CORONAVIRUS ¿Reconstrucción o reencarnación?

21/04/2020

Vicente de la Quintana es colaborador de la Fundación FAES


Desde la última campaña electoral, Pablo Iglesias blande una Constitución de bolsillo con los artículos que le parecen de contenido “social” subrayados en rojo. Con ella en la mano, se ha urgido a la oposición para que suscriba unos nuevos ‘Pactos de la Moncloa’. Siempre que tales acuerdos se ajusten, claro está, a la interpretación canónica que de la Constitución hace el señor Iglesias. El mismo que, al tomar por vez primera posesión de su escaño, prometió “trabajar para cambiarla”.

Lo cierto es que el actual vicepresidente segundo llegó al Congreso con una visión muy clara del significado de aquellos pactos y de la Transición en general. En su libro de 2014 Disputar la democracia había escrito que con los Pactos de la Moncloa de 1977 “la burguesía” había tratado de “desactivar la protesta obrera” y afeaba la posición consensual del PCE de entonces. En 2014, Pablo Iglesias atribuía el nacimiento de Podemos a una crisis terminal del “régimen del 78” con “su Rey, sus Pactos de la Moncloa, su bipartidismo, sus bases de la OTAN, su Constitución”.

En 2016, desde la New Left Review, los describía así: “optaban básicamente por la moderación salarial y el cierre del ciclo de luchas obreras, que había sido muy intenso desde principios de la década de 1970, a cambio de inconcretos beneficios sociales”.

Recientemente, Juan Carlos Monedero los describía como “Pactos del miedo”, descalificándolos como la respuesta del “capitalismo provinciano español sobre las espaldas de los trabajadores”. Según Monedero, eran “migajas de Homero” porque “estaban atravesados de todas las trampas y restricciones de la Transición”. En suma, “la capitulación de un país”, porque “el PSOE de Felipe González tenía una agenda moderada” y “el PCE tenía miedo”. Por eso el ideólogo de Podemos invita ahora a “llegar mucho más lejos” y defiende que los acuerdos “para después de esta guerra contra el covid-19 deberán expresar el consenso que está naciendo en España por un (nuevo) contrato social”.

Por su parte, Xavier Domènech, exsecretario general de Podemos en Cataluña, emitía hace pocas fechas este ‘trino’: “Sinceramente este es el momento de una (sic) New Deal, o incluso de ir más allá de ella, no de unos Pactos de la Moncloa. Lo primero nos habla de una transformación a la corta y a la larga del modelo económico y social, lo segundo de contención (que de eso ya sabemos)”.

Esto de la “transformación a la larga del modelo” lo desarrolla el ministro Castells en un artículo de hace pocos días aparecido en La Vanguardia y titulado “Reset”. La cosa desborda bastante la analogía con los Pactos de la Moncloa porque, según el ministro, “sólo hay futuro en una reencarnación colectiva de nuestra especie”. Cierto que la visión del ministro es tan ambiciosa como confusa: habla a los “humanos depredadores” advirtiéndoles de “la necesaria prioridad de lo público en la organización de la economía y la sociedad” sin que eso suponga, sin embargo, “estatización”. Además, quiere “revitalizar el sector público” pero también “despolitizarlo” y “desburocratizarlo”. Y financiarlo con “una nueva fiscalidad” que sin embargo no suponga “más impuestos para la gente”. Fuentes Quintana, ciertamente, queda lejos.

Convendría que la coalición gobernante alcanzase un consenso consigo misma sobre aquello para lo que se convoca a la Oposición: ¿“reconstrucción” o “reencarnación”?

Tal y como concluye el ministro: “La vida sigue, pero otra vida. Depende de nosotros que la hagamos maravillosa”. Seguro que sí.

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