Aznar ya advirtió en 2011 que "Europa debe compartir la carga de salvar sus bancos"

04/06/2012



Madrid, 04.06.12.-
Por su interés en la actual coyuntura, recuperamos el artículo que el expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar, publicó en _The Wall Street Journal_ el 7 de octubre de 2011 bajo el título "Europa debe compartir la carga de salvar sus bancos". En aquellas líneas, que _ABC_ reprodujo al día siguiente, 8 de octubre, Aznar ya afirmaba que "la UE necesita implantar un auténtico Mecanismo Europeo de Garantía de Depósitos y Resolución Bancaria con capacidad de intervención y saneamiento en todos los países del euro".

A continuación se reproduce íntegramente el artículo en castellano:

Europa debe compartir la carga de salvar sus bancos, por José María Aznar

El Tratado de Maastricht pretendía evitar el escenario de quiebra de un Estado miembro de la Unión Europea, pero los errores de diseño e implementación nos han abocado irremisiblemente a él. Este escenario amenaza con sumir a Europa en una segunda oleada de recesión y de crisis bancarias. La pregunta es triple: ¿qué podemos hacer?, ¿qué debemos hacer?, ¿podemos hacer lo que debemos hacer?

Los líderes de Europa pueden seguir prolongando varios meses la agonía griega concediéndole más financiación oficial y hacer la vista gorda a los inevitables incumplimientos de la condicionalidad. Esto podría alimentar el mito de que la quiebra del sector público griego es evitable. No lo es. Pero es cierto que, dadas las actuales deficiencias de la Eurozona, la UE debe ganar tiempo para evitar que la suspensión de pagos ponga en riesgo el euro y, con ello, todo el proyecto Europeo.

La actual experiencia indica que existe una desconexión preocupante entre el mercado bancario europeo y la estructura de la regulación bancaria. Los mercados bancarios nacionales dejaron de existir hace ya muchos años en la zona euro para pasar a configurar un único mercado bancario europeo. Pero a pesar de la integración financiera privada, la red pública de seguridad aún está fragmentada a lo largo de las fronteras nacionales, lo que la hace débil y, por tanto, carente de credibilidad. Las crisis bancarias en la Eurozona hoy son enfrentadas por unos Tesoros nacionales renuentes a actuar y mal preparados para pagar, tal y como se demostró con la crisis en Irlanda. Tenemos, además, una pléyade de autoridades europeas de supervisión y regulación financiera sin competencias ejecutivas para prevenir y hacer frente a los costes de una crisis bancaria.

Pero un cambio de mentalidad permitiría a los líderes europeos transformar crisis bancarias sistémicas internacionales en crisis financieras locales; costosas pero manejables para los contribuyentes europeos. La UE necesita implantar un auténtico Mecanismo Europeo de Garantía de Depósitos y Resolución Bancaria con capacidad de intervención y saneamiento en todos los países del euro. Este mecanismo serviría para permitir una suspensión de pagos ordenada en Grecia, evitando la expulsión "de facto" de ese país de la moneda única. Evitar esto es vital por el riesgo de un efecto en cascada que acarrearía consecuencias irreparables para el proyecto europeo.

Sin una red europea de seguridad, un default griego, por ejemplo, desencadenaría inmediatamente una fuga masiva de los depósitos del país. Un fondo de resolución prepararía al sistema financiero griego para una liquidación transparente tras el impago, para su posterior subasta entre las entidades financieras internacionales con acceso a la liquidez del BCE y capaces de asumir la seguridad de los depósitos griegos. Incluso con un fondo de resolución, el impago griego aún conllevaría un coste para todos los contribuyentes de la Eurozona que tendrían que pagar por la recapitalización del BCE. Esta carga podría repartirse según el mismo protocolo que rige la financiación de las autoridades de crisis europeas existentes, como el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Lo que tenemos en este momento no funciona, y no funcionará incluso después del default griego. No basta con que el FEEF conceda financiación a las autoridades nacionales para enfrentar las crisis bancarias supuestamente locales que ocurran dentro de sus fronteras. Los Estados miembros de la Eurozona deben repartirse los costes de resolver las crisis bancarias en todos los países del euro. Esta es la única forma de atacar el fondo del problema de contagio.

Obviamente, la extensión de una red de seguridad bancaria europea a todos los países requerirá la cesión de soberanía en las decisiones de supervisión e intervención bancaria. Y la red de seguridad no es la panacea. No debería permitir a los países liberarse de sus obligaciones de ajuste fiscal ni de reforma estructural.

El reto de la resolución de las crisis bancarias es políticamente difícil, pero mucho más factible que la creación de un Tesoro único europeo. Alemania y Francia deberían ver que la crisis Griega es la ocasión perfecta para recibir la contribución del resto de socios europeos para recapitalizar sus bancos. Pero para ello sus líderes deben renunciar a pilotar en solitario el saneamiento de sus sistemas financieros.