La competitividad de la economía española. El antes y el después de la crisis (VI). Consecuencia y causas de los diferenciales de inflación

11/03/2015

En la anterior entrega veíamos cómo, durante todo el periodo de expansión, España había mantenido un diferencial de inflación positivo con sus principales socios comerciales, mientras que éste se volvió negativo con la llegada de la crisis, especialmente cuando se eliminaba la energía del cálculo de la inflación. El motivo reside en que nuestro país muestra una alta dependencia externa en lo que a la energía se refiere, por lo que la evolución de los precios energéticos está altamente condicionada por la evolución de los precios internacionales.

La evolución del diferencial de inflación tiene un efecto directo sobre la competitividad internacional de nuestro país y consecuentemente sobre el comercio, algo de lo que nos ocuparemos a continuación. Como ya hemos comentado, desde que España entró a formar parte de la zona euro, y comparte moneda con otros 18 países, las tradicionales devaluaciones competitivas que han caracterizado a España en los periodos de crisis, y que han facilitado la recuperación económica a costa de un empobrecimiento interno, no pueden adoptarse. No obstante, y pese a que el tipo de cambio en términos nominales no es libremente modificable por el Banco de España, sí son factibles las devaluaciones en términos reales.

Mientras el tipo de cambio nominal expresa el precio o valor de una divisa en términos de otra, el tipo de cambio real, al recoger el efecto de la inflación, expresa el precio de los bienes y servicios extranjeros en términos de bienes y servicios nacionales. Y es precisamente el comportamiento del tipo de cambio real, fruto no sólo de las variaciones del tipo de cambio nominal, sino también de los diferenciales de inflación frente a los socios comerciales, el que afecta a las cantidades de bienes y servicios que se pueden importar y exportar.

El tipo de cambio real, que viene dado por la expresión que sigue, sí puede apreciarse o depreciarse pese a que el tipo de cambio nominal no varíe, como ocurre en el caso de los países que comparten moneda. Pero también en el resto de casos, cuando la moneda nacional no es exclusiva del país, y las autoridades no tienen ni capacidad, ni fuerza suficiente, para modificar su valor en relación a la moneda de otros países.

Si analizamos ahora el comportamiento de este tipo de cambio real podemos concluir, en primer lugar y con carácter general, que durante todo el periodo de expansión económica la moneda española se ha apreciado en términos reales, mientras se ha depreciado a lo largo del periodo de recesión. Y en segundo, que la intensidad de las apreciaciones y depreciaciones varían en función no sólo del socio comercial, sino también del grupo de bienes a los que hagamos referencia.

 

Tipo de cambio real medio anual de España frente a la Eurozona-12 excluida España y variación del mismo (enero 1997 - diciembre 2014)

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)


Así, cuando se analiza el comportamiento del tipo de cambio real entre España y el resto de países del Eurozona-12, podemos afirmar, como se muestra en el gráfico que sigue, que España fue poco a poco perdiendo competitividad a lo largo de todo el periodo de expansión y hasta mediados del 2008. Esta pérdida de competitividad fue resultado del diferencial positivo de inflación que a lo largo de toda la fase expansiva caracterizó a España. Por su parte, en la época de recesión, el comportamiento de la inflación parece haber calmado la escalada ascendente de nuestro tipo de cambio real, y si bien no se puede hablar de una verdadera depreciación de nuestro euro frente al euro del resto de países de la Eurozona-12, sí podemos hablar de un estancamiento de la pérdida de competitividad, que en periodos concretos del tiempo, y fruto de la menor inflación vivida por España, ha dado lugar a una depreciación real que ha mejorado nuestra exportaciones frenando nuestras importaciones.

 

Variación media del tipo de cambio real de España frente a la Eurozona-12 excluida España por grupos de productos

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)


No obstante, la evolución del tipo de cambio real no ha sido idéntica en todos los grupos de productos. Así, en el sector de los servicios, cuya comercialización resulta menos sencilla, las apreciaciones y depreciaciones han sido más intensas que en el sector de los bienes, para los que pese a la crisis, la apreciación, aunque con menor intensidad, ha continuado.

Además de con los Estados miembros de la zona euro, España mantiene relaciones comerciales con, entre otros países, los Estados Unidos y el Reino Unido. En ambos casos, y como se observa en los gráficos siguientes, el euro se ha apreciado en términos nominales durante el periodo de expansión, y se ha depreciado durante la crisis económica, pese a las fluctuaciones vividas, especialmente en el caso norteamericano. Además, la apreciación ha sido, frente a ambas monedas, más intensa que la depreciación. No obstante, las variaciones frente al dólar han sido mayores que las experimentadas frente a la libra esterlina.

 

Evolución del tipo de cambio nominal y real (enero 1999 – diciembre 2014)

Entre el euro y el dólar estadounidense

Entre el euro y la libra inglesa

   

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)

 

Por otro lado, y si nos fijamos en el comportamiento del tipo de cambio real del euro frente a ambas monedas, cabe señalar, en primer lugar, que el euro español ha estado siempre por encima, no sólo del tipo de cambio nominal, sino también del euro del resto de países de la Eurozona-12. Esto nos ha hecho perder competitividad frente a nuestros competidores en las exportaciones a ambos países, es decir, frente al resto de países de la zona euro, quienes han aprovechado nuestra pérdida de competitividad para aumentar sus exportaciones. En segundo lugar, debemos indicar que la depreciación real ha sido mayor que la vivida en términos nominales, especialmente en el caso de la libra esterlina. Pero no sólo eso es destacable, sino que además, la depreciación experimentada por el euro español se ha situado ligeramente por encima de la del euro general, lo que sin duda ha beneficiado ligeramente a nuestras exportaciones.

Los efectos comerciales de los diferenciales de inflación se han dejado notar frente al conjunto de socios comerciales, pues la depreciación real que ha acompañado a la nominal, cuando ésta ha sido factible, ha generado ganancias de competitividad, que al menos parcialmente han conseguido recuperar parte de la competitividad perdida durante la expansión.

Contribución de los factores internos y externos a la generación de la inflación en España (1998-2014)

Fuente: Elaboración propia a partir de AMECO (2015)

 

Si bien todavía queda un largo camino por recorrer, y dado que las devaluaciones competitivas son imposibles de lograr, al menos en términos nominales, se hace imprescindible conocer qué variables han apoyado el diferencial de precios que ha favorecido la depreciación real de nuestra moneda. Para ello descompondremos la inflación en los factores que la generan, por un lado los factores internos, y por otro los factores importados. En concreto, cuando medimos la inflación a partir del deflactor de la demanda final, podemos afirmar, como se deduce del gráfico siguiente, que con la excepción de los años 2000, 2010 y 2011, la mayor parte de la inflación española procede de factores domésticos.

Fuente: Elaboración propia con datos AMECO (2015)

 

Son precisamente estos factores internos, tal y como se deduce de los datos de la tabla anterior, los que han apoyado el diferencial positivo de inflación frente a la Eurozona-12 durante la expansión, y el negativo durante la recesión. En definitiva, son los que nos han hecho perder competitividad en la primera fase considerada y recuperarla en la segunda. Si bien, éste es el patrón que se reproduce en todos los países considerados, por lo que los factores internos son la causa principal de la inflación en todos los países con la excepción de Luxemburgo, y parcialmente en Bélgica, al menos durante el periodo de expansión.

Una vez que ya sabemos que la causa de la inflación española es fundamentalmente interna, podemos preguntarnos: ¿cuáles son los factores que influyen esencialmente en el comportamiento de los precios? Para posteriormente cuestionarnos por el comportamiento de los mismos tanto en la fase expansiva como en la recesiva y saber de este modo qué variables son más vulnerables a los ciclos y deben centrar nuestra atención con el objetivo de evitar nuevas pérdidas de competitividad como la vivida durante el periodo 2000-2008.

Para conocer los factores determinantes de la inflación interna es necesario medir el comportamiento de los precios a través del deflactor del PIB, lo que nos permite desagregar la inflación en cuatro factores causantes: los salarios, la productividad, el margen de beneficios y los impuestos. Los resultados de esta descomposición, recogidos en la tabla siguiente, muestran claramente cómo en España, durante la expansión, el crecimiento de los salarios y el margen de beneficios empresarial se convirtieron en el lastre económico de la competitividad. A este hecho se une el escaso crecimiento de la productividad, sólo por encima de la de Italia, que apenas ha logrado compensar parte del crecimiento de la inflación. Por su parte, la contribución de los impuestos al crecimiento de los precios se ha situado ligeramente por encima de la media de la Eurozona, y también de la de Estados Unidos y Reino Unido.

 

Fuente: Elaboración propia con datos AMECO (2015)

 

En resumen, durante la expansión, todos los factores considerados son capaces de explicar el diferencial positivo de inflación que presenta España, pues en todos ellos nuestro país muestra un peor comportamiento que sus principales socios comerciales, dando lugar a subidas de los precios y consecuentemente a apreciaciones del tipo de cambio real mayores que las vividas en el tipo de cambio nominal.

Si nos preguntamos por lo ocurrido durante el periodo de recesión, cabe señalar, como se muestra en el gráfico siguiente, que el control en el crecimiento de los precios que se hace patente a lo largo de toda la fase recesiva es fruto, por un lado, de la mejora de la productividad, suficiente para compensar la subida de precios que se deriva del comportamiento salarial e impositivo. Pero por otro, también lo es del autocontrol que se impusieron los empresarios, quienes estuvieron dispuestos a reducir sus beneficios a cambio de evitar el cierre de sus empresas.

Este patrón de comportamiento y, en concreto, las mejoras de productividad, acompañadas de una contención en el crecimiento del margen de beneficios empresarial, se observa sólo en otro país, en concreto en Francia, donde a pesar de todo la inflación crece más que en España debido a que las ganancias de productividad son muy reducidas, y a que los aumentos salariales son mayores que en nuestro país. Sólo Irlanda y Grecia muestran una contención en el crecimiento de los precios mayor a la que presenta España. Si bien los factores que lo explican son diferentes a los de España, mientras que en el primer país son la productividad y los salarios la causa de la deflación, en el segundo, los son la moderación salarial y de los márgenes de beneficios.

 

Contribución de los diferentes factores económicos a la variación en el deflactor del PIB (2009-2014)

Fuente: Elaboración propia con datos AMECO (2015)

 

Una sencilla comparación entre el comportamiento de las diferentes variables antes y durante la crisis nos permite afirmar que en lo que a los salarios se refiere, la moderación se ha hecho patente, con mayor o menor intensidad, en todos los países, con la excepción de Alemania y Estados Unidos. Ambos países aprovecharon el periodo de expansión para aplicar políticas económicas que si bien contuvieron el crecimiento de los salarios, también han permitido, durante la fase recesiva, disfrutar de unas menores tasas de paro. Y ello pese a que el crecimiento salarial ha sido mayor incluso que durante la fase de expansión previa.

Por su parte, los empresarios han tenido un comportamiento bastante similar en todos los países, con aumentos elevados durante la primera fase considerada, y crecimientos muy moderados o incluso negativos, en la fase de recesión. Las excepciones las constituyen Reino Unido y Estados Unidos, países ambos que muestran variaciones mínimas en la primera fase, y mucho más amplias, e incluso positivas, en el segundo periodo considerado. Especialmente alarmante es el caso de Estados Unidos, donde los márgenes de beneficios se han disparado en esta fase.

En lo que a la productividad de la mano de obra se refiere, decir que para la mayoría de los países, su contribución fue mejor para la contención de la inflación durante la fase expansiva que durante la recesiva, pues casi todos aprovecharon la expansión para llevar a cabo inversiones en capital productivo en lugar de para aumentar el empleo. Sólo en el caso de Portugal, Irlanda y España la productividad aumenta más en la fase de recesión que en la de expansión, alcanzando unos mejores resultados sobre la inflación.

El comportamiento de los impuestos difiere bastante entre países. Así, mientras en unos la contribución positiva a la inflación de los mismos es mayor en la fase de expansión que en la de recesión, en otros ocurre justo al revés. Sólo Irlanda aprueba la práctica congelación impositiva durante el periodo de crisis. No obstante, la baja contribución al crecimiento de los precios que se deriva de esta variable, parece indicarnos que aunque puede ser una buena variable de apoyo a otras medidas para contener la inflación, y conseguir así mejoras de competitividad, lo cierto es que no resulta ser una variable principal sobre la que actuar, debiendo centrarse nuestros esfuerzos en el resto de variables consideradas.

Tras esta valoración general nos centramos en el caso concreto de España, para quien, como se muestra en el gráfico siguiente, la productividad siempre ha contribuido de manera favorable al comportamiento de la inflación, si bien lo ha hecho con mayor intensidad durante toda la fase recesiva, especialmente a partir del año 2009. Por otro lado, la moderación en el crecimiento de los salarios, que se habían disparado durante la expansión, y también la de los márgenes de beneficios, han ayudado a ganar competitividad. No obstante, es necesario matizar algunos aspectos respecto a estas dos últimas variables. En primer lugar, la moderación salarial no se inició hasta el 2010, con un cierto retraso que nos ha perjudicado en las relaciones comerciales con el exterior. Si bien, cuando lo ha hecho, ha supuesto un fuerte incentivo en la corrección de la inflación. En segundo lugar, y con respecto a los beneficios empresariales, decir que éstos comenzaron su contracción a partir del 2008, cuando la contribución de los beneficios a la inflación, aunque positiva, se contuvo en más de 1,25 puntos porcentuales. A partir de ese momento las contribuciones positivas y negativas de los beneficios empresariales se han sucedido, restando continuidad a esta variable en las mejoras de la competitividad.

 

Contribución de los diferentes factores económicos a la variación en el deflactor del PIB en España (1999-2014)

Fuente: Elaboración propia con datos AMECO (2015)


¿Llegados a este punto cabe preguntarse qué conclusiones pueden extraerse de cara al futuro?, así como ¿qué recomendaciones de política económica pueden realizarse?