Aportaciones oportunas

11/01/2016

Cuando solo faltaban dos semanas para la consulta electoral de 20 de diciembre de 2015 aparecieron unos mensajes clarísimos para que los ciudadanos supiesen a qué atenerse. Quizás el más importante lo proporcionó un excelente economista, al que mucho se criticó por haber aceptado en el Gobierno Zapatero el puesto de Secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa. Ahora, en unas declaraciones a Aida Collado, publicadas en el diario gijonés El Comercio, el 29 de noviembre de 2015, señalaba nada menos que lo que sigue. En primer lugar, que se precisa resolver el problema del endeudamiento así como el del paro excesivo, pero que “si entendemos la recuperación en términos de que el PIB está creciendo (ésta sí existe), en términos de que el empleo está empezando a crecer también”. Las amenazas comparadas del endeudamiento le mueven, naturalmente, a sostener que “aunque la recuperación ha comenzado, la crisis no ha acabado”.

A ello añade los muy graves riesgos a los que se enfrenta la economía española. Sus palabras siguen siendo muy oportunas: “Yo creo ‑dice textualmente‑ que no tiene grandes riesgos más allá de la fatiga de las reformas”, a lo que agrega “la fatiga de seguir en la dirección en la que estamos, pensando que con milagros de corto plazo vamos a conseguir soluciones a largo plazo”, aunque, efectivamente, nos puede dificultar la recuperación el que pudieran desaparecer los que denomina “vientos de cola”, como son “la caída del precio del petróleo, los bajos tipos de interés de la zona euro, el bajo coste de financiación y la depreciación del euro”. Y esto aparte de que la alteración de muchos aspectos de la estructura y talante del mando del Banco de España, la acción de Elvira Rodríguez en la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la liquidación de todo un conjunto de decisiones relacionadas con las Cajas de Ahorros, en quiebra muchas de ellas por no haber seguido nuestra política financiera el mensaje de Jaime Terceiro en el número especial de Información Comercial Española en diciembre de 1995, seducida ‑añado yo‑ la entonces política financiera por lo asumido, dispar, en Cajas y Bancos, en la crisis de 1977. Ahora, gracias a esas modificaciones puede decir José Manuel Campa rotundamente: “Creo que el sistema financiero está más que superado. El año que viene, la entidad bancaria europea va a hacer un análisis de estrés, y mi predicción es que los bancos españoles saldrán bien parados. Es una predicción con trampa, porque ya salieron bien en el análisis que se hizo el año… 2014, y desde entonces la situación ha mejorado”.

Y agrega: “Lo importante es pensar que, como sociedad en su conjunto hemos pasado una época difícil y dura, pero de una forma modélica. El ajuste de la economía española (ese que correspondió al Gobierno Rajoy, digo yo) ha sido muy alto. Si miramos desde 2008 el ajuste que se ha producido en déficit por cuenta corriente, en el sector inmobiliario, en competitividad, en el conjunto de las exportaciones, se ha hecho con el esfuerzo de todos, en condiciones de paz social y de estabilidad… Hay cosas de las que estamos orgullosos después de esta etapa difícil”.

Tras exponer este juicio de Campa, incontrovertible, ahora todo eso ha pasado a juzgarse de otro modo. Los economistas ya lo han juzgado, pero toda una serie de ignorantes de la economía han pasado a decir lo contrario. A veces hay que pensar que la reacción justa ante ello sea aquella frase irritada de Alicia, que transcribe Lewis Carrol en el epígrafe “Quien robó las tartas” de su obra tan querida, a partir de Robertson, por los economistas, prologada por su autor en la Navidad de 1896: “¡Serán estultos!”