Elecciones en Japón, un examen para Shinzo Abe

28/11/2014

El primer ministro de Japón, el conservador Shinzo Abe, anunció el pasado 18 de noviembre la disolución de la Cámara de Representantes de la Dieta (Cámara baja del Parlamento japonés) y la convocatoria de elecciones generales anticipadas, a celebrarse el 18 de diciembre. Mucho debería cambiar el panorama político nipón de aquí a esa cercana fecha para que la coalición de Gobierno encabezada por Abe, que integran el histórico Partido Liberal Demócrata (PLD) y la formación de extracción budista Komeito, perdiese la mayoría, actualmente abrumadora, de la que goza en la Cámara de Representantes. De acuerdo con las encuestas, el PLD vería reducida su representación parlamentaria como mucho en 55 escaños, lo que permitiría la holgada supervivencia de la coalición gobernante. Ahora bien, y pese a que el adelanto electoral parece obedecer al deseo de Abe de dotarse de un renovado mandato popular que le permita tanto cambiar a fondo su Gabinete como sacar adelante las múltiples reformas pendientes, resulta harto difícil no interpretar los próximos comicios como una suerte de plebiscito en torno a las popularmente conocidas como Abenomics, esto es, el programa de medidas económicas expansivas adoptado en 2012 por Abe con el fin de sacar a Japón de la estanflación.

Unas medidas que, transcurridos dos años desde su puesta en marcha y pese a una primera fase prometedora, que movió a Abe a proclamar que Japón “estaba de vuelta”, no han coadyuvado a vigorizar la economía japonesa de forma duradera. Es más, Japón, la tercera potencia económica mundial, ha entrado formalmente en recesión en 2014, habiendo registrado su PIB una contracción del 0,4% en el tercer trimestre y un descenso del 1,9% entre los meses de abril y junio. De las tres “flechas” de las Abenomics, estímulo monetario, estímulo fiscal y reformas estructurales, únicamente la primera se ha aplicado a conciencia, en forma de masivas inyecciones de liquidez a cargo del Banco de Japón. El pretendido estímulo fiscal se ha reemplazado por una descarnada e impopular austeridad, mientras que las perentorias reformas estructurales han quedado reducidas, como ha sucedido en algunos Estados de la eurozona, a la mínima expresión. De ahí que el mercado laboral japonés siga siendo extraordinariamente rígido y que persistan, defendidas por poderosos grupos de interés vinculados al PLD, infranqueables barreras a la importación de ciertos productos agrícolas y ganaderos. Las Abenomics, además de no reportar los beneficios esperados, dada la ausencia de reformas tangibles, han prolongado unos estímulos fiscales y monetarios que tras más de dos décadas de aplicación se han revelado contraproducentes para la superación del estancamiento económico en que se halla sumido Japón desde comienzos de los años noventa. De hecho, la debilidad de la economía japonesa es tan grande en el momento presente que Abe se ha visto obligado a aplazar a 2017 un incremento adicional del IVA, previamente elevado el pasado abril del 5 al 8%.

En cualquier caso, y a pesar de las hondas repercusiones sociales del deficiente desempeño económico del país, el juicio del electorado japonés sobre la política exterior y de defensa llevada a cabo por su Gobierno tendrá un indudable efecto en las elecciones de diciembre. El anuncio por el primer ministro de reinterpretar la pacifista Constitución japonesa, y en particular su crucial artículo 9, con objeto de dotar de mayores atribuciones a las Fuerzas de Autodefensa de Japón ha suscitado inquietud en China y en Corea del Sur. Idéntica reacción ha merecido en Pekín y en Seúl la visita de Abe al santuario sintoísta de Yasukuni, donde se venera a dos millones y medio de militares japoneses caídos en conflictos bélicos. Por si eso fuera poco, la firme actitud del Gobierno nipón ante las reivindicaciones territoriales chinas en el Mar de la China Oriental ha añadido tensión a las deterioradas relaciones con Pekín. El encuentro entre Abe y el presidente chino, Hi Jinping, con ocasión de la última cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), debería ser el primer paso en la adopción de medidas de confianza mutua entre ambos Estados. Un objetivo necesario e inaplazable, pues el entendimiento chino-japonés es condición sine qua non para que la región de Asia-Pacífico no malogre su inmenso potencial y avance con paso firme por la senda del desarrollo político y económico.