Review by Mira Milosevich El engaño de la diversidad

Mira Milosevich es analista de FAES.

The Diversity Delusion. How Race and Gender Pandering Corrupt the University and Undermine Our Culture, de Heather Mac Donald.
St. Martin’s Press, September 2018, 278 páginas.


El título del último libro de Heather Mac Donald, la autora de bestsellers según New York Times,  es un tanto complicado, The Diversity Delusion. How Race and Gender Pandering Corrupt the University and Undermine Our Culture. La traducción más adecuada al castellano sería: 'El engaño de la diversidad. Cómo el sometimiento a la Raza y el Género Corrompen la Universidad y Socavan Nuestra Cultura'. Un título complicado para un libro minucioso que demuestra dos características fundamentales de las universidades en los EEUU:

1) La facilidad con que las universidades estadounidenses crean organismos internos para estudiar y decidir sobre problemas supuestos o reales, y

2) La discrecionalidad con la que las burocracias universitarias toman medidas drásticas sobre sus cuerpos docentes sin someterse a ninguna supervisión judicial.

Esta falta de supervisión judicial especialmente es evidente en dos fenómenos que están destruyendo la enseñanza universitaria en los EEUU: cuando se trata de la supuesta violencia sistemática contra hispanos y afroamericanos denunciada por estas minorías y de  las supuestas “violaciones en campus” denunciadas por las feministas.

La expone abultadísimo dossier de persecuciones a profesores de importantes universidades de EEUU, no todas de la Ivy League, pero en su mayoría de elite (Harvard, NYU, Yale, Duke, Davis, Berkeley, UCLA, UCSD, San Diego State University, etc.) donde la ofensiva de las asociaciones de estudiantes afroamericanos e hispanos ha sido más virulenta y deletérea, diezmando los cuadros profesorales, indefensos estos ante la tibieza (cowardice, escribe la autora) de las administraciones universitarias que, sistemáticamente, han venido concediendo crédito a los perseguidores en detrimento, no sólo de los profesores perseguidos, sino de la propia institución.

Los datos que la autora pone al disposición del lector tienen la función de demostrar  que las  administraciones universitarias han sido dispuestas inculparse colectivamente de los “crímenes” que los estudiantes imputan a sus miembros individuales o, al menos, de haber permitido la creación o el surgimiento de un ambiente de racismo que propicia  las agresiones contra los colectivos de estudiantes afroamericanos e hispanos.

Mac Donald comienza por exponer su propio caso: formada en los estudios postestructurales y deconstruccionistas de los años finales del siglo XX, expresión de las ideologías de izquierda post sesenta y ocho , trató de aplicarlos a la nueva ideología radical del cambio de siglo. Las presentaciones de su libro The War on Cops, sobre la culpabilización general de la policía por violencia sistemática contra hispanos y negros, fueron sistemáticamente boicoteadas o prohibidas en diversos campus, como agresiones fascistas y racistas contra los estudiantes negros e hispanos.

La autora subraya el carácter delirante de estas acusaciones. Sus denunciantes insisten en que los campus son escenarios peligrosos para ellos, dado el sesgo racista de la cultura política de muchos de sus profesores y compañeros blancos (y asiáticos). Según la autora, nunca un grupo humano ha gozado de mayor seguridad y protección que los estudiantes de las universidades norteamericanas en nuestro tiempo, y arguye que las “micro-agresiones” denunciadas por los universitarios negros e hispanos no son solamente fantasiosas y falsas. Lo más importante es que estas denuncias  forman parte de una estrategia ideológica dirigida a ampliar sus privilegios (aumento de las admisiones y becas para hispanos y afroamericanos y reducción de las exigencias académicas). Esta estrategia, como la autora lo demuestra con estadísticas incontrovertibles, resulta altamente perjudicial para sus teóricos beneficiarios, confinados en la banda más baja del rendimiento universitario y de las expectativas profesionales.

La ideología de género y el mito feminista de la “violación de campus” supone  otra causa de la destrucción de la enseñanza universitaria y es un reflejo de la ideología radical. Según Mac Donald, el carácter delirante o falaz de las agresiones denunciadas por las organizaciones feministas universitarias ha calado en la ideología del movimiento #metoo. La “violación de campus”, en los supuestos más realistas, se halla al nivel de las “micro-agresiones” denunciadas por las asociaciones de estudiantes antirracistas.

La autora concluye que el mayor problema reside en la actitud oportunista y cobarde de las autoridades universitarias, que sortean las medidas legales de los gobiernos (por ejemplo aquellas que como la Proposición 209 de 1996 del Estado de California, votada por la mayoría de la población, ponían fin a toda discriminación positiva o negativa por criterio de género o raza), mediante una retorsión intencionada de las normativas, encaminada a restaurar la discriminación disfrazándola de criterios holísticos que exigen contemplar factores como origen familiar o capacidad de liderazgo personal por encima de los rendimientos académicos , conocimientos o disposiciones favorables a los distintos estudios, todo ello con la finalidad de privilegiar de nuevo los factores raciales en la selección del alumnado. Esta actitud  ha conducido, de hecho, a la división de las universidades americanas en una entidad fantasmal prestigiosa (Berkeley I, por ejemplo) que vive aún del crédito académico conseguido en el pasado, y otra (Berkeley II, siguiendo con el ejemplo) minada y destruida por las ideologías de género y raza. 

Los dos aspectos de este libro -la facilidad con que las universidades estadounidenses crean organismos internos para estudiar y decidir sobre problemas supuestos o reales, y la discrecionalidad con la que las burocracias universitarias toman medidas drásticas sobre sus cuerpos docentes sin someterse a ninguna supervisión judicial-, pueden ser difíciles de entender para un lector español. Aún contando con la amplia autonomía de las universidades españolas, estas dos características de las americanas no son trasladables a las universidades públicas de nuestro país. Ni siquiera a las privadas. Un profesor que, en España, se crea injustamente tratado por las autoridades académicas de su universidad puede apelar a los tribunales civiles. En los EEUU no resulta fácil hacerlo. A pesar de ello, este libro merece ser leído porque explica cómo se fabrican las falacias que están destruyendo el sistema de la enseñanza universitaria bajo el paraguas de lo políticamente correcto.

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