"DESESCALADA" Y "VUELTA A LA NORMALIDAD"

23/04/2020

El presidente del Gobierno acaba de obtener por tercera vez la autorización crítica –con el socorro leal del principal partido de la oposición– del Congreso de los Diputados para prolongar el estado de alarma en España. Ello significa la continuidad quince días más de las medidas de confinamiento de la población, del cierre de comercios y del recorte de algunas de nuestras libertades en pro de la máxima contención del coronavirus en nuestro país (con la excepción del controvertido paseo de los niños permitido a partir del próximo 27 de abril). Esta nueva prórroga nos llevaría ya, según Sánchez, al horizonte de la siguiente fase, la desescalada, y a una paulatina vuelta a la normalidad que –apunta– podría empezar a mediados del mes de mayo.

Sin entrar a valorar la validez de predicciones, pronósticos y fechas –pues la mala experiencia de la curva, su pico y su doblegamiento demuestran la distancia entre la propaganda oficial y la realidad de los datos–, es indudable que el Gobierno ha encontrado en los conceptos “desescalada” y “normalidad” sus dos siguientes artificios mentales con los que administrar a la población desde sus terminales la única vacuna que parece haberle funcionado: la de la distracción y el ocultamiento.

“Desescalada” y “vuelta a la normalidad” serán pues los nuevos mantras sobre los que girarán a partir de ahora los nuevos discursos para adormecer conciencias y aliviar cualquier crítica a la gestión de la crisis por parte del Gobierno. No sería de extrañar que, desde ya, se empezara a pedir –a la oposición, a los disidentes en redes sociales y a los medios de comunicación críticos– una abstención leal de cualquier opinión que pudiera poner en peligro la “desescalada” y la “vuelta a la normalidad”.

Y ello independientemente de que no exista aún un plan real de medidas coordinado con las comunidades autónomas, o de que sigan faltando mascarillas para toda la población, o de que muchos sanitarios no tengan todavía a estas alturas equipos de protección adecuados y estos no terminen de llegar a hospitales y residencias de toda España. Ninguna crítica y ninguna opinión no validada por el Gobierno entorpecerán la desescalada oficial que nos devuelva a los españoles a la normalidad mundana. Ese es el panorama futurible.

Ante esta afectación continuada a la libertad de expresión y de opinión, la pregunta es, ¿cuál es la normalidad a la que nos conduce un Gobierno cuyo nacimiento adolece de la máxima anormalidad: el apoyo del populismo radical de izquierdas y de los partidos independentistas? La respuesta es sencilla: ninguna.

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