OBITUARIO FAES Valery Giscard d’Estaing: Un presidente social y europeísta que no supo ser amigo de la España de la Transición

04/12/2020

Eduardo Inclán Gil, historiador e investigador. Maître en Histoire por la Universidad Toulouse II-Jean Jaures


El pasado 2 de diciembre falleció a los 94 años el antiguo presidente de Francia, Valery Giscard d’Estaing, una figura política que ha marcado el devenir de Francia desde los años 60, siendo la secretaría de Estado de Hacienda en 1959 su primer destino político, hasta los últimos, cuando se postuló sin éxito como el candidato de la derecha para la presidencia de la región de Auvernia en 2018. 

Valéry René Marie Georges Giscard d'Estaing, nacido el 2 de febrero de 1926 en Coblenza (Alemania) durante la ocupación de la región del Rühr a cargo del ejército francés, ha sido un hombre que despertó siempre sentimientos encontrados. Si bien al principio era visto como un símbolo de la modernidad, abierto a la sociedad y partidario de la reforma de la República, durante su mandato de siete años como presidente todo se fue enturbiando y bloqueando. La mala situación económica rompió sus vínculos con las organizaciones sociales y las clases populares, acosadas por el paro y los ajustes presupuestarios del Ejecutivo y el programa reformista se bloqueó entre huelgas y protestas, agravadas ante una reafirmación de la unidad de acción de las fuerzas de la oposición socialista y comunista y su alejamiento de los conservadores gaullistas. 

Su imagen internacional de tecnócrata e intelectual se fue desvirtuando por sus relaciones afectuosas con las dictaduras africanas más detestables (como la República Centroafricana de Bokassa) y su permisividad ante el refugio de terroristas de ETA en el sur de Francia, tema que hizo que su imagen en España se hundiese y fuera visto como un presidente que ponía piedras en el camino de la reforma democrática y la integración de España a la Europa comunitaria, lo que causó que la prensa le diera el sobrenombre de “enemigo de España”, algo que le alejó de cualquier relación con los partidos políticos españoles tras su salida del poder en 1981 y que arrastró durante décadas. 

También es destacable que, siendo un hombre nacido en el seno de una familia burguesa de tradición republicana conservadora, a nivel ideológico, Giscard siempre fue un bastión del centro europeísta, si bien hubo algunos movimientos durante su carrera. De joven, como alumno del ENA, pasó a defender ideas centristas, aunque muy cercano tanto a los temas de economía europea como de integración del valle del Rin, ya que su tesis estuvo dedicada a la región del Sarre (región alemana bajo ocupación francesa hasta 1955). 

Con 26 años dio el salto a la vida política siendo un recién graduado del ENA (promoción de 1949), que llegó a la política de mano de Louis Debré y Edgar Faure como un centrista, lo que hizo que fuera visto por la clase política de la época como un heredero de la tradición política liberal, fuera del viejo conservadurismo de tradición bonapartista o del gaullismo, con el que supo convivir políticamente hasta 1976 con muchos altibajos. 

Todavía en los años 60, siendo ministro de Finanzas del general De Gaulle y de George Pompidou, era visto como un político que mezclaba ideas de derecha liberal y de izquierda socialdemócrata, recibiendo apoyos de las organizaciones de profesionales liberales y de organizaciones empresariales para la financiación de lo que acabará siendo su nuevo partido, la Unión de Demócratas Franceses y sus campañas electorales. De esa manera, cuando quiso impulsar una plataforma política propia a comienzo de la década de los años 70, era un personaje que contaba con los medios para salirse de las fuerzas tradicionales y lanzar su candidatura a la máxima magistratura de la Quinta República. 

Para VGD, lo natural fue crear una alianza con los liberales y centristas, que en 1974 apoyaron su candidatura presidencial, pero a la vez contando con el apoyo de los jóvenes tecnócratas del bando conservador, que eligieron a Giscard frente a los candidatos más tradicionales venidos del gaullismo. De esta alianza política surgió la Federación Nacional de Republicanos e Independientes (FNRI) en aras de vencer a la izquierda representada por su candidato de unidad, un François Mitterrand que parecía enquistado en los viejos lemas de mayo del 68. La elección se precipitó con la muerte del presidente Pompidou el 2 de abril de 1974, lo que obligó a unas elecciones anticipadas organizadas para el mes de mayo. En la primera vuelta, Giscard quedó segundo, con 8,3 millones de votos tras el candidato de la izquierda, venciendo al otro candidato conservador, el primer ministro en funciones, Jacques Chaban-Delmas, que sólo pudo reunir 3,8 millones de votos. En la definitiva segunda vuelta, la unión del voto liberal y conservador otorgó la victoria a Giscard por unos 400.000 votos frente a Mitterrand. 

Con su llegada al Gobierno en junio de 1974, y con el joven Jacques Chirac de primer ministro, lanzó su programa de grandes reformas prometido en campaña: aprobación de la Ley del aborto, reforma del Código de Familia para simplificar los trámites del divorcio, mayoría de edad a los 18 años, ampliación de la Seguridad Social, construcción de la primera línea de TGV a Lyon. 

Siempre partidario de la integración europea, fue Valery Giscard d’Estaing quien creó en diciembre de 1974 el formato de las cumbres europeas de presidentes y primeros ministros en el entramado de poder comunitario, algo que se consolidó con las sucesivas reformas del Consejo Europeo, que se acabó convirtiendo en la tercera de las instituciones de poder en Bruselas desde 1979. El Consejo reformado por Giscard y Helmut Schmidt en las cumbres del palacio de Rambouillet, desatascó los bloqueos políticos de la CEE y puso las bases para la reforma del Sistema Monetario Europeo y de las demás instituciones comunitarias que impulsaría otro francés como presidente de la Comisión, Jacques Delors, en la década siguiente. 

Pero todo esto le enfrentó a la mayoría parlamentaria y a los gaullistas más nacionalistas. Ante los riesgos de ruptura de la mayoría, se justificó en las consecuencias de la crisis económica, como la inflación descontrolada y las sucesivas subidas de impuestos ante los problemas de financiación del sector público en plena crisis del petróleo desde 1973. El primer ministro Chirac acaba dimitiendo de su puesto y en 1976 Giscard apuesta por una renovada política liberal gestionada por el gabinete del nuevo primer ministro Raymond Barre, que desde el principio fue acusada por la derecha y por la izquierda de apostar por el capitalismo salvaje auspiciado por los nuevos tecnócratas de la función pública y las clases empresariales del país. 

En este momento de ruptura, el propio Valery escribió un libro, Democracia Europea, donde exponía las bases políticas de su Gobierno tras la salida de Jacques Chirac. Venía a ser una ruptura con el RPR de los gaullistas, basada en una declaración de su federalismo europeo, siempre bajo el liderazgo de Francia y Alemania, para evitar lo que decía que era la irremediable decadencia de Francia, frente a la visión tradicionalista de las esencias de los nostálgicos de la grandeur del general De Gaulle. Pero la situación económica volvió a caer en Francia desde 1978 con la segunda crisis del petróleo, lo que provocó una grave crisis económica, con un paro y una inflación descontrolados y un aumento de la conflictividad social. 

La relación con España durante sus siete años de Gobierno pasó de parecer esperanzadora en 1974-76 a una ruptura cercana a lo institucional en 1980-81. En principio, su llegada a la presidencia en Francia, su tecnocracia y su europeísmo liberal fue bien recibido en los partidos de centroderecha españoles, ya que esa modernidad y su aspecto social era un modelo esperanzador para los cambios políticos que España avistaba tras la muerte de Franco en noviembre de 1975. El propio Giscard participó en la ceremonia de proclamación del nuevo rey Juan Carlos I el 22 de noviembre en Madrid, siendo visto por la prensa francesa como el monarca republicano de Francia que venía a sancionar y bendecir al nuevo rey instaurado en España. Aunque si bien es cierto que en ese momento parecía que las relaciones de amistad y cooperación podían llegar a funcionar, las relaciones entre los Gobiernos de Adolfo Suarez y Raymond Barre fueron cada vez peores, sobre todo tras la aprobación de la Constitución de 1978 y la apertura de España a la integración en la CEE. Suarez apostó por el acercamiento a Alemania y a la CDU, algo que Giscard entendió como una traición, ya que consideraba que Francia debía tutelar la política exterior española como un “hermano mayor”. El Gobierno español no aceptó nunca esta tutela y desde 1979 las relaciones con Francia se fueron enfriando, para acercarse más a Italia y Alemania. De este modo, con la solicitud formal de España de apertura de negociaciones para su integración en las instituciones comunitarias, la ruptura y ralentización de las negociaciones quedó patente desde el lado francés desde el principio en 1980 hasta su final en 1985. 

A lo anterior se unían los reproches políticos de España en todos los foros internacionales hacia la actitud del Gobierno francés de permitir que la banda terrorista ETA gozase de libertad de acción total sin reproches de las autoridades en las localidades del sur de Francia, sobre todo en el País Vasco-francés, mientras ponían bombas, asesinaban y extorsionaban al otro lado de la frontera y que la policía española no contaba con el apoyo de INTERPOL ante el bloqueo de los representantes franceses para detener a los terroristas vascos en lugares como Bélgica o Gran Bretaña. Esta cuestión también emponzoñó las relaciones franco-españolas hasta mediados de la década de los 80, durante los Gobiernos de la presidencia de François Mitterrand, quien definitivamente cambió esta política, tras varios años de continuismo en las malas relaciones heredadas del Gobierno anterior. 
Valerie Giscard d’Estaing perdió las elecciones de mayo de 1981 por más de un millón de votos en la segunda vuelta, en el marco de una profunda crisis social y económica, de nuevo frente al candidato de la izquierda, el inefable Mitterrand, que finalmente alcanzó la presidencia de la República. Es muy conocida la anécdota del programa de televisión que protagonizó Giscard para dar el discurso de despedida, la conocida como el Au revoir más altivo y despectivo de la historia de la televisión. 

Tras su salida del poder, se refugió en la presidencia de la región de Auvernia hasta el año 2004, dejando la política nacional y participando como eurodiputado en los foros de debate europeos de los años 80 y 90, lo que promocionó su figura a la presidencia de la Convención para el futuro de Europa, que fue encargada de redactar el borrador de la que iba a ser la primera Constitución Europea entre 2001 y 2003, pero las malas relaciones con el Gobierno de José Mª Aznar hicieron que esta labor fuera distante y que su primer borrador tuviera que ser enmendado en diferentes cumbres europeas para que España mantuviera las cuotas de poder alcanzadas con el Tratado de Niza vigente desde el año 2000, que Giscard buscaba disminuir. 

VGD fue el símbolo de un mundo político intelectual que conocía de memoria la Historia del poder y de la Monarquía francesa, liberal y europeísta por contraste al nacionalismo institucional de los bonapartistas-gaullistas en auge desde 1949 en el mundo conservador. Fue una figura que siempre tuvo dos caras, moderna y liberal pero amiga de la corrupción y de las dictaduras africanas más abyectas; fue un intelectual, miembro de la Academia Francesa de la Lengua, pero resentido con los franceses por no haberle votado para un segundo mandato que sí obtuvieron personajes a los que él consideraba inferiores, como Mitterrand o Chirac. Siempre fue elegante, pero pretencioso, admirador de la grandeur francesa, pero partidario de una Europa dirigida por el eje francoalemán con competencias reforzadas y ampliadas en muchas materias. Símbolo de un mundo que desapareció tras la caída del comunismo en 1989-92 y que, paradójicamente, en los últimos años ha sido reivindicado en cuanto a su política interior por los presidentes Sarkozy, Hollande y Macron, aunque no así su política exterior. Aunque poco le tenemos que agradecer los españoles, que la tierra le sea leve.

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