LLUVIA Y SEQUÍA

28/04/2020

“Si el Gobierno se atribuye el mérito de que llueva, no se puede quejar de que le culpen de la sequía”. Esta frase atribuida al político y diplomático americano Dwigth Morrow debería repasarla el Gobierno cuando se queja de la crítica a que está siendo sometido por su gestión de la crisis de coronavirus. Porque el Gobierno ha tenido todo aquello que constitucionalmente podía pedir sin que la oposición le haya negado ninguno de los instrumentos que requería para afrontar la crisis. El estado de alarma se ha prorrogado tres veces y las administraciones autonómicas se han colocado en una posición de subordinación jerárquica al mando único. La interpretación de estos instrumentos ha sido más que extensiva y el origen de las críticas que últimamente tanto parecen afectar al Gobierno son producto de su propia factoría de contradicciones y dudas, de la falta de transparencia, de su afán por reclamar la autoridad y desplazar la responsabilidad, y de una grave carencia en el trato con la oposición con la que el Gobierno actúa exactamente al revés, cargándola de responsabilidad pero negándole toda autoridad política porque ese reconocimiento queda reservado para sus socios.

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