Análisis FAES La insurgencia nacionalista en Cataluña

26/12/2018

Miquel Porta Perales es crítico y escritor


Más allá de la deslealtad institucional y constitucional, la provocación, el desafío, la desobediencia, el golpe a la democracia y al Estado de derecho y –si así lo resuelve el Tribunal Supremo– la malversación de caudales públicos, la rebelión, la sedición o la conspiración para la rebelión o la sedición, más allá de todo ello, hay indicios suficientes para sostener que en Cataluña estamos asistiendo a un proceso de insurgencia civil que, hoy, no está lejos de una fase de ensayo general callejero.

Insurgencia civil porque se quiere cambiar el orden político establecido (derogación ilegal de facto de la legalidad constitucional y estatutaria el 6 y 7 de septiembre de 2017; referéndum ilegal de autodeterminación el 1 de octubre de 2017 y declaración unilateral del 27 de octubre de 2017) y porque hay un movimiento organizado con un claro componente violento –CDR, GAAR o Bandera Negra– y una lucha prolongada en dicho sentido (el 'paro de país' del 3 de octubre de 2017, el intento de asalto del Parlamento de Cataluña del 1 de octubre de 2018 así como los graves disturbios del mes de diciembre de 2018: kale borroka, guerrilla urbana, vandalismo, violencia encapuchada y atentado a derechos fundamentales). También, porque existe un plan para enfrentarse a la legalidad democrática y al Estado de derecho y proclamar la independencia de Cataluña: la llamada 'vía eslovena' avalada por el hoy presidente de Generalitat de Cataluña que comporta unilateralismo antidemocrático, violencia, uniformismo étnico y aceptación de las consecuencias que tendría un proceso de esa naturaleza en forma de conflicto civil violento.

Una vía que ya fue explorada en 2013 por el gobierno de la Generalitat de Cataluña de la época (viajes de asesoramiento de miembros del Ejecutivo) y que contó con el visto bueno del ahora vicepresidente de la Generalitat –Pere Aragonès, de ERC– que publicó un artículo titulado Una historia eslovena (2013)[1] en que apuntaba que, una vez proclamada la independencia de Cataluña, la Unión Europea, como ocurrió entonces con Eslovenia, podía cambiar de opinión y reconocer la independencia de Cataluña, porque “esta historia [la independencia de Eslovenia] nos enseña que las posiciones en materia de relaciones internacionales y comunitarias se adaptan a las nuevas circunstancias” y “dependerá de nuestras habilidades y de las propias características del proceso que la comunidad internacional opte por la primera [el reconocimiento de la independencia de Cataluña sin el acuerdo de España] y no la segunda [el no reconocimiento de Cataluña]… el futuro no nos lo han escrito, lo escribiremos nosotros con los hechos y las actitudes”. Así que téngase en cuenta que fue Pere Aragonés –tenido por conciliador y moderado– y no Torra quien primero teorizó con entusiasmo sobre la 'vía eslovena'.

El independentismo catalán, superada la fase de preparación –victimización, subversión, adoctrinamiento y agitprop interior y exterior–, busca entrar de lleno en la fase del ensayo general callejero con la mirada puesta en la celebración del juicio contra los políticos presos que abriría la fase de la culminación secesionista. Se dirá que esa es la opción de una parte –la más radical– del nacionalismo catalán. Cinco precisiones al respecto: 1) el radicalismo nacionalista no es solo cuestión de dos iluminados como Carles Puigdemont o Joaquim Torra y su cohorte; 2) los llamados moderados solo hacen gestos que se agotan en sí mismos; 3) existe el nacionalismo del cuanto peor mejor que está dispuesto a repetir el choque con el Estado al precio que sea, 4) hay determinados intereses económicos que igualmente parecen estar dispuestos a repetir dicho choque en favor de un hipotético beneficio a corto, medio o largo plazo; y 5) si, llegado el momento, la coyuntura fuera propicia, a nadie le sorprendería que no sólo los más radicales entre los radicales sino que otros sectores del nacionalismo catalán que ahora se distancian de esta estrategia, se sumaran in toto a ella.

 

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