Elecciones legislativas de Ucrania

28/10/2014

Mira Milosevich es profesora de Relaciones Internacional en IE University, School of International Relations.


Seis de los veintinueve partidos que han participado en las elecciones legislativas anticipadas en Ucrania han ganado más del 5% de los votos y se han asegurado su presencia en el Parlamento, la Rada suprema. La victoria de los partidos proeuropeos –Bloque Poroshenko (del presidente Petro Poroshenko), Frente Nacional (del actual primer ministro Arseni Yatseniuk) y Asociación de Autoayuda (fundado por el alcalde de Lviv, Andri Sadovi)– garantiza la creación de un gobierno de coalición de vocación europea. El nuevo gobierno tendrá que dedicarse a cuatro antiguas tareas pendientes: reconstruir el Estado, consolidar el frágil acuerdo de paz en Donbás, luchar contra la corrupción y adoptar medidas impopulares necesarias para realizar reformas estructurales en la economía. Su éxito o fracaso no dependerá de sus opositores en la Rada –Bloque de Oposición de Yuri Boiko (que agrupa los diputados del antiguo Partido de las Regiones del huido presidente Viktor Yanukóvich), Partido Radical de Oleg Liashko y Patria de Yulia Timoshenko–, sino más bien de su capacidad de reconciliar sus aspiraciones políticas, de cumplir las promesas electorales y de no caer en las luchas personalistas que se vieron después de la Revolución Naranja, en 2004, y que acabaron con el gobierno proeuropeo de entonces.

Los tres partidos proeuropeos comparten su deseo de adoptar las medidas de modernización y democratización de Ucrania, pero no su visión del acuerdo de paz y de la relación con Rusia, que es una de las claves de la supervivencia de Ucrania. Poroshenko puede quedarse solo en la Rada con su plan de paz en Donbás, toda vez que tanto su principal socio de la coalición Arseni Yatseniuk como los partidos de la oposición están en contra de dicho plan, y reclaman la derrota militar de los separatistas prorrusos. Si Kiev opta por derrotar a los insurgentes, y teniendo en cuenta que Rusia ya ha demostrado que no lo va a permitir, puede que en lugar de paz haya una guerra más dura.

La reconstrucción del Estado supone crear instituciones que garanticen la legalidad y la transparencia, y un nuevo modelo de Estado (el actual modelo es centralista, siendo el gobierno central quien nombra a los gobernadores locales) que dará más poder a las regiones (no solo a la de Donbás). La pésima situación económica solo puede superarse con la ayuda de la UE y el FMI.

Estas elecciones han legitimado las aspiraciones de la revolución de Maidán, pero también han profundizado en la antigua división del país: los ciudadanos de Crimea, anexionada por Rusia, y los de Donbás no han votado, ni han tenido un representante político entre los partidos que participaron.

Otros datos reflejan el contexto político y social que vive Ucrania: la participación de 52,42% en las elecciones ha sido la más baja desde la independencia de Ucrania (1991), lo que muestra la desafección ciudadana con la clase política. La polémica Ley de Lustración, adoptada poco antes de los comicios, legaliza la expulsión de todos los funcionarios sospechosos de apoyar al expresidente Yanukóvich, así que deja a las instituciones estatales sin un 30% de empleados cualificados. Los que practicaron durante la campaña electoral la “prueba del cubo de basura” –arrojar a los políticos corruptos a un container– han quedado impunes. Aunque la novedad de estas elecciones ha sido la presencia en las listas electorales de los activistas cívicos y de los voluntarios paramilitares de la guerra de Donbás, persisten, esta vez en la sombra, los hombres no tan nuevos: los oligarcas que han financiado tanto la campaña electoral como la guerra en el sureste y que, quizá, se cobrarán este favor en términos políticos.

Teniendo en cuenta todo ello, queda por ver cómo el nuevo gobierno ucraniano avanzará en su camino proeuropeo.