El giro a la izquierda del SPD

23/10/2014

Roberto Inclán es germanista

 

Las pasadas elecciones al parlamento regional de Turingia del 14 de septiembre están dejando consecuencias más importantes para la política alemana de lo que se preveía en un primer momento. A pesar del previsible triunfo de la candidata de la CDU (Unión Demócrata Cristiana) y actual ministra-presidente de la región, Christine Lieberknecht, con un 33,5% de los votos –un 2,2% más que en las elecciones del 2009–, la fuerte irrupción del partido Alternativa para Alemania (AfD) con 11 escaños ha supuesto la salida del partido liberal (FDP) del parlamento. El FDP ha perdido los 7 escaños que obtuvo la legislatura pasada y se ha complicado la formación del futuro gobierno regional, hasta el punto de que podría implicar que la CDU termine por pasar a la oposición en el Landtag de Turingia por primera vez.

Por su parte, el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) también ha sufrido un importante revés al perder 6 de los 18 escaños obtenidos en el 2009, cifra que supone su mínimo histórico en este Land del este de Alemania. Esto parece haber sido interpretado como un voto de castigo por el pacto de Gran Coalición que mantiene con la CDU en el gobierno estatal: la dirección del SPD de Turingia se reunió esta semana en Erfurt y decidió retirar su apoyo a su socio en el Gobierno federal y trabajar por una coalición de izquierdas junto al partido Die Linke (La Izquierda) y Die Grünen (Los Verdes). Juntas, las tres fuerzas suman 46 de 91 escaños posibles, lo que llevaría a Bodo Ramelow a ser el primer político del partido Die Linke en llegar a ser ministro-presidente de una región alemana.

A pocos días de cumplirse los 25 años de la caída del Muro de Berlín –que significó el principio del fin de la República Democrática Alemana (RDA), de la cual formaba parte Turingia–, esto supondría el primer gran éxito para este partido político formado en el año 2007, resultado de la unión del Partido del Socialismo Democrático (PDS) y de la Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social (WASG). Este último fue fundado en 2005 por Oskar Lafontaine, quien llegó a ser candidato a canciller por el SPD en las elecciones de 1990, presidente del partido entre los años 1995 y 1999, y ministro de Finanzas con Gerhard Schröder en su primera legislatura. Una trayectoria que le ha valido para ganarse la enemistad de su antiguo partido (SPD), y para quedar descartado –en ocasiones como “traidor”– en cualquier combinación de gobierno.

No obstante, para que Bodo Ramelow llegue a ser ministro-presidente de Turingia aún le resta contar con la aprobación de las bases del SPD, que, a través de la votación de los 4311 afiliados en esta región, tienen de plazo hasta el 3 de noviembre para decidir si confían o no en esta alianza “rojo-rojo-verde” de cara a la gestión de los próximos cinco años.

Si se confirmara ese escenario, estaría por ver cómo afectaría este giro político del SPD hacia la izquierda a la relación que mantiene con la CDU en el Gobierno en Berlín y cómo reaccionarían en otras regiones los votantes más moderados del partido socialdemócrata. Michael Grosse-Brömer, político de la CDU, ya ha criticado este nuevo rumbo de su socio de Gobierno y ha afirmado que confía en que “las bases del SPD paren este camino en falso”. Por su parte, la secretaria general del SPD, Yasmin Fahimi, ya ha salido al paso realizando unas declaraciones en las que afirma que esta circunstancia debe entenderse únicamente en clave regional, dado que “la situación a nivel federal es completamente diferente”.

Lo cierto es que tras algo más de un año desde que tuvieron lugar las elecciones al Bundestag en septiembre de 2013, la distancia entre la CDU y el SPD se sigue manteniendo en términos similares. De hecho, los socialdemócratas, a pesar de haber sacado adelante varias de las propuestas contenidas en su programa, ven cómo su intención de voto permanece estancada o incluso a la baja.