Argentina, en “cuidados intensivos”

09/10/2013

Guillermo Hirschfeld es coordinador de Programas para Iberoamérica


A menos de un mes de unas elecciones clave para el futuro del proyecto político que desde hace una década gobierna la Argentina, nadie podía prever un imponderable como el ocurrido. La salud de Cristina Fernández se ha visto seriamente afectada por un problema de salud: una “colección subdural crónica” que ha sido intervenida con éxito, según el parte médico. Lo que le llevaría ineludiblemente a un reposo y a alejarse un tiempo de sus funciones.

No es posible valorar con precisión en términos políticos cuál será el impacto de esta dolencia tanto en los resultados de las elecciones como en el devenir político argentino en los dos años de mandato presidencial que aún restan.

Un primer análisis podría sugerir un efecto “lástima”, es decir, la conmiseración por la Presidenta generaría un ascenso de la popularidad del kirchnerismo en todo el país. Los que sostienen esta tesis aseguran que este fenómeno se daría sobre todo si Cristina Fernández lograse reaparecer con signos de recuperación días antes de las elecciones legislativas. No obstante, tanto el repudio de la sociedad argentina a su modelo de país como la crisis económica contaminan ya todo el proyecto, y seguramente la sola figura lastimera de la Presidenta ya no baste para movilizar al electorado argentino; aunque no hay que olvidar que la muerte de su marido produjo un vuelco del tablero político. Sin embargo, en este caso las condiciones son distintas, pues antes de la intervención quirúrgica ya se habría iniciado un desmoronamiento del régimen.

Un segundo razonamiento nos llevaría a la conclusión de que la enfermedad y el vacío de poder podrían llevar a acelerar el derrumbe del relato político kirchnerista y al comienzo de una transición. La debilidad del Presidente en funciones, la frágil salud de Cristina, los serios problemas económicos, sumados a los frentes abiertos, tanto internos como externos, y a la contundente derrota del pasado agosto –cuando el oficialismo solo obtuvo un 25% de los votos en todo el país y perdió en los principales cinco distritos electorales– pueden ser elementos suficientes como para vaticinar que el cambio sería ahora irreversible.

Algunos interrogantes quedan, pues, abiertos: ¿podrá resurgir el proyecto kirchnerista? De no ser así: ¿será posible una transición ordenada? O, la peor de las hipótesis, ¿sufrirá la República Argentina una ruptura institucional como otras veces? Esperemos que la voluntad del arco opositor esté a la altura de las circunstancias para saber afrontar con sentido de la responsabilidad este futuro incierto.