La competitividad de la economía española. El antes y el después de la crisis (V). Las mejoras de la competitividad vía precios

04/03/2015

Hasta ahora hemos visto como la inadecuada inversión en capital productivo, el retraso tecnológico y los limitados cambios organizativos que han caracterizado a la economía española han marcado el retraso de su productividad y sus pérdidas de competitividad. Además, una estructura productiva basada en sectores intensivos en mano de obra, sumado a la diversidad contractual que existe en nuestro país y a la regulación del mercado laboral, excesivamente protectora para los trabajadores indefinidos, han empujado a las empresas a optar por el empleo temporal, cuyos costes de despido son, para el empresario, mucho más reducidos.

No obstante, esta elevada temporalidad (en torno al 30%), muy por encima de la que presentan otros países de nuestro entorno, no sólo agrava el comportamiento cíclico del mercado de trabajo, sino que también reduce la productividad de la mano de obra, pues la formación que reciben los trabajadores temporales dentro de la empresa es menor que la de los trabajadores indefinidos, existiendo también una fuerte tendencia empresarial a sustituir capital productivo por mano de obra temporal en periodos de expansión. Es precisamente este hecho el que ha marcado, durante todo el periodo de expansión, el crecimiento de los salarios del que hablábamos en la cuarta entrega, pero también el que ha ayudado a que durante la actual crisis se haya producido una reestructuración de los sectores productivos y una moderación salarial. Ambos hechos, unidos a la reforma laboral adoptada por el Gobierno, han ayudado a recuperar parte de la productividad. Y aunque ésta es un factor importante para mantener la competitividad en el largo plazo, lo cierto es que es sólo uno de los factores capaces de explicar esa mejora, por eso debemos preguntarnos ¿Cuáles son el resto de factores?

Para dar respuesta a esta pregunta nos centraremos en tres aspectos esencialmente. Por un lado, en los diferenciales de inflación entre España y algunos de nuestros socios comerciales, fundamentalmente los países de la zona euro. Por otro, en los factores que han influido en este comportamiento de los precios, con una especial referencia a la moderación salarial. Y finalmente, en los consecuencias que todo ello ha podido tener sobre el comportamiento del tipo de cambio real.

En lo que a la inflación se refiere, mostraremos el diferencial entre la tasa de inflación de España y la de nuestros principales socios comerciales. En concreto, los países de la zona euro a los que se unen, como socios comerciales, algunos países que no utilizan el euro como moneda, entre ellos el Reino Unido, Estados Unidos y China, así como países de Latinoamérica (México o Brasil) y de África (Argelia y Marruecos).

En el gráfico siguiente, donde se recoge la tasa de inflación de España y la Eurozona-12, podemos comprobar cómo el crecimiento de los precios en España ha sido superior al mostrado por el resto de países de la zona euro, al menos durante el periodo de expansión, cuando la pérdida de competitividad de nuestro país marcaba un déficit comercial creciente. No obstante, la tendencia cambió cuando se inició el periodo de crisis. Es a partir de este momento cuando los periodos en los que el diferencial es positivo se alternan con aquéllos en los que el diferencial es negativo. Son precisamente estos últimos periodos en los que España logra recuperar parte de la competitividad perdida, y como veíamos en entregas anteriores, mejorar el saldo de su balanza comercial.

 

Tasa de inflación interanual de España y la Eurozona-12 excluida España (1997-2014)

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)

 

Ahora bien, cabe preguntarse si los diferenciales de inflación que se observan entre España y la Eurozona-12 se reproducen con otros socios comerciales, pues la recuperación comercial que presenta España no puede quedar justificada sólo por la posible mejora de competitividad con la zona euro-12, sino también por las ganancias de competitividad frente a otros socios comerciales. Respecto a esta cuestión debemos indicar, como se muestra en el gráfico de más abajo, que al igual que ocurre con la Eurozona-12, también con otros socios comerciales se observa una pérdida de competitividad durante el periodo de expansión, al ser nuestra tasa de inflación superior a la de China, Estados Unidos o Reino Unido.

 

Diferencial de inflación de España y algunos socios comerciales (1997-2014)

 

Fuente: Elaboración propia a partir de la OCDE (2015)

 

Del mismo modo, la competitividad se recupera en el periodo de crisis, especialmente frente al Reino Unido y China, pues en el caso de Estados Unidos, y salvo en los años 2002, 2003 y 2014, los diferenciales de inflación toman valores muy bajos. En los dos primeros años la inflación española supera a la norteamericana en 1,94 y 0,78 puntos porcentuales respectivamente, mientras que en 2014 es Estados Unidos quien presenta una tasa de inflación superior a la de España en 1,84 puntos porcentuales.

A la luz de esta primera aproximación, parece que el comportamiento de los precios ha apoyado en parte la recuperación de la competitividad. La razón no es otra que el efecto directo que el comportamiento dispar de la inflación tiene sobre el tipo de cambio real, aspecto del que nos ocuparemos en entregas posteriores.

Por otro lado, y antes de entrar en más detalles sobre los factores que han influido en el comportamiento de los precios, debemos comprobar si las disparidades en los precios se observan con carácter exclusivo en el IPC, o si están presentes también en la inflación subyacente. Si las disparidades son mayores en este último caso, el carácter estructural de las mismas hará que las ganancias de competitividad puedan mantenerse en el tiempo. En relación con este hecho, cabe señalar, como se muestra en las dos tablas de más abajo, que si bien durante el periodo de expansión el diferencial de España frente a la zona euro fue similar, tanto en términos de IPC como en términos de inflación subyacente, durante la crisis el diferencial negativo a favor de España es mayor cuando eliminamos en el cálculo de la inflación los bienes cuyos precios fluctúan en mayor medida (alimentos sin elaborar y productos energéticos). Este hecho se reproduce en otros países como Grecia y Portugal.


 

Diferencial de inflación con la Eurozona-12

1997-2008

2009-2014

 

 

 

 

La mayor estabilidad de la inflación subyacente, y el hecho de que el diferencial de inflación medido a través de este indicador no sólo sea negativo durante la crisis, sino que haya ido a más a medida que la misma ha avanzado, deja entrever que la recuperación de la competitividad no será algo pasajero, sino que mediante la aplicación de medidas adecuadas por parte del Gobierno es posible que ésta se mantenga y el sector exterior se beneficie de la misma. No obstante, saber cuáles son los motivos que se esconden tras este comportamiento de los precios puede ser muy clarificador a la hora de comprender qué medidas pueden apoyar la perdurabilidad de las ganancias de competitividad vía precios, algo de lo que nos ocuparemos en la próxima entrega.