ANÁLISIS¿Qué espera a Portugal tras la lucha por el poder a toda costa?, por Ángel Rivero 

30/11/2015

"El jueves pasado Antonio Costa, líder del Partido Socialista, tomó posesión como primer ministro de Portugal después de ser finalmente nombrado por el presidente de la República Portuguesa, Anibal Cavaco Silva. Junto a él estaban sus 17 ministros, 41 secretarios de Estado, y sus familias. Todos ellos militantes del Partido Socialista y, casi todos, sin mayor desempeño profesional que la vida partidaria.

El hecho más relevante de esta escena es que Costa ha sabido convertir la derrota en victoria y que el nuevo gobierno tiene un carácter político que presagia un clima de guerra en los próximos meses. En relación a lo primero, no cabe duda de que Costa se ha mostrado como un virtuoso por su conocimiento consumado del arte de la política explicado por el famoso florentino. Costa lo tenía todo en contra: había dado un golpe de palacio para desplazar a Seguro, su antecesor en el liderazgo socialista, que había ganado de manera “misérrima” en las elecciones locales y en las europeas del año pasado y, sin embargo, siendo él ahora derrotado de forma aplastante, en las legislativas del 4 de octubre no se le ha pasado por la cabeza dimitir (86 diputados frente a los 107 del centro-derecha sobre un total de 230); tenía en su contra cuarenta años de modus vivendi de la democracia portuguesa en los que estaba proscrita toda colaboración en el gobierno de la nación del Partido Socialista (del bloque democrático junto al PSD y al CDS-PP) con los grupos de la extrema izquierda (PCP y BE), por su enemistad con la democracia representativa y por su preferencia por el golpismo revolucionario (por no hablar de sus programas anti-OTAN, anti-UE y anti-Euro). 


Sin embargo, en la hora adversa, lejos de aceptar la derrota y dimitir, Costa jugó hasta el final las pobres cartas que le dio Fortuna animado por el deseo insaciable de ser primer ministro, que daba por seguro antes de las elecciones, y que no quiso resignar tras perderlas. Para ello ha tenido la habilidad de embarcar al BE (Bloco de Esquerda) de Catarina Martins, ya previamente entusiasta, y al PCP (Partido Comunista Portugués) de Jerónimo de Sousa, que sabe mucho de la astucia del zorro, con la zanahoria de una coalición negativa contra la derecha “fascista” que ha humillado y maltratado al pueblo portugués; después les ha convencido a través de acuerdos independientes de que iba a decretar el final de la austeridad y que sus clientelas electorales recibirán muy pronto importantes subsidios. De esta manera ha trenzado la caída de Passos Coelho, forjando una alianza que ha rechazado con mayoría el programa de gobierno del centro-derecha, y logrando no sólo un acuerdo de investidura sino casi un acuerdo de legislatura.

Costa ha demostrado que con su virtú política se puede doblegar y forzar la Fortuna electoral, en este caso muy adversa, pues también estaba encarnada en los importantes poderes de los que goza el presidente de la República. Ahora resta saber si aprobada con sobresaliente la primera lección del florentino, ganar el poder, es tan buen alumno en la segunda, conservarlo. Aquí cuenta a su favor con sus amistades políticas como miembro del stablishment portugués; con sus vínculos de proximidad con quienes tienen peso en la dirección de la política económica europea; y con el apoyo no menor que el socialismo europeo le quiere prestar en esta época de pocas alegrías electorales. En contra tiene que el precio de su llegada al poder puede ser muy alto para Portugal y que si un soplo de viento destruye de nuevo su economía, sus nuevos amigos de la extrema izquierda y de los sindicatos le darán rápidamente la espalda y, entonces, no encontrará auxilio alguno en el centro-derecha".