ANÁLISIS FAES Las cuatro 'D' de la Cumbre de la OTAN en Varsovia: defensa, desunión, disuación, diálogo, por Mira Milosevich

11/07/2016

La cumbre de la OTAN celebrada el pasado 8 y 9 de julio en Varsovia ha resultado histórica por las decisiones que se han tomado respecto a Rusia, pero, sobre todo, por el nuevo contexto político y geopolítico de Occidente, condicionado por el resurgimiento de Rusia, la salida del Reino Unido de la UE y la inestabilidad en el Norte de África y Oriente Medio. Para responder a estos retos, la OTAN se ha convertido en una 'Alianza de 360º' con arreglo a dos objetivos estratégicos fundamentales: defender la seguridad de los países miembros de la Alianza y participar en la estabilización de las regiones volátiles que influyen en la (in)seguridad occidental.

Para alcanzarlos es preciso intensificar la cooperación entre la OTAN y la UE. Sin embargo, esta colaboración no está asegurada: las consecuencias estratégicas de Brexit para la UE (y para la OTAN, dada la “relación especial” entre Reino Unido y los EEUU) serán más graves que las económicas. Europa se queda sin la capacidad de disuasión nuclear que le proporcionaba el Reino Unido y sin la información de uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo. Brexit convierte a Francia en el principal actor estratégico europeo, que es, a la vez, el más reticente a la hegemonía norteamericana y a la OTAN. Por otra parte, las discrepancias entre los aliados a la hora de decidir si Rusia representa un peligro, una potencial amenaza o una amenaza existencial para Occidente, persisten desde el comienzo de la crisis de Ucrania (2014) y se reflejan en el debate sobre la continuidad de las sanciones económicas impuestas a Rusia.

En la Cumbre de Gales (2014), la Alianza respondió a la agresión rusa en Ucrania con la estrategia de la reassurance: dando garantías a los países del flanco oriental (desde el mar Báltico hasta el mar Negro), poniendo en marcha el RAP (Readiness Action Plan) y estableciendo la HRF (Very High Readiness Joint Task Force). En la Cumbre de Varsovia la OTAN ha decidido redefinir su postura hacia Rusia “escalando” de la reassurance a la deterrence (disuasión). El meollo de la nueva estrategia de disuasión incluye el aumento significativo del gasto militar norteamericano para Europa en 2017 (cuatro veces mayor que el de 2015), la reconstrucción de las antiguas infraestructuras militares, la construcción de otras nuevas, el despliegue del escudo antimisil en Rumanía y Polonia y el de cuatro batallones (alrededor de 4.000 soldados) en los países bálticos y Polonia. Estos batallones tienen más un valor simbólico que real de disuasión  –transmiten un mensaje de unidad–, dada la incuestionable superioridad rusa en la región.

El diálogo ha sido uno de los dos pilares de la política dual de la OTAN hacia Rusia desde el final de la Guerra Fría. Su función principal ha sidodemostrar a Rusia que la ampliación de la OTAN hacia el Este no representaba una amenaza para su seguridad nacional. Mientras desarrollaba y preparaba a las antiguas repúblicas soviéticas para convertirlas en futuros miembros a través del programa Peace for Partnership, profundizaba decididamente en la cooperación con Rusia (Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad entre Rusia y OTAN, 1997; Consejo Permanente Rusia-OTAN, 2002). Ahora el diálogo tendrá que asumir nuevas funciones: la de evitar los incidentes militares en el espacio aéreo y marítimo entre Rusia y los países miembros de la Alianza, la de demostrar que Occidente tiene “paciencia estratégica”, es decir, que procurará defender sus valores sin entrar en un conflicto militar con Rusia (a pesar de que ésta viole sistemáticamente el derecho internacional) y desarrollar la cooperación en áreas de mutuo interés (lucha antiterrorista, limitación de la proliferación nuclear, proceso de paz en Siria). Rusia y la OTAN no están ante una nueva Guerra Fría sino ante un nuevo statu quo: la OTAN ha reafirmado su voluntad de defender a todos los aliados de un ataque hipotético que el Kremlin no tiene intención de lanzar. Rusia ha conseguido bloquear la ampliación de la Alianza hacia el Este creando conflictos congelados en Georgia, Ucrania y Moldavia. De ahora en adelante, siempre les quedará el diálogo.

A pesar de que la OTAN ha tomado decisiones muy importantes respecto a su estrategia hacia Rusia y a la cooperación con la UE en la lucha contra la inmigración ilegal y la “guerra híbrida” rusa en los países de la UE, lo cierto es que las medidas para disuadir a Rusia son poco creíbles y la estrategia para frenar la inmigración poco precisa, por no mencionar la guerra contra el Estado Islámico, en la que la OTAN participará a través de la alianza internacional.

El futuro de la Alianza “más exitosa de historia” no dependerá sólo de estas decisiones y planes a largo plazo, sino (y sobre todo) de su capacidad para enfrentarse inmediata y constantemente a los múltiples desafíos de los nuevos tiempos y darles una respuesta unánime.


Mira Milosevich es analista de FAES y profesora de Relaciones Internacionales de IE University