La significación de Miguel Boyer, por Juan Velarde

30/09/2014

Da la impresión de que Miguel Boyer Salvador recibió una herencia importante de su antepasado directo, también ministro de Hacienda, en este caso del Partido Liberal Fusionista, Amós Salvador Rodrigáñez. El partido en que éste militaba, en los inicios de la Restauración, parecía que se iba a convertir en heredero del librecambismo del Sexenio Revolucionario. Pues bien, en el Gobierno de Segismundo Moret, desde el Ministerio de Hacienda, Amós Salvador, con el Arancel de 1906, extraordinariamente protector de la industria, da un giro radical a la que era la bandera típica de ese partido.

Y he aquí que en el año de 1982, su descendiente, Miguel Boyer Salvador, que toma posesión como ministro de Hacienda el 2 de diciembre, se encuentra con que el Partido Socialista había llegado al poder, imitando en su programa al que había llevado triunfalmente a Mitterrand al triunfo electoral en Francia. Pero bien sabía Miguel Boyer que el 23 de marzo de 1982, Jacques Delors telefoneaba a Jacques Attali, compañero socialista, para sintetizar así la realidad a la que llevaba el programa socialista triunfante, e imitado en España: “¡Es el Beresina¡”, esto es, el lugar de la derrota terrible, en ese río, que liquidaba la campaña de Napoleón en Rusia.

Convencido Boyer de que el PSOE caminaba, aquí diríamos, a un “desastre de Annual”, en el discurso de prórroga de Presupuestos da un giro espectacular a la política económica anunciada en el programa. Y en adelante, esa búsqueda de otra política económica se acentúa cuando en 1985 ingresamos, con efectos comerciales desde el 1 de marzo de 1986, en la Comunidad Económica Europea. Era preciso abandonar toda la política económica hasta entonces practicada, y por eso planteó al Gobierno González otro giro radical que él dirigiría. Una conjura opuesta a esto impidió ese cambio radical.

Miguel Boyer se fue, y dejó que sus sucesores padeciesen de inmediato, en primer lugar, un déficit exterior considerable, y al final de la política expansiva del Gobierno González sin Boyer, la caída en el PIB en términos reales en 1993, lo que obligó a la rectificación Solchaga, que era, en realidad, una vuelta al mensaje, aparentemente periclitado, de Boyer, y que, originando una expansión, es el que seguiría el Gobierno Aznar, con Rato y Montoro en Hacienda.