ANÁLISIS FAESLa brújula socialdemócrata

06/10/2016

“En 1994 Anthony Giddens publicó un pequeño libro titulado ‘Beyond left and right: The future of radical politics’ que vino a sumarse al coro de voces que reflexionaron sobre el futuro de la izquierda y la derecha en el mundo occidental tras la caída del muro de Berlín. La tesis de Giddens no fue demasiado popular, pero puede que el tiempo le haya dado la razón. Según Giddens, la derecha, al abrazar el mercado y su dinamismo con fuerza, se había vuelto revolucionaria. La izquierda, por el contrario, se había vuelto conservadora, pues su discurso se había quedado anclado en la preservación del mundo de bienestar de la posguerra.

A finales de los años noventa la tesis de Giddens quedó cancelada por el proyecto para la renovación de la socialdemocracia que él mismo inspiró. Aquel proyecto fue conocido mundialmente como la ‘Tercera vía’. Se trata, quizás, del último gran intento para formular un proyecto socialdemócrata a nivel internacional y de sintonizar una agenda reformista orientada a la realización de la justicia social con la naturaleza compleja y global de las sociedades del siglo XXI. Hoy, sin embargo, los encuentros que reunieron a Blair, Clinton, Schröeder, Prodi, Ricardo Lagos, etc., en busca de un discurso común parecen cosa del pasado. A lo sumo, materia de estudio en las universidades cuando se explica el último proyecto de modernización de la socialdemocracia.

La crisis financiera del 2007-2008 vino a dar aire fresco y protagonismo a las izquierdas postcomunistas a las que la desintegración de la URSS había dejado en tierra de nadie durante varias décadas. Los partidos socialdemócratas, acusados de ser cómplices del capitalismo por sus hermanos menores, no han sabido reconfigurar su espacio ideológico. Han aceptado con resignación el diagnóstico que les han hecho, han renunciado a su propia identidad y han terminado cediendo, en muchos casos, al argumentario fácil del populismo. Al punto en el que hoy, muchos de los militantes más jóvenes no se reconocen en las historias de sus partidos. El caso que mejor ejemplifica esta secuencia es el Laborismo británico, que ha pasado de ser vanguardia de la socialdemocracia a estar liderada por Jeremy Corbyn, uno de los líderes más radicales en la larga historia del partido.

Este marco histórico y político resulta ilustrativo porque el triste espectáculo que el PSOE ofreció la semana pasada no puede separarse del destino de la socialdemocracia europea. En el despliegue de argumentos que acompañó la lucha por el poder en la sede de Ferraz no se escuchó ni una palabra que pueda orientar a sus votantes sobre qué piensa cada parte de la contienda sobre los verdaderos problemas del país. A lo sumo, los únicos argumentos esgrimidos no han hecho sino confirmar la deriva populista y plebiscitaria de un importante sector del partido, dispuesto a instrumentalizar la militancia contra el propio partido. Es decir, replicando el manido discurso de la ‘gente’ contra las instituciones, culpables de secuestrar su voluntad. De aquí a asumir como propias las tesis del discurso contra el sistema, que paradójicamente el PSOE contribuyó de forma importante a construir, hay solo un paso.

Si la socialdemocracia quiere sobrevivir, tanto en España como en el resto de Europa, debería volver a fortalecer su identidad y tratar de dar respuesta, una a una, y desde sus claves ideológicas, a los verdaderos problemas que preocupan a los ciudadanos. Los países necesitan una representación leal e institucional que exprese y canalice el sentir de los votantes de centro-izquierda, pues la alternativa al centro-derecha no puede ser una amalgama de fuerzas antisistema. Merece la pena no olvidar que la brújula de la socialdemocracia hace casi un siglo que dejó de apuntar a la revolución como camino para realizar la justicia social. Y con ella como norte, ha sabido adaptarse a los tiempos y circunstancias. No debería ser menos ahora. Cuenta en su acervo con recursos e historia suficiente como para generar un proyecto autónomo que, desde un fondo constitucional compartido con el resto de partidos, le permita recuperar su crédito y su espacio por el bien de todos los españoles”.