Álvaro Uribe: «Con el coronavirus China no ganó la guerra comercial a los EE. UU., pero creó simpatías en América Latina»

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Sabemos que las relaciones entre China y América Latina son complejas, crecientes, marcadamente asimétricas y fundamentalmente económicas. En los últimos años estos vínculos se están intensificando de forma rápida hasta el punto de condicionar tanto la evolución de varios países de la zona como sus procesos de integración regional. Hasta la reciente irrupción de China en América Latina, los EE. UU. habían sido su principal referente seguidos por la Unión Europea. Sin embargo, la Unión Europea ya disputa con China el papel de principal actor secundario, lo cual resulta cada vez más complicado lograr con éxito, pues la presencia china en América Latina seguirá intensificándose de forma significativa en los próximos años.

El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe ha inaugurado hoy el Proyecto FAES ‘China y la rivalidad entre las grandes potencias en América Latina: repercusiones para España’, con la conferencia ‘El auge de China en LATAM y sus consecuencias para España, la UE y EE. UU’.

INTERVENCIÓN COMPLETA:

El primer conocimiento en tiempo real que tuvo mi generación de China –cuando estábamos en las bancas universitarias– fue el del apoyo a las guerrillas latinoamericanas con el ánimo de implantar el modelo comunista de la época, en la versión de Mao Zedong. En esa época, en muchas universidades latinoamericanas, incluida la mía, bastantes de nuestros profesores no nos dieron más oportunidad que escoger hacia el futuro alguna de las vertientes socialistas: o la de Mao Zedong en China, o la castrista en la isla de Cuba, o la soviética de la época, o el modelo vietnamita. Había en nuestros países, además de ese apoyo a las guerrillas –en Colombia el apoyo chino llegaba a una guerrilla en especial: al Ejército Popular de Liberación–, una gran propaganda. Lo que llegaba a nuestras universidades era la revista China roja, las cuatro tesis filosóficas de Mao Zedong y todo lo que era la literatura de promoción de la revolución comunista de China.

¿Hasta cuándo duró esta propaganda? Nosotros empezamos a ver que se debilitaba incluso antes de la caída del muro de Berlín en 1989. Y eso, por ejemplo, se tradujo en que la guerrilla colombiana EPL, apoyada por China, facilitara un acuerdo durante los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria y participara en la Asamblea Nacional Constituyente colombiana de 1991.

Aquí hay, pues, una primera época de lo que podríamos llamar “la China desde finales de los años 40” de la pasada centuria, cuando Mao Zedong asumió el poder tras la “Larga Marcha” y la Guerra civil China. Después va apareciendo “la China del comercio y de la inversión”. Y ahí es muy importante detenernos en la competencia entre la China continental y Taiwán.

En América Latina hubo muchos países que mantuvieron relaciones diplomáticas con Taiwán, pero no con China. Inclusive, las relaciones formales de Colombia con China datan de hace relativamente poco tiempo, en concreto, unos 42 años. En los gobiernos de América Latina de la época existía solidaridad política frente a Taiwán, pero a medida que fue creciendo el poder económico de la China continental y esta fue asomándose a América Latina con inversiones, con comercio, etcétera, aquellos empezaron a desplazar a Taiwán. Por ejemplo, la República de Honduras ha seguido entablando relaciones diplomáticas con Taiwán; empero la nueva presidente, la señora Iris Xiomara Castro Sarmiento, o Xiomara de Zelaya, ha anunciado que desde ahora el país caribeño establecerá relaciones diplomáticas con la China continental, lo que implica una ruptura con Taiwán

¿Y qué relaciones mantienen con Taiwán muchos países? Pues unos acuerdos de comercio. Colombia, pese a mantener relaciones diplomáticas con China, comercia con Taiwán. Con otro país caribeño, la República de Nicaragua, ocurrió algo similar. Durante el mandato de Violeta Barrios de Chamorro sí existían relaciones diplomáticas con Taiwán; sin embargo, en el 2007, cuando llegó José Daniel Ortega –que se ha perpetuado en el poder hasta nuestros días– estas se rompieron para entablarse con la China continental. La República Dominicana hizo lo mismo en el 2018. En América del Sur solamente queda un país que guarda relaciones diplomáticas con Taiwán, Paraguay, además de unas pequeñas islas en el mar Caribe.

Es importante advertir cómo el atractivo económico de América Latina ha causado que China se olvide del patrocinio a las guerrillas –que se proponían establecer regímenes comunistas, como lo vimos en Colombia– para dar ese salto hacia el tema del comercio y de la inversión.

América Latina, junto con el Caribe, tiene casi 600 millones de habitantes –la inmensa mayoría es una población muy pobre– con un promedio de edad que no supera los 30 años. Cuenta con el 10% de las reservas de petróleo del mundo, el 6% de las reservas de gas, el 50% de las reservas de cobre; y esto hay que asociarlo con Chile y con Perú, que mantienen un comercio internacional enorme con el país más poblado del mundo. América Latina cuenta además con el 50% de las reservas mundiales de plata, el 13% de las reservas de mineral de hierro, disfruta del 26% de toda la tierra fértil, del 24% de la oferta mundial de carne vacuna, del 20% de la biodiversidad del planeta, del 57% de los bosques primarios gracias a la selva amazónica y del 50% del agua dulce del planeta. Respecto a esto último, los chilenos creen que –así como, tras la Primera Guerra Mundial, desde la Patagonia se exportaron ovejas y carne para atender la demanda alimentaria de los países, hoy desarrollados– en el futuro van a poder exportar mediante buques cisterna agua dulce a muchas partes del planeta.

Junto con estos atractivos recursos económicos también están los sociales. Uno pensaría que China empezó a fijarse en América Latina a lo largo de la década anterior, y yo diría que fue antes y que en el año 2020 la pandemia interrumpe esa relación. América Latina sacó de la pobreza a 43 millones de ciudadanos, que pasaron a la clase media y aumentaron sustancialmente su capacidad adquisitiva; y eso coincide con un incremento sustancial de las exportaciones chinas a América Latina. Y es aquí donde concurren los intereses chinos y latinoamericanos: de un lado, el interés de China por los recursos naturales de América Latina, incluyendo Sudamérica y el Caribe y, de otro, la posibilidad de vender sus productos a una población grande, joven y con una incipiente capacidad adquisitiva.

Me veo aquí obligado a hacer esta anotación: muchos estudiosos consideran que la pandemia ha hecho retroceder a América Latina diez años y que los logros obtenidos durante la década pasada en disminución de la pobreza se han perdido. Yo, sin embargo, tengo esperanza viendo el crecimiento de la economía colombiana. Así, Colombia tuvo el año pasado un crecimiento cercano al 10%, el segundo en el mundo después de Arabia Saudí. Mi opinión es que si este proceso de recuperación siguiese, podríamos recuperar rápidamente los niveles de pobreza anteriores a la pandemia y acelerar la superación definitiva de la pobreza. En definitiva, es un reto muy importante y creo que este retraso que produjo la pandemia lo podemos superar.

La diplomacia del COVID ejemplifica uno de los factores que afianzan la presencia china en América Latina. China ha procedido frente a América Latina con una gran generosidad en relación al suministro de vacunas, mascarillas, etcétera, y destaca la ayuda realizada en México en un momento en que el COVAX –proyecto cuya finalidad era distribuir vacunas a todos los países que no pudieran obtenerlas por sus propios medios– no marchaba con suficiente celeridad. Así, la diplomacia china de vacunas y mascarillas fue muy eficaz, muy bien recibida y, de alguna forma, se sintió como una compensación frente a la ineficacia del COVAX.

Hago aquí una apreciación: ¿fueron realmente un obstáculo para China los problemas políticos o las diferencias ideológicas para el comercio? No, todo lo contrario. Con enorme pragmatismo estimuló las relaciones económicas, comerciales y de inversión con independencia del tema político y prefirió centrarse exclusivamente en la cuestión económica, al punto de que el comercio internacional de China con América Latina hay estimaciones que lo cuantifican en más de 400.000 millones de dólares el pasado año 2021, cifra descomunal. Hasta lo que yo pude ver, las cuentas indicaban al menos una cifra de comercio en torno a los 350.000 o 370.000 millones de dólares. En todo caso, tendremos que esperar a que algunos países y órganos multilaterales cierren sus cuentas para obtener el cómputo real de estas relaciones económicas. Lo que sí quedó claro es que para China están antes los negocios que la política.

Esto último se refleja de manera nítida, por ejemplo, en las relaciones de China con Brasil, donde el gigante asiático es el proveedor de la tecnología del 5G. Y también es bien importante con Chile y Perú. Y ello no se debe a los cambios recientes acontecidos en ambos países –el gobierno de Pedro Castillo en Perú y el de Gabriel Boric en Chile–, sino que el auge en sus relaciones empezaron con gobiernos que, podríamos decir, tenían un ‘pensamiento de democracia occidental’; sin embargo, ello no impidió que allí hubiera unos crecimientos enormes debidos a la posibilidad de convertirse en proveedores de los minerales que China requería. Ahí se reflejó nítidamente el interés de privilegiar lo comercial y lo económico sobre lo político.

Y obviamente tampoco China iba a despreciar a Brasil, siendo este el primer productor mundial de carne de vacuno, de zumo de naranja, el primer productor mundial de soja, el primero también de maíz, etcétera. Que las relaciones económicas entre China y Brasil sigan manteniendo su apogeo incluso cuando en Brasil gobierna Bolsonaro, ya hace casi cuatro años, evidencia que en dichas relaciones se prima el interés económico por encima del político, y esto a mí me parece sano.

Ya comenté que la balanza comercial entre China y América Latina actualmente ronda los 400.000 millones de dólares, cifra que podría haber sido superada en el año 2021. Pero centrémonos ahora en el tema de las inversiones y, concretamente, en la relación de Colombia con España, China y EE. UU.

La inversión china en Colombia es pequeña, aunque está creciendo. Por ejemplo, China ganó la licitación y está construyendo hoy el metro de Bogotá, así como el ‘Regiotram’, un tren de cercanías en la sabana de Bogotá. Ambas son inversiones muy importantes, pero yo no las denominaría inversiones empresariales sino en ‘infraestructura’, donde como constructor de esas obras tiene que aportar un capital que a posteriori será rembolsado por el Estado colombiano. Dentro de las inversiones internacionales tenemos que diferenciar lo que es una inversión en infraestructura de lo que es una inversión de empresa, como por ejemplo la de Huawei, que se ha instalado en Colombia, corre riesgos y presta y cobra sus servicios.

No obstante, la inversión China en Colombia todavía no es muy grande en comparación con el resto de países de América Latina donde sí lo es. Así, por ejemplo, el gigante asiático invirtió en el año 2020, en medio de la pandemia, 18.000 millones de dólares en veinticuatro proyectos de infraestructura en América Latina, centrándose especialmente en el sector energético. En Colombia, sin embargo, la inversión fue más pequeña.

En Colombia el primer inversionista es EE. UU. y el segundo es España. Sin embargo, quiero resaltar que los gobiernos que yo presidí negociaron y firmaron con España tres tratados: Libre comercio (TLC), Acuerdo de promoción y protección recíproca de inversiones (APPRI) y el Convenio de doble tributación (CDI), a los que el presidente Iván Duque, actual mandatario de los colombianos, les dio más agilidad y especificidad.

Asimismo, es sorprendente advertir que durante el primer semestre de 2021 la inversión española en Colombia fue mayor que la de los EE. UU. Mientras la española fue de 871 millones de dólares, la estadounidense fue de 804 millones. Y aunque no tengo todavía las cuentas del cierre de 2021 y por lo general el stock de inversión de España en Colombia es menor que el estadounidense, lo cierto es que España mostró mayor celeridad en sus inversiones en el primer semestre de 2021 que los norteamericanos, sin que todavía sepamos qué pasó en el segundo semestre. Mientras que la inversión china es todavía baja en nuestro país.

Examinemos el tema del comercio, donde me gustaría resaltar las siguientes cifras. El primero socio comercial de Colombia es EE. UU. En 2019 nuestras exportaciones a EE. UU. valieron 11.520 millones de dólares, mientras las realizadas a China valieron solo 4.564 millones de dólares. Paradójicamente, aunque la brecha de exportaciones entre ambos países es muy amplia, la brecha de las importaciones es muy reducida y, tal como van las cosas, un país como Colombia podría llegar a importar más de China que de EE. UU. Así, los datos indican que ese mismo 2019 importamos de EE. UU. por valor de 12.980 millones de dólares mientras que de China lo hicimos por valor de 11.000 millones. En otras palabras, en países como Colombia está creciendo la participación de China como proveedor, lo que también ha creado mucha controversia en nuestros sectores productivos.

Abordemos ahora las cifras con España. Las últimas cifras completas de las que dipongo son de 2018 e indican que las exportaciones colombianas a España valieron 1.048 millones de dólares y le comparamos por valor de 824 millones. Lo cual que significa que el comercio entre España y Colombia no es tan grande, pero sí lo es en materia de inversión, pues España es el segundo país con mayor stock de inversión en Colombia tras EE. UU. Y si bien las inversiones en infraestructura son mayoritarias, considero bien importante reseñar que son 600 las empresas españolas que están invirtiendo hoy en Colombia.

Pasemos a la cuestión financiera. Nosotros hasta hace algún tiempo dependíamos de los acuerdos de Bretton Woods, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del Banco Mundial (BM), de la de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y del Banco Centroamericano de Integración económica (BCIE). Ahora, sin embargo, China ha entrado a jugar como un proveedor financiero más en la región.

China ha sido una especie de banco de rescate para Venezuela, Ecuador y Argentina. Esto es una cuestión que debería estudiarse, pues una cosa bien distinta es que se financie a estos países y otra es que se los rescate de “malos manejos”. En mi opinión, el mundo financiero debería prescribir un acuerdo básico por el que cualquier país que vaya a financiar a un tercero lo haga respetando unas reglas comunes. Porque mientras el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo hacen sus esfuerzos y financian dentro de la ortodoxia, un tercer país simplemente entrega con laxitud recursos para financiar rescates de “malos manejos”. En este sentido, China ha sido generosa en esa financiación, y ejemplo de ellos son los tres países anteriormente citados. Pero me preocupa si esta inyección de recursos financieros para el rescate de “malos manejos” podrá mantenerse en el tiempo. Quiero dejar constancia de esta preocupación.

Hablemos entonces de influencia política. En aras a la mayor objetividad y a la menor subjetividad, y siendo como soy un defensor de las democracias liberales, de las libertades y del pluralismo, no puedo decir que la participación china en Colombia –en todas estas materias económicas y diplomáticas– haya dado señal alguna de querer intervenir o distorsionar la política colombiana. Mal haría yo si, por una prevención que superara la mirada objetiva, o menos subjetiva, de la realidad, dijera lo contrario. Repito: no he observado que la presencia económica de China en Colombia –que no es tan grande como en otros países, pero es creciente– haya mostrado señales o producido hechos para alterar la política colombiana o influirla de forma determinante.

Y abordemos el asunto del comercio de armas y los acuerdos militares. Y en este sentido es necesario distinguir entre lo que es el comercio de armas de lo que son acuerdos militares que pueden generarle riesgos a terceros. China vende armas a Venezuela y a muchos otros países. Y hasta ahí podría decirse que esto entra dentro de lo que yo llamo ‘lo común en el mundo’. Sea bueno o malo, esto no distingue a China de otros países, por ejemplo, de Occidente, que venden aviones, armas, etcétera. Pero lo más preocupante son los acuerdos militares.

El acuerdo militar de Rusia con Venezuela es muy claro y creo que América Latina y Colombia van a tener que hablar de este tema con Rusia. Por otro lado, la dictadura de Venezuela se ufana de tener acuerdos militares con China. Sin embargo, sobre estos acuerdos no conozco mayor evidencia que los propios discursos de la dictadura de Maduro, en los que él se ufana de haber alcanzado esos acuerdos militares. Ojalá que no se den y se ponga mucho cuidado en lo siguiente.

Venezuela quebró la empresa privada, arruinó las libertades, expulsó alrededor de cuatro millones de ciudadanos de su territorio, la pobreza ha pasado del 40% a más del 90% y es un peligro terrorista para toda la América democrática y para los mismos EE. UU. Dentro de sus fronteras alberga a dos grupos terroristas de Colombia: las FARC y el ELN. Ambos están amparados y protegidos por la dictadura venezolana, y desde territorio venezolano entran y hacen atentados en Colombia para después regresar a su escondite en Venezuela.

El más grave problema de Colombia hoy para nuestra seguridad nacional es la amenaza del narcotráfico. El imperio del narcotráfico, fortalecido por los acuerdos de la Habana, se ha constituido en un Estado alternativo y criminal que afecta la operatividad y el funcionamiento del Estado de Derecho. Este imperio trabaja a través de grupos terroristas, y su gran patrocinador, el eje entorno al cual gira, es la dictadura de Venezuela.

Como conclusión y resumen de mi exposición quiero destacar lo siguiente. En primer lugar, el avance comercial, de inversión y financiero de China en América Latina demuestra que ha preferido lo económico sobre lo político. En segundo lugar, en países como Colombia, donde este avance no es tan fuerte como en otros países de la región, todavía no hay muestras ni evidencias que permitan afirmar que China tiene interés en distorsionar e influir en la política colombiana. China vende armas, sí, pero ello no la hace diferente de países de Occidente. Y por último, nuestra gran preocupación es que la dictadura de Venezuela se ufana de tener acuerdos militares con China, y ello sí representaría un riesgo enorme para la región y para un país como Colombia con 2.216 kilómetros de línea de frontera muy activa con Venezuela.

 


Actividad subvencionada por la Secretaría de Estado de la España Global

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