PRIMERO, LOS PACTOS EN LA MONCLOA

09/04/2020

Se nos dice con razón que la crisis del coronavirus supone un impacto simétrico. Afecta a todos los países de la Unión Europa, no se puede atribuir a nadie la culpa de la infección y se debe asegurar bajo todas las formas posibles el apoyo público para que la actividad económica y el empleo no se hundan de manera irreversible. De ahí se deduce que, a diferencia de la crisis de 2008, el apoyo europeo no debe estar sometido a condicionalidad (los famosos “hombres de negro”) y no cabe invocar el riesgo moral alertando de las garantías que hay que exigir para que el dinero de Bruselas –o Frankfurt o Luxemburgo– no aliente los peores vicios de gasto de los países del Sur. Conclusión: hay que acordar alguna fórmula de mutualización de la deuda para que, con la garantía de todos los Estados miembros o del propio presupuesto comunitario, los recursos que se necesitan no se carguen sobre niveles de deuda nacionales ya demasiado abultados.

Estamos de acuerdo. Pero cuando el Gobierno se sienta en el Eurogrupo, pendiente todavía de alcanzar un acuerdo, o su presidente interviene en el Consejo Europeo, tienen, al menos, dos problemas cuando formulan esta doctrina. El primero es que España cerró 2019 con un déficit del 2,7% del PIB, superando en 7 décimas el objetivo del 2% que el propio Gobierno de Sánchez se marcó para el año pasado. El segundo problema tampoco es menor. Resulta que cuando tenemos que convencer a nuestros socios de que no hay riesgo moral en la ayuda que España reclama, se lanza la iniciativa de la renta universal con el sello de Podemos. Desde luego que este no es el mejor argumento para recabar solidaridad a otros, ni Podemos es el mejor aval de la iniciativa, ni tampoco al que se le ha ocurrido empezar a venderla se puede decir que tiene mucha idea de estrategia negociadora. Es un error. Piénsese el efecto sobre las posiciones de Holanda, Alemania y los países nórdicos al enterarse de la idea. Y no es que la idea en sí misma tenga que ser anatema. Que se discuta, ese es un tema distinto, pero no en el peor momento, poniéndola en circulación sin definir nada y sin calibrar sus implicaciones que son mucho más serias de lo que pueden pensar sus promotores. Parece que, esta vez sí, el Mecanismo europeo de estabilidad (MEDE) vendrá, con hombres tal vez de traje gris, no negro, pero al fin y al cabo, en forma de préstamos que hay que pagar y que cargarán la deuda.

El Gobierno se lo ha puesto a sí mismo muy difícil. ¿Pactos de la Moncloa? Para empezar lo que se necesita más bien es un pacto en la Moncloa, dentro del propio Gobierno, si es que lo hay en singular. El PSOE debería elegir mejor sus compañeros de viaje porque en la travesía que tenemos por delante, con algunos partidos pasa lo que con algunos vinos, que viajan mal, especialmente si su destino es Bruselas.

 

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