Evaluación del Sistema Electoral Venezolano - Octubre 2015

23/10/2015

“Urgente necesidad de una observación internacional calificada para las elecciones legislativas venezolanas del 6 de diciembre de 2015” *

* La Fundación FAES publica en su sección Análisis este diagnóstico sobre las carencias e irregularidades del Sistema Electoral Venezolano elaborado y difundido por el movimiento político de ciudadanos libres “Vente Venezuela”. El documento reclama el apoyo político de los demócratas del mundo y demanda una observación internacional imparcial de las elecciones del próximo 6 de diciembre. Este comunicado coincide con la decisión de Brasil de retirarse de la misión internacional de observadores de las elecciones parlamentarias de Venezuela, porque el Gobierno venezolano objetó a un exmagistrado del Supremo Tribunal de Justicia como jefe del equipo.

 

Contexto

El próximo 6 de diciembre Venezuela vivirá un nuevo proceso electoral. Se tratará de renovar la Asamblea Nacional para el periodo 2016-2021. En línea con lo que ya hemos vivido, se anticipan varios elementos que deben preocuparnos una vez más: una campaña en extremo desequilibrada, en la cual se vuelcan todos los recursos y el poder del Estado a favor del régimen y un control oficialista del acto de votación y sus resultados. Lo anterior desemboca en unas elecciones que no cumplen con los mínimos requerimientos técnicos, legales o políticos para ser consideradas justas, libres y transparentes.

Un registro electoral viciado

Los datos contenidos en el registro electoral aumentaron considerablemente entre los años 2004 y 2015. Ello no se corresponde ni con el crecimiento poblacional, ni con el número de ciudadanos que no habían participado en otros procesos. Además, el registro carece de la dirección o lugar de residencia del elector, lo cual impide la verificación. Por último, no se ha permitido su auditoría completa.

Se realizó una verificación del registro electoral de corte Marzo 2015, en la misma se detectaron dos factores significativos:

• Abstencionistas históricos reinsertados masivamente previo al revocatorio de 2004.

• Posibles extranjeros con cédula de identidad y edad anómalas. Entre ambos suman aproximadamente 3,2 millones de electores, equivalente al 15% del registro electoral.

Campaña electoral con desmedido ventajismo

Bajo el régimen actual todo ente dependiente del Estado –ministerios, gobernaciones, alcaldías, empresas clave, estructuras informales de acción político-social– pone al servicio de la campaña electoral oficialista todo tipo de recursos –desde la toma de medidas convenientes hasta la logística– a fin de apuntalar la campaña del gobierno. En este sentido, resulta particularmente escandalosa la actitud del ente rector de los procesos electorales, el Consejo Nacional Electoral, el cual, teniendo las facultades legales para poner coto a estas situaciones, no lo hace: es la prueba más clara de la alineación de los poderes públicos. Todo lo anterior, dada la hipertrofia del Estado venezolano, permite copar el espacio público y mediático con las tesis del régimen e intenta invisibilizar o desprestigiar toda voz diferente a la oficial. Ello constituye un grave obstáculo para la libre formación de la opinión, así como para su expresión.

Centros electorales sospechosos y sin testigos de oposición

El día de los comicios se hallarán activos muchos centros electorales en sitios donde las organizaciones políticas no tienen acceso ni siquiera a través de testigos y en los que hemos detectado que los resultados desde la perspectiva estadística no se corresponden con el comportamiento de la parroquia o municipio.

El acto comicial controlado por el régimen

En la entrada del centro electoral, un oficial o soldado de la Fuerza Armada Nacional o de la Milicia Bolivariana –esta última en flagrante violación de la ley– ejerce el primer control de acceso. El elector debe pasar por la denominada “estación de identificación”, que constituye el segundo control. Se le hace entrega de una pequeña hoja de papel que indica el número de mesa y la línea del cuaderno de votación en la que se encuentra su nombre. Al ingresar a la mesa de votación se encuentra con un operador de la máquina que identifica huellas digitales, un técnico de la máquina de votación, un presidente de mesa, más miembros principales y suplentes, así como representantes de agrupaciones políticas. Al contabilizar los funcionarios del Estado que toman parte del proceso y los que están identificados con el régimen, entrenados y preparados para impedir el libre ejercicio del sufragio, sumamos seis[1]. Por el contrario, las agrupaciones políticas de oposición sólo cuentan con uno o dos testigos.

El fraude el día de la elección

El fraude, partiendo de la manipulación del registro electoral por parte del Consejo Nacional Electoral, se expresa el día de la elección de varias maneras:

  1. Retardo en la apertura del centro electoral.
  2. Problemas técnicos con las máquinas identificadoras de las huellas digitales o con las máquinas de votación[2].
  3. Intimidación de electores.
  4. Violación del secreto del voto[3].
  5. Se mantiene abierto el centro electoral, artificialmente, sin electores en cola[4].
  6. No se realiza la auditoría de verificación y conteo de las boletas, reflejando la ausencia de mecanismos de control ciudadanos[5]. Sólo se tiene constancia de realización de la verificación en el 17% de las mesas en la última elección presidencial. Esto no representa una muestra aleatoria ni representativa del universo electoral.
  7. La opacidad del sistema electrónico a todos los niveles: cierre de mesas y transmisión y totalización de los votos, lo cual significa potenciales debilidades que permitirían una manipulación de todo el proceso[6].

Conclusiones

Este conjunto de hechos nos permite concluir que el proceso electoral no es libre, transparente, ni equitativo y que no refleja la voluntad del elector, dado el control que el régimen ejerce. Se impone, pues, una observación internacional calificada y numerosa.

Recomendaciones para una observación internacional crítica

Los elementos fundamentales que deben ser observados son los siguientes:

  1. La instalación, composición y funcionamiento de las mesas electorales, en especial aquellas identificadas como “problemáticas”, de acuerdo a irregularidades detectadas.
  2. La actuación de todos los organismos del Estado involucrados en el proceso electoral.
  3. La composición y distribución de los electores inscritos en el registro electoral, en especial aquellos con irregularidades en sus datos.
  4. El funcionamiento del sistema electrónico de votación, en especial los procesos de verificación ciudadana, la transmisión de los datos tras el cierre de las mesas de votación y su totalización en la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE).


[1] Cabe hacer aquí algunas observaciones sobre la selección de los miembros de mesa. En el pasado, sus integrantes eran residentes de la zona, con educación media, técnica y/o universitaria. En muchos casos, maestros de las escuelas donde se desarrolla el proceso. A partir de 2006, los ciudadanos elegidos suelen poseer escasa formación o sólo han cursado la escuela primaria, están vinculados a algún ente del Estado, no residen en la zona y no convocaron al referéndum revocatorio presidencial del 2004. Por otra parte, los “técnicos y operadores de máquinas” son ciudadanos inscritos en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y, en un porcentaje no determinado, son integrantes del Frente Francisco de Miranda, organización cuyos integrantes son entrenados y capacitados en La Habana, Cuba, con fines ideológicos.

[2] El proceso se detiene, aumenta la cola, no se permite pasar el proceso a voto manual y el retardo obliga a los electores, bien a abandonar el centro, bien a permanecer más horas de las necesarias, o finalmente a desistir de ejercer su derecho. Estos problemas se presentan en centros con más de 10 mesas y donde estadísticamente la oposición ha ganado en comicios previos.

[3] En centros particularmente controlados o aislados, militantes del régimen acompañan al elector y lo “asisten” directamente en la emisión de su voluntad.

[4] Este aspecto cobra especial importancia, pues hemos determinado que la hora de cierre es el momento en que se inicia la manipulación de los resultados.

[5] En Venezuela se acepta como válido el resultado que la máquina arroje (acta de escrutinio), sin que se cuenten todas las papeletas (los votos físicos) y sin comparar el resultado del conteo con los cuadernos de votación. Se viola así el carácter público del proceso electoral como acto del Estado, limitando la contraloría del proceso por parte de los ciudadanos. Así, se ha avalado en cada proceso que no es necesario contar todos los votos, lo cual sería estadísticamente procedente sólo con un registro electoral no viciado. En ese sentido, se escoge “al azar” un número de mesas en cada centro a las que se les practica la auditoría de verificación y con ello se valida todo el proceso.

[6] La máquina de votación que se emplea en Venezuela es bidireccional en el envío y recepción de los datos, sin que exista verificación de este proceso. Admite el uso de memorias USB (flash memories), lo cual hace extremadamente vulnerables los datos al facilitarse el acceso y movilización de éstos. Además, sus protocolos de acceso y manipulación no son verificables.