La “Revolución de los Paraguas” y la desobediencia civil en China

15/01/2015

Noticia de agencia del jueves 11 de diciembre de 2014: “La policía de Hong Kong puso fin hoy a más de dos meses de ocupación de Admiralty, el céntrico distrito de la ciudad, donde miles de personas acamparon junto a la sede del gobierno local para pedir democracia real en la excolonia”. De la llamada “Revolución de los Paraguas” –los estudiantes que pedían democracia y sufragio universal en Hong Kong se protegían de los gases lacrimógenos de la policía con paraguas: de ahí el nombre– conviene destacar un par de cosas: en primer lugar, el proceder de la República Popular China en materia de política interior; en segundo lugar, un “Manual de desobediencia” que podría tener sus consecuencias en la República Popular China. Vayamos por partes.

1.- El “desalojo” de cualquier protesta y propuesta democráticas sigue siendo habitual en la República Popular China. Sin el beneplácito del Partido Comunista no hay elecciones. Y con el beneplácito del Partido Comunista hay elecciones previa selección de los candidatos que “competirán” en los comicios. En Hong Kong ha ocurrido eso: en las elecciones al Gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China, solo se podrán presentar aquellos candidatos que hayan recibido el plácet de Pekín. De ahí la protesta de los estudiantes. Pero –en esta ocasión–, no conviene olvidar el matiz. A diferencia de la represión pura y dura de Tiananmén, en Hong Kong el gobierno ha esperado a que el movimiento democrático se deshinchara con el paso del tiempo y, solo entonces, se ha desalojado pacíficamente a los concentrados y manifestantes. El detalle: el desalojo se ha efectuado como consecuencia de la denuncia de una compañía de autobuses perjudicada por la concentración de los manifestantes en el lugar de estacionamiento. ¿Algo está cambiando en la República Popular China? ¿El desalojo pacífico obedece únicamente a que la concentración y manifestación tienen lugar en una plaza fuerte económica como Hong Kong? Se verá. Más allá de la “Revolución de los Paraguas”, conviene formular la siguiente cuestión: la política interior de control que emana de Pekín, ¿servirá para hacer frente a los problemas hoy existentes –tensiones e insurrecciones étnicas, concentración de poder, desigualdad entre el campo y la ciudad, redistribución interna de recursos, problemas de vivienda o ausencia de un sistema adecuado de jubilación, pensiones y seguridad social– en la República Popular China? Vale decir que, en cuestiones de política exterior –Japón, la India, Corea del Sur, Singapur, Vietnam o Estados Unidos–, se impone el pragmatismo. ¿Puede ocurrir lo mismo –a medio o largo plazo– en política interior?

2.- El fracaso de la “Revolución de los Paraguas” se ha saldado –paradoja– con una ventana de oportunidad para el movimiento democrático en la República Popular China. Me refiero al “Manual de desobediencia” elaborado por Occupy Central, el movimiento de defensa de la democracia más importante de Hong Kong. Más allá de los detalles –ropa adecuada, manifestarse a cara descubierta, no utilizar banderas ni pancartas que limiten la visión, llevar certificado médico de las dolencias que se padezcan o información que ha de contener el teléfono móvil–, el texto caracteriza la desobediencia civil (“negarse a cumplir una ley, decreto u orden, no cooperar con las autoridades injustas y cambiar la sociedad a través de la protesta continua”), rechaza tajantemente el uso de la violencia (“no se podrá recurrir a la violencia”), llama a la responsabilidad de los manifestantes (“asumir las consecuencias legales de nuestra conducta”) e informa de la legalidad vigente en la República Popular China con el objeto de reducir las “posibilidades de cometer delito”. Veamos. ¿Por qué el “Manual de desobediencia” constituye una ventana de oportunidad para el movimiento democrático chino? Porque, además de señalar el cómo de futuras reivindicaciones democráticas en Hong Kong, permite administrar el legado de la “Carta 08” (10 de diciembre de 2008, fecha en que se conmemoraba el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), firmada por diversos colectivos de activistas pro derechos humanos, que exigen la instauración de la democracia en la República Popular China.

Nota final o aviso para navegantes cargados de supuestas buenas intenciones. Probablemente –a tenor de lo dicho–, alguien planteará la siguiente cuestión: ¿el “Manual de desobediencia civil” de los demócratas de Hong Kong es aplicable en los regímenes democráticos y en el Estado de derecho? No. El régimen democrático y el Estado de derecho son incompatibles con la desobediencia civil al constituir una esfera en la cual impera una ley que iguala, protege y hace libres a todos los ciudadanos. En los regímenes democráticos, en el Estado de derecho, la ley se cumple. Hannah Arendt: “parecen prohibitivas las dificultades para incorporarla [la desobediencia civil] al sistema legal… es obvio que ‘la ley no puede justificar la transgresión de la ley’ aunque esta violación esté encaminada a impedir la violación de otra ley” (Desobediencia civil, 1970).