El plan de Vladimir Putin en Siria

05/10/2015

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU del pasado 28 de septiembre, el presidente ruso Vladimir Putin propuso crear una gran coalición internacional para la lucha contra el autoproclamado Estado Islámico (EI), a pesar de que ya existe una liderada por los EE.UU. Dicha coalición debería incluir al dictador Bashar al-Asad, y asemejarse a la creada durante la Segunda Guerra Mundial contra Hitler. Unas horas después del encuentro bilateral entre Putin y el presidente norteamericano Barack Obama, al margen de la cumbre de la ONU, Rusia comenzó los bombardeos de las posiciones de los opositores al régimen de Asad: de los rebeldes, del EI y del Frente al-Nusra (rama de Al-Qaeda). Los países de la alianza liderada por los EE.UU. han exigido el cese de los bombardeos rusos a los objetivos que no son del EI. El presidente francés Hollande añadió a esta exigencia dos más: asegurar la protección de los civiles e implementar una transición política que contemple la salida de Asad. La canciller alemana Angela Merkel ha insistido en que “la solución en Siria pasa por un proceso político y no sólo militar” y que dicho proceso debe contar con todos los actores del conflicto, incluido Asad.

Mientras los occidentales formulan sus quejas y se centran en la cuestión política y ética de si Asad debe o no formar parte del futuro de Siria, Putin repite su mantra de que el “legitimo presidente” es imprescindible para la lucha contra el yihadismo, pero se ocupa ya de otros asuntos, porque va un paso por delante.

A diferencia de los occidentales, Putin considera Siria un Estado fallido en descomposición, y pensar en el futuro de Asad como presidente o no presidente de la Siria de las fronteras de 2011 no tiene el menor sentido. Como se percibe en el mapa,

el territorio sirio está dividido en cuatro partes. El norte está controlado por los kurdos y bajo influencia de Turquía. La zona oriental es el campo de batalla entre el EI y los EEUU. Lo que queda del régimen y del ejército de Asad se concentra, con la ayuda de Hezbolá, en la costa y en el eje Damasco-Homs. Los rebeldes se sitúan en el eje Nubl-Alepo-Idlib y en el sur, en Deraa y Quineitra. En algunas partes su territorio está dominado por las fuerzas del Frente al-Nusra.

En estas circunstancias, la finalidad estratégica de Rusia es asegurar la permanencia de Asad en su feudo y defenderle tanto de los yihadistas como de los EEUU y sus aliados. Para ello cuenta con las bases militares de Tartu y Latakia, el centro de inteligencia situado en Bagdad que comparte con Irak, Irán y el régimen sirio, y con un plan claro: apoyar desde tierra y aire a las fuerzas terrestres de la alianza del ejército de Asad, Hezbolá, los mercenarios pagados por Rusia y cientos de tropas iraníes que han entrado en el territorio de Siria durante los últimos días.

La arriesgada iniciativa rusa de involucrarse en una guerra tan compleja que puede escalar en un conflicto mayor entre las potencias extranjeras se explica por sus intereses tradicionales, por asegurar su presencia en el Mediterráneo (como el contrapeso del fortalecimiento del flanco oriental Mar Báltico-Mar Negro por la OTAN) pero, sobre todo, por el fracaso de la estrategia de Obama de convertir a la oposición siria en una alternativa política y militar al régimen. Putin “ha robado la guerra” a los EE.UU. y sus socios de la zona de mayoría suní (Turquía, Arabia Saudí y Qatar) creando una alianza con los chiíes de Irán, Irak y Siria. El analista norteamericano David Rothkopf lo resume de un modo muy gráfico: “En la geopolítica, como en la física, la naturaleza aborrece el vacío”.

Tras cuatro años de la guerra, el presidente norteamericano no ha conseguido sus dos objetivos principales: derrocar a Asad y derrotar al EI. Con la premisa de que no hay una solución militar para la guerra civil siria, los americanos han realizado una escasa intervención aérea y no contemplaron la posibilidad de una terrestre. El promedio diario de ataques aéreos contra el EI en Siria e Irak durante la primera mitad de 2015 ha sido de 15. Para tener una idea de lo pequeña que es la intervención americana, hay que recordar que en 2011 la OTAN llevó a cabo alrededor de 50 ataques aéreos diarios contra Libia. En 2001 el promedio contra el régimen talibán en Afganistán fue de 85, y en 2003, contra el Irak de Sadam Husein, llegó a 800, un número 50 veces superior al que se registra actualmente en ese país y en Siria con los terroristas del EI.

Cuando Putin habla de establecer una coalición similar a la creada contra Hitler no piensa solo en el tipo de alianza entre Stalin, Churchill y Roosevelt. Como Stalin, sabe que su poder llegará hasta donde lleguen sus ejércitos y que no se puede obtener en la mesa de negociaciones lo que no se ha ganado previamente en el terreno. Así que no ofrece a Occidente camaradería alguna, sino un nuevo reparto de Oriente Medio en zonas de influencia. Por ahora esto significa salvar y ampliar el feudo de Asad y el aumento del poder de Rusia e Irán y los chiíes de Siria e Irak en la región.