Aznar califica de "desastre moral" equiparar a víctimas y asesinos

17/10/2011



Madrid, 17.10.11.-
El expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales FAES, José María Aznar, ha aseverado que "debemos apoyar a las víctimas del terrorismo porque su tragedia no puede caer en el olvido. No es lo mismo ser víctima que ser asesino. No se pueden tratar las cosas ni por igual ni con equidistancia. Y si se hace no solamente se comete un verdadero error político sino que, además, constituye un verdadero desastre desde el punto de vista moral".

Aznar ha hecho estas declaraciones hoy lunes, en la clausura de la jornada "Las relaciones entre Rusia y la Unión Europea. Expectativas sobre las próximas elecciones en España y en Rusia" organizada por el Instituto de Estudios de Integración Internacional, una organización no gubernamental que estudia los procesos de integración política, económica y de defensa en Rusia y Europa. En su intervención, ha afirmado que "es imprescindible que España y Rusia salgan más fortalecidas de sus elecciones, que no tengan miedo a la vía reformista y que apuesten por un proyecto de modernización económica, política y social".

A continuación se reproduce íntegramente el discurso de Aznar en la jornada "Las relaciones entre Rusia y la UE":

"Creo que estamos viviendo un momento de cambio. En España se respira ambiente de cambio, un cambio que los españoles demandan y esperan. Un cambio que no debe ser otra cosa que una vuelta a la normalidad, un saber a qué atenerse.

Permítanme que me explique. La historia de España desde la Transición ha sido la historia de un éxito. Un éxito que se ha basado en la concordia y en la convicción de continuar un proceso de modernización económica y apertura política. Un éxito que adquiere su máxima expresión en nuestra Constitución de 1978. Una Constitución que consolida el Estado de Derecho y asegura el imperio de la Ley.

La Constitución de 1978 se asienta sobre un modelo de convivencia que supone el rechazo del sectarismo y de la división entre españoles.

Se trata, por tanto, de un gran proyecto basado en la concordia entre los españoles y en la cohesión de la nación española. Este gran proyecto nació cuando los españoles, en la Transición, elegimos la democracia frente a la dictadura y los grandes proyectos en común frente a la división y el enfrentamiento. Para realizar esa inmensa tarea había dos vías:

? Una vía reformista, que implicaba construir el futuro sobre el pasado, y no convertir el pasado en una categoría política de carácter revanchista. En definitiva, había que "dar continuidad a la Historia", y ésta era una labor de todos y cada uno de los españoles. Una tarea que se realizó "de la ley a la ley a través de la ley".

? La otra vía, era una vía rupturista que aspiraba a construir un futuro sujeto al pasado. Volver a las primeras décadas del siglo XX español y hacer un revisionismo político de la Historia en vez de dejárselo a los historiadores. Ésta era una vía que lejos de asentarse en la concordia y en la modernidad, pretendía rehacer, reescribir el pasado a costa del futuro de los españoles.

Como todos ustedes saben, la vía que elegimos los españoles fue la primera: la vía reformista. Pero la modernización política y económica requería también la inserción de España en el mundo, porque una sociedad abierta, cualquiera que sea su localización geográfica y su historia, no puede vivir encerrada en sí misma, ajena al mundo.

Para hacer de España una democracia abierta y dinámica era necesario tres anclajes fundamentales en el exterior:

? el primero de ellos era Europa, como proyecto de integración y colaboración política basado en la democracia liberal y la economía de mercado;

? el segundo de ellos era el compromiso de nuestro país con la seguridad internacional encarnado en la Organización del Tratado Atlántico Norte;

? y el tercero, Iberoamérica como comunidad de naciones de origen histórico con quienes nos unían, y nos unen, unos grandes vínculos.

Y lo conseguimos, no sólo eso, sino mucho más. Porque los españoles somos perseverantes y cuando tenemos ante nosotros un gran proyecto sumamos esfuerzos y voluntades y lo conseguimos.

Siempre he creído que es la existencia de un proyecto nacional el que aglutina y vertebra la dirección de una política ambiciosa, en el interior y exterior del país. Y creo que la historia de la democracia española ha estado marcada por esa vía reformista, que ha buscado en cada momento una ambición nueva, un gran proyecto, un afán por marcarse nuevas metas en común.

Y así fue cuando tuve el honor de presidir el gobierno de España durante ocho años. Y creo que un símbolo de la ambición común, el afán reformista y la conciencia de continuidad histórica fue nuestro ingreso en el euro. Una decisión que fue política y que exigió una serie de reformas de modernización y apertura, que no fueron fáciles, pero que aglutinaron a los españoles en pos de ese objetivo común.

En ese momento no todos pensaban que España pudiera ingresar en el euro, no por lo legítima de la aspiración, sino por el estado del país: un déficit público de casi el 7% del PIB; la deuda pública se acercaba al 70% del PIB y la inflación estaba próxima al 5%; nuestra moneda antigua, la peseta, había sufrido cuatro devaluaciones en pocos meses y el sistema de pensiones estaba prácticamente en quiebra. El paro superaba el 21%.

Con este escenario no fueron pocos los que pensaron que no lo conseguiríamos, y no puedo evitar afirmar, con cierto orgullo, que se equivocaron al desconfiar de la capacidad de los españoles.

El euro fue, por tanto, un gran objetivo político que se tradujo en una tarea colectiva de los españoles. Un reto que exigió abrir nuestra Nación al exterior y trabajar por la estabilidad, la transparencia, la confianza y la capacidad de ganar el futuro.

Con ese ambicioso objetivo, la entrada de España en el euro, dedicamos toda la acción del Gobierno al desarrollo y ejecución de las reformas económicas necesarias.

Las reformas que introdujimos tuvieron cierto éxito, bastante éxito, o si ustedes prefieren hasta mucho éxito, tanto que se habló del "milagro español". Expresión que no comparto, porque el éxito no fue un milagro, fue la consecuencia del trabajo y perseverancia de los españoles y del acompañamiento de políticas sensatas y reformistas.

Como pueden observar, siempre he creído en la vía reformista como el mejor medio para crear prosperidad, algo que está intrínsecamente unido a la capacidad de generar oportunidades.

Siempre he pensado que tener un "proyecto político" significa saber qué se quiere hacer cuando se está en el Gobierno. El proyecto político de los Gobiernos que tuve el honor de presidir, el proyecto político del PP era (y es) un proyecto modernizador totalmente entroncado con la Transición y la Constitución española de 1978. No pretendimos, a diferencia de algunos, inventar la rueda, simplemente mejorar la situación de nuestro país.

Sin embargo, la sensación hoy, dentro y fuera de España, es que España ha perdido el rumbo. Y esta percepción no es fruto de la casualidad. Creo que lo que ha pasado estos años es que en España se ha pretendido imponer un proyecto que se alejaba radicalmente de la vía de reforma, concordia, apertura y modernización.

Las consecuencias inmediatas de este modo de entender la política no se hicieron esperar:

? Se abandonó la vía reformista y se apostó por una vía rupturista que ha cuestionado los consensos de nuestra Transición.

? Se cuestionó la dimensión nacional y se ha promovido el particularísimo. De reconocer nuestras diferencias, que es el espíritu de nuestra Transición, se pasó a cuestionar lo que tenemos en común.

? España perdió presencia y relevancia internacional.

? España ha dejado de ser el país que más empleo creaba en la Unión Europea al ser el que más destruye. España pasó de ser un baluarte de estabilidad y un motor de las reformas estructurales, a ser mirada con desconfianza por las políticas irresponsables en el gasto público y la parálisis en el proceso de reformas. Las consecuencias las conocen todos ustedes: cinco millones de parados y grave desconfianza dentro y fuera de España.

? Y, por último, estos años hemos asistido a unas políticas deliberadas de confrontación, al amparo de una supuesta agenda social progresista, que han generado precisamente lo que buscaban, es decir, confrontación.

Toda esta política sin más horizonte que el mantenimiento del poder, unido a la ausencia de reformas económicas, políticas y sociales ha inmovilizado al país. Y por eso existe esta sensación política en España de improvisación, de incertidumbre, de falta de confianza, de no saber a qué atenerse en el futuro.

La buena noticia es que esta situación no es inevitable. Los españoles saben que España puede salir del agujero en el que se encuentra y que hay alternativas políticas que ofrecen seriedad y esperanza. Que esas alternativas se concretarán en políticas seguras, con perspectiva de estado, pensando en las generaciones futuras, pensando en una gran mayoría, que tomarán decisiones capaces de volver a poner en marcha al país.

Estoy convencido de que pronto los españoles podremos dar pasos su proceso de modernización económica política y social y de que se gobernará con espíritu de concordia en un proyecto integrador, previsible y reformista. La seriedad, la fiabilidad y el saber a qué atenerse volverán a ser señas de identidad importantes de la política y la economía española.

Rusia es un país clave para el futuro de Europa y para la estabilidad del mundo. En mi mandato como presidente del Gobierno de España intenté ampliar y consolidar las relaciones con Rusia a través de una relación sincera.

Una relación sincera se basa en decir lo que uno realmente piensa, sin ambigüedades y medias verdades. La confianza se construye sobre la sinceridad, reconociendo los puntos de discrepancia pero buscando acuerdos positivos que permitan mirar hacia el futuro. Tuve la suerte de entenderme bien con el entonces presidente Putin, porque creo que tenía (y tiene) un proyecto para Rusia.

Con la sinceridad a la que apelo les digo que no me corresponde a mi tratar los asuntos rusos. Pero como amigo que me consideró de Rusia permítanme que les diga que es necesario que Rusia salga todavía más fortalecida de estas elecciones.

Esto es, que siga apostando y trabajando por el Estado de Derecho como mejor motor para la estabilidad democrática y la ley como mejor instrumento para garantizar la libertad, la igualdad y la justicia. Esas son las mejores bases para construir el futuro de un gran país.

En segundo lugar, creo que es imprescindible que Rusia y Europa -Occidente, en general- desarrollen una relación de respeto y confianza que mire al futuro. Es indudable que hay cosas en las que no estamos de acuerdo, pero también lo es que hay más cosas que nos unen y es sobre éstas sobre las que hay que construir una relación positiva de confianza.

Creo que, sobre esas bases de respeto y confianza, Rusia y la Unión Europea pueden colaborar en diversos aspectos fundamentales:

En primer lugar, la economía. La modernización económica y la adaptación de nuestras sociedades a una economía globalizada, abierta y estable, es fundamental para el bienestar de nuestras naciones. Europa padece una crisis financiera y de confianza. De ella se saldrá con reformas, apertura y asumiendo los costes de las decisiones erróneas del pasado. Creo que sería una mala política encerrarse y buscar el amparo falso del proteccionismo. La relación de Europa y Rusia desde el punto de vista económico ofrece inmensas posibilidades, y no sólo en el campo energía. Por eso creo que las medidas que se adopten para abrir nuestras relaciones económicas, fortalecer las instituciones que garanticen la actividad económica, la competencia, el comercio y las inversiones (en especial lo que refuerza la seguridad jurídica y la previsibilidad) son buenas para el futuro de nuestras sociedades.

En segundo lugar, la seguridad. El terrorismo sigue siendo una amenaza presente que intenta acabar con las sociedades abiertas. La derrota del terrorismo requiere del apoyo y colaboración de todos los países. Rusia, como España y muchos otros países, conoce bien el dolor que causan los terroristas. Es necesario que enviemos tres mensajes inequívocos a los terroristas:

? Primero: El Estado de Derecho y la Democracia pueden vencer al terrorismo a través de la aplicación de la Ley. Su derrota es la victoria del Estado de Derecho y de las libertades, de la civilización frente a la barbarie. Nunca hay que pagar ningún precio a ningún terrorista, ni por matar ni por dejar de matar.

? Segundo: No debemos cooperar con los regímenes que apoyan o financian el terrorismo. Es inaceptable que haya regímenes que colaboren con el terrorismo. Hace poco hemos tenido conocimiento de la planificación de atentados muy graves en EE.UU. Esto es simple y llanamente intolerable. Tolerancia cero con los intolerantes que fomentan el terrorismo.

? Tercero: Debemos apoyar a las víctimas del terrorismo porque su muerte, su tragedia, no puede caer en el olvido. No es lo mismo ser víctima que ser asesino. No se pueden tratar las cosas ni por igual ni con equidistancia. Y si se hace no solamente se comete un verdadero error político sino que, además, constituye un verdadero desastre desde el punto de vista moral.

Por desgracia, el terrorismo no es la única amenaza a la que nos enfrentamos. La proliferación de armas de destrucción masiva y de su medios de proyección es un peligro real. Sé que decisiones que se han tomado recientemente han provocado recelos en Rusia. Es posible, porque no conozco los detalles, que haya faltado una labor previa de consulta y explicación. Pero estoy convencido de que tanto Rusia como los aliados de la OTAN pueden desarrollar un trabajo conjunto para afrontar un riesgo compartido.

Creo que no debemos ocultas nuestras diferencias. Pero que es posible mirar al futuro. La estabilidad de una gran región depende de nuestra capacidad para hacer del respeto a las normas internacionales y a otros países soberanos la pauta de nuestra conducta. Tenemos diferencias, que todos conocemos, pero debemos buscar puntos de entendimiento para avanzar. Y permitan que les diga que no creo que la estabilidad venga de la creación de mini estados de base étnica ni en trazar nuevas fronteras en el mapa de Europa.

Y, por último, creo que Rusia y Europa no pueden ser indiferentes a lo que está ocurriendo en África del Norte y Oriente Medio. Es evidente que la región ha empezado un cambio que hasta hace poco parecía inimaginable. Está en nuestro interés mutuo que todos los países de la región evolucionen hacia la apertura y la modernización. La estabilidad de la región vendrá si triunfan los principios de las sociedades abiertas y tolerantes. Es un campo de cooperación prometedor para Rusia y Europa. Sería un error dejar pasar esta oportunidad.

Creo que es imprescindible que España y Rusia salgan más fortalecidas de sus elecciones, que no tengan miedo a la vía reformista y que apuesten por un proyecto de modernización económica, política y social.

Ambos somos países con una gran Historia. Continuemos la Historia. Sigamos construyendo el futuro".