NO SERÁ EL ÚLTIMO

25/05/2020

Apremiado para salir del agujero al que le ha arrojado su pacto con Bildu, el Gobierno y su partido han recurrido al manual de la mentira que últimamente tanto frecuentan. En este caso, las mentiras han sido dos. La primera ha consistido en proclamar que el pacto con Bildu es culpa del PP. La segunda pretende asegurar a los incautos que este ha sido un hecho aislado, provocado por el “pánico” de Sánchez a perder la votación sobre la quinta prórroga del estado de alarma que el malvado PP quería convertir en una censura al Gobierno. Y no se repetirá.

Sí, se repetirá cuantas veces sea necesario, porque no es que el PSOE y Bildu sean interlocutores ocasionales. Son socios y desde hace tiempo. Solo se necesita un fácil ejercicio de memoria reciente: Bildu se integró en la operación de censura contra Mariano Rajoy que llevó al poder a Pedro Sánchez y después de apoyar la investidura ha permanecido como célula durmiente de la mayoría Frankenstein. Cómo no recordar la obsequiosidad hacia la portavoz de Bildu que Sánchez exhibió en el debate de investidura a pesar del brutal alegato contra la Constitución de la dirigente bildutarra.

El pacto con Bildu en Navarra es el que ha permitido a los socialistas alcanzar el Gobierno foral. Más recientemente, Carlos Salvador exsenador y exdiputado de UPN, explicaba aquí la moción de censura que ha llevado a Bildu a presidir el ayuntamiento de Estella gracias al voto de dos concejales tránsfugas (?) del Partido Socialista de Navarra. “Que no nos engañen –explicaba Salvador–. Ni el PSOE de Pedro Sánchez, ni el PSN de María Chivite –actual presidenta del Gobierno de Navarra– han querido evitar la moción de censura contra Navarra Suma. Y eso que lo habrían tenido muy fácil. Afirmar que no apoyan la moción y que no la comparten, y comprobar cómo lo único que se les ocurre para impedirlo es expulsar del partido a los concejales rebeldes es tomar a los ciudadanos por idiotas”.

Sería un error creer que Bildu es el terreno –cenagal más bien– de uso exclusivo de Pablo Iglesias. En la coalición Frankenstein, los bildutarras tienen asignado un papel importante que consiste en impulsar el componente contraconstitucional del Gobierno e incordiar seriamente al PNV, al que quieren disputar el monopolio de los favores de Sánchez. Es posible que con la emoción que le produce al sanchismo contar con semejantes socios, se les haya ido la mano en el ninguneo al PNV provocando en este un enfado mayor de lo que Frankenstein puede manejar. Pero el hecho de que ese pacto se mantenga –ahí permanecen las tres siglas unidas en un documento firmado y de alto contenido político– sigue siendo una declaración y no solo de intenciones.

Muchos socialistas habrán optado por consumir disciplinadamente la mentira de su dirección. Cuando la realidad es tan desoladora, la negación es una respuesta frecuente. Pero que no se engañen, ni la culpa es del PP ni este episodio que les avergüenza será el último. Y ya que hablamos de Navarra, esos socialistas que se duelen de estas críticas, deberían recordar la advertencia de San Ignacio: “el que no vive como piensa, termina pensando como vive”. En compañía de Bildu, claro.

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