altura de lo que necesita la nación española. Necesitamos recuperar las bases del progreso de la sociedad española, recuperar el valor de las leyes, de la palabra dada, de la experiencia, del sentido común, de las virtudes cívicas, en definitiva, de todo aquello que sabemos que funciona.



Necesitamos que España vuelva a ser un país de todos y para todos. Y necesitamos, sobre todo, poner fin al aventurerismo de los últimos ocho años. Eso significa estabilidad constitucional y Estado de derecho efectivo. Significa instituciones respetadas y administraciones eficientes y austeras. Significa una sociedad civil vigorosa con unos poderes públicos que promuevan el progreso y no invadan la libertad. Y significa también recuperar unas políticas que vuelvan a hacer del euro un ancla de estabilidad y prosperidad en Europa.



Por eso, la despedida de los aventureros, al final de la escapada, es una buena noticia. El cambio ha empezado como tiene que empezar en una democracia: en las urnas. Ha empezado porque los españoles no aceptan la resignación y saben que hay una alternativa de buenas ideas y buenas políticas. Y la mejor noticia es que podemos, entre todos, poner en marcha la recuperación de España después de este lamentable paréntesis que ha tenido como la peor de sus consecuencias la vuelta de los cómplices del terrorismo a las instituciones.



El terrorismo es la violencia sobre la sociedad con el objetivo de imponer un proyecto político. Ese proyecto político hoy tiene como instrumento a Bildu y quiere seguir apoyándose en la violencia, la coacción, la amenaza y el desprecio a las víctimas del terrorismo. Ahora, además, en la ocupación de las instituciones.



La violencia terrorista de ETA y su proyecto totalitario siguen siendo las dos caras de una misma realidad. Y esa realidad vuelve a desafiar la libertad en las calles, en los pueblos y en las ciudades del País Vasco y de Navarra.



No nos equivoquemos. El terror no termina porque cedamos a su chantaje, sólo cambia su apariencia. Pasa de ser un terror que se ejecuta a un terror con el que se amenaza. La violencia se dosifica, puede ser de alta o de baja intensidad. Y puede tomar la forma sólo de amenaza.



Lo que está en marcha, y que no se engañe nadie por doloroso que sea, es un proceso de legitimación del terrorismo. Es decir, un proceso de exaltación de los asesinos, de exculpación y de borrado de sus crímenes. Todo ello por supuestos arrepentimientos que sólo están en la imaginación de los que han fabricado un infame relato que convierte en virtuosos demócratas a los que han inspirado y rentabilizado el terror. Y no sólo eso. También a los que muchas veces han señalado a las víctimas.



Es inaceptable que los amenazados tengan que pedir permiso para su seguridad a quienes les han puesto en la diana y hoy gobiernan ayuntamientos. Es inaceptable, legal y políticamente, que se desprecien los símbolos constitucionales y se haga ostentación de ello.



Quienes creían que cediendo o comprando la mercancía que ETA ha querido vender colaboraban a la paz ya tienen la respuesta. Su responsabilidad se agrava cada día.



La rectificación -quienes tengan que hacerla- es urgente. No se puede asumir como un trueque necesario y deseable el de aceptar el proyecto totalitario de ETA para que ETA no mate. Eso es lo que siempre ha pretendido el terrorismo.



Pues bien, hay que decir que ni ETA ni su proyecto totalitario.



Bildu no es ningún peaje necesario que tengamos que pagar para que una banda terrorista no mate. Una organización terrorista deja de matar o porque se siente derrotada o porque se siente ganadora. Hoy no podemos decir que ETA se sienta derrotada.



ETA ha visto como se le abría una puerta para escapar a su derrota. Ahora nos queda revertir ese gran error, recuperar la iniciativa y reafirmarnos en el compromiso de la derrota de los terroristas.



Una derrota que tiene que hacerse efectiva en las cárceles, en el cumplimiento de las penas, en la deslegitimación del crimen, en el reconocimiento del daño, en la dignidad y en la memoria de las víctimas.



Un año más, Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, clausurará el Campus. Muchas cosas importantes para España van a estar en su mano.



Esta Fundación trabaja para contribuir a su éxito. Estamos convencidos de que será también el éxito de España. Una amplia victoria del Partido Popular que recoja la confianza mayoritaria de los españoles es condición necesaria para la recuperación de nuestra nación. Y nuestra voluntad, nuestra vocación y nuestra trayectoria es de servicio a España y a los españoles".