AZURMENDI/ARREGUI

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En poco más de un mes han fallecido dos grandes personalidades de la resistencia cívica contra el terrorismo de ETA en el País Vasco. Primero fue Mikel Azurmendi y anteayer era Joseba Arregui. Dos personalidades de trayectoria y peripecia personal diferente, pero ambos caracterizados por su ruptura con el nacionalismo vasco y el ecosistema social y político en el que ETA se gestó y del que ETA obtuvo su legitimación social. Una ruptura de contenido e impulso profundamente ético que les llevó al lado de las víctimas, a la defensa del marco de convivencia y consenso construido en la Transición y a elaborar una obra intelectual de extraordinario valor en la que diseccionaron el terror inferido sobre la sociedad vasca y sus efectos duraderos y aun hoy claramente visibles.

Azurmendi, de temprana militancia en ETA abandonada cuando la banda optó de manera irreversible por la violencia, apeló a “doblar la rodilla”, humillarse y pedir perdón a las víctimas por el sufrimiento infligido. Arregui insistió en el pavoroso efecto que el discurso nacionalista de la guerra interminable con España y del conflicto insoluble había tenido en la legitimación de ETA. Llamaba a un “nacionalismo cívico” que no fuera un objetivo imposible ni una contradicción en sus términos como sustento de la única “nación vasca posible”. Y los dos advertían de la tentación de pasar página a décadas de barbarie sin reparar en que la violencia terrorista ha deformado la configuración de una sociedad, sus valores elementales de solidaridad –ahora diríamos que de empatía– y libertad. Apuntaron a la responsabilidad de la sociedad vasca que rodeó de silencio la tragedia que ocurría y en la que muchos sectores ahora pretenden que el terror sistemático ejercido contra una parte de los vascos y extendido al resto de España ha sido un mal sueño del que hemos despertado como si no hubiera sido real.

Azurmendi y Arregui forman parte de los imprescindibles para una sociedad digna. Lo han sido en los momentos peores y lo siguieron siendo después. Su compromiso ético y su legado intelectual les sobreviven en beneficio de todos. La tierra de su país, el País Vasco que quisieron para todos, sin duda les será leve.