¿Existe capital humano para el cambio en Cuba?

30/09/2015

Para llevar adelante cualquier obra creativa, ya sea una empresa, un equipo deportivo, una labor humanitaria, una investigación científica o una lucha política, absolutamente siempre se necesitarán personas preparadas para desempeñar los roles específicos del proyecto en cuestión. Normalmente existen dos formas de acceder a ese capital humano idóneo. Una es escoger bien a las personas que tienen los conocimientos necesarios. La segunda es buscar unas condiciones base, como pueden ser: salud, talento, juventud, y a partir de ahí invertir en la formación de los futuros protagonistas de la tarea.

En el caso de la consolidación del capital humano necesario para lograr un cambio político en Cuba, a través de una Oposición seria, responsable, competitiva y creíble, la búsqueda por ambas vías está llena de obstáculos.

Con el presente análisis trataré de esbozar al menos una mirada introductoria de los distintos factores que intervienen a la hora de valorar el factor humano en esta competencia absolutamente desigual que se libra en mi país.

Lo primero que debemos establecer es que estamos hablando de política y por tanto de personas con capacidades para desenvolverse en este campo. Para lo cual pudiéramos resumir, por lo menos mentalmente, cuáles son las características que buscamos en alguien que pretende transformar una sociedad mediante la participación política. Cabe mencionar que no conozco otra forma efectiva y no violenta de lograr ese cambio.

En Cuba no existe dentro de los programas universitarios una carrera que se enfoque en las Ciencias Políticas. Tampoco se ha visto en más de medio siglo una práctica visible del ejercicio democrático que permita al menos intuitivamente involucrarse en los códigos y habilidades que caracterizan los ambientes multipartidistas, en constante debate y exposición de ideas y programas. De manera que, sobre todo, los jóvenes carecen de referentes en esta materia.

Me refiero a los jóvenes que quieran hacer política de forma independiente, alternativa, distinta a los lineamientos del Partido Comunista, único legal en el país. Puesto que aquellos que opten por reproducir el mismo modelo, aportando sus caras frescas a la defensa de las viejas ideas, cuentan con todo a su alcance para desarrollarse en el arte de manipular, mentir y censurar de la manera más elegante y educada posible, como sólo lo ha podido hacer el Gobierno cubano.

Para eso cuentan con decenas de escuelas a todos los niveles especializadas en la “Formación de Cuadros”. Una de las más emblemáticas por su carácter nacional e internacional es la famosa “Ñico López”, donde se dice que cursaron estudios varios de los líderes populistas de América Latina, incluyendo al actual presidente de la República de Venezuela.

Lo cierto es que el Partido Comunista cubano le ha dado vital importancia desde sus inicios a la “formación” de su personal. Sobre todo a aquel que representa al país en cualquier parte del mundo, no en balde han tenido tanto éxito en su influencia internacional. Y el milagro es haber logrado dicha influencia sin que su discurso se corresponda en modo alguno con la realidad que se vive en el país profundo que pocos extranjeros se molestan en conocer.

Por otro lado, cada vez que un estudiante universitario expresa ideas distintas a los eslóganes del sistema, es expulsado deshonrosamente del centro de estudios. El resultado de esta práctica discriminatoria para los jóvenes opositores es que muchos de ellos no tienen ninguna posibilidad dentro de la isla para desarrollarse y adquirir la experiencia política que les permita competir en igualdad de condiciones con los representantes del Gobierno. Hecho que aprovecha constantemente la prensa comunista para mostrarlos como marginales, incultos, gente sin principios ni ideas propias a los que potencias extranjeras les pagan para “dañar la imagen de Cuba”. Propiciando una mirada desde los ciudadanos que gira a medio camino entre el rechazo y la lástima.

La llegada de las nuevas tecnologías, aunque con mucho retraso y todavía incipientes en su impacto dentro del país, propició que por primera vez cientos de miles de cubanos vieran y escucharan sin intermediarios a las voces disidentes. Siempre hasta ahora a través de vídeos o textos clandestinos que se propagan por la isla de mano en mano. Comenzando así un proceso de creación de empatía y seguimiento que representa no sólo una oportunidad sino, y sobre todo, una enorme responsabilidad. Pues cada minuto en el que podemos hablarle a la familia cubana es un hecho excepcional en el que debemos derribar 24 horas diarias de propaganda adversa en prensa, radio y televisión oficial. Este reto entraña la necesidad de un compromiso muy alto con la superación y actualización constantes.

Si bien las tecnologías dieron un impulso en este sentido, fue la reforma migratoria implementada bajo el Gobierno de Raúl Castro la que más propició este proceso de aprendizaje. A partir de febrero del 2011, varios actores internacionales pudieron implementar programas de intercambio, becas de solidaridad y apoyo a la sociedad civil y a la Oposición política de Cuba, invisibilizada hasta entonces, salvo escasas excepciones.

Durante los últimos cuatro años, ya suman probablemente cientos los ciudadanos cubanos beneficiados de distintos proyectos de intercambio con académicos, periodistas, activistas y políticos de distintos países. No obstante, varios factores internos y externos influyen en el hecho de que el acceso a nuevos conocimientos y experiencias no se traduzca totalmente en una mayor influencia dentro del país.

En lo interno podemos mencionar la inestabilidad y débil estructura organizacional que caracteriza a los grupos opositores. Rasgo normal cuando están obligados a desenvolverse en medio de la ilegalidad y la persecución constantes, condiciones que hacen muy difícil la gestión de proyectos de carácter cívico o político que requieran de la participación activa de los ciudadanos.

La Oposición tampoco se libra del fenómeno de la emigración, principalmente a EE.UU. Muchos de los participantes en los propios cursos o eventos organizados en el exterior no regresan al país. Lo cual es sumamente difícil de prever, pues pasa lo mismo con deportistas, científicos, médicos. etc… De manera que tanto la Oposición como el Gobierno se enfrentan a esta crisis constantemente, la diferencia es que el oficialismo tiene sus sistemas propios para seguir formando el reemplazo de su fuerza activa.

Desde el punto de vista externo, la inmensa mayoría de las ONG que gestionan la superación de cubanos en el exterior están imposibilitadas de funcionar en Cuba, debido a que el Gobierno les deniega la entrada y las acusa de “fomentar la subversión” del sistema. Por tal motivo no pueden seleccionar adecuadamente a las personas que participarán en los cursos, teniendo entonces que confiar en el juicio de los líderes de las organizaciones que son conocidos y confiables para los gestores. Dándose frecuentemente el caso de que las personas enviadas por dichos líderes no cumplen con ninguna de las aptitudes necesarias para desempeñar cierto rol, como puede ser el periodismo independiente, la producción de audiovisuales alternativos o el propio liderazgo político. Habiéndose invertido ya una suma importante de recursos, no queda de otra que seguir con el programa, pero lo cierto es que algunos gestores terminan perdiéndole un poco el respeto tanto a los líderes como a los miembros de ciertos grupos y asumen en ocasiones actitudes que no les corresponden, diseñando y controlando (liderando) las estrategias y acciones prácticas de las organizaciones dentro de Cuba. Hasta el punto de que, en algunos casos, las personas que deben llevar a cabo acciones solidarias de superación terminan asumiendo casi por completo el control de las organizaciones internas.

Este rol distorsiona y enrarece todavía más la capacidad representativa y de conexión de la Oposición con el pueblo en general. Pues toda la comunicación que se realiza para coordinar cada movimiento es registrada por la Seguridad del Estado cubano y aprovechada al máximo para realizar todo tipo de materiales multimedia que alimentan la campaña perenne de descrédito a la Oposición. Cerrando un círculo vicioso que inclina la balanza a favor del Gobierno desde hace más de medio siglo.

Por suerte, una parte de las personas que han recibido algún tipo de superación, contra viento y marea están desempeñando una labor encomiable en Cuba, ganando cada vez mayor apoyo y credibilidad, proyectándose como impulsores de una nueva era tecnológica, civil y política. Lo cual aviva la esperanza y demuestra que es posible avanzar aun en las peores circunstancias, si el compromiso y el conocimiento logran combinarse satisfactoriamente. Mencionaré tres de estos emprendimientos sociales exitosos sólo como ejemplo, pues son varios más los que merecen ser reconocidos. Uno es el periódico 14ymedio.com, dirigido por Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar; también es notable la agencia de vídeo-reportajes “En Caliente Prensa Libre” con el joven Ignacio González al frente; y el recientemente inaugurado Centro de Estudios Convivencia, primer think tank cubano, liderado por Dagoberto Valdés.

El análisis profundo e integral de esta problemática es vital para que todos los actores involucrados logren mejorar su efectividad y se consiga finalmente el efecto esperado en el crecimiento y el profesionalismo de la sociedad civil y la Oposición en Cuba. Factores indispensables para enfrentar el contexto actual, marcado por la normalización progresiva de las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Estados Unidos y Cuba, así como la probable integración del Gobierno cubano a los mecanismos políticos regionales como la OEA, y el avance del diálogo con la Unión Europea para poner fin a una ya tambaleante Posición Común.