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Debacle trumpista

Pendiente la depuración de datos definitivos, se puede ya concluir que estas elecciones de mitad de mandato suponen una debacle republicana en toda regla; y, más que republicana, una debacle trumpista. Lo dice todo que el mismo Trump que invitaba a votar “como si yo estuviera en las papeletas”, haya pretendido salvar su responsabilidad –suena tan doméstico– declarando que “si hubiera estado en las papeletas hubiéramos arrasado”. Los liderazgos populistas, como se ve, son inmunes a la coherencia e impermeables a los hechos, incluso cuando estos se manifiestan como baños de realidad. Porque ha sido un baño: Kansas tendrá su primer senador demócrata en casi un siglo, por poner un ejemplo. Esta vez, lo de “ganar a las encuestas” no ha sucedido, y ese es otro síntoma de un cambio de ciclo que se atisbaba. Se confirma que la Cámara de Representantes cambia de signo, pero, sobre todo, la magnitud del tsunami demócrata hay que medirla por las victorias en el Senado. Carolina del Sur cae de su lado, y en Texas y Ohio a eso se suma, además, la gobernación de ambos Estados. Son enclaves republicanos tradicionales los que han caído en un vuelco que solo encuentra parangón remontándose a decenios.

Al redactarse esta nota, Florida resiste. Y eso también es significativo, porque Ron DeSantis, su gobernador, fue el único candidato republicano capaz de desafiar a Trump en las primarias. Es pronto para asegurarlo, pero este puede ser un dato a tener en cuenta de cara a la sucesión republicana para las presidenciales de 2028.

En este momento, se constata una ventaja de 54 a 44 para los demócratas en el Senado, a la espera del recuento definitivo. La dimensión de esta victoria es mayor que la obtenida por los republicanosen el ecuador del mandato de Biden y esto, unido al registro paupérrimo de la popularidad de Trump, delata a las claras dónde hay que buscar las causas de la derrota republicana: como decíamos arriba, esta es, claramente, una derrota trumpista, y el GOP haría bien tomando nota de ello de cara a su propia reconstrucción. En España sabemos mucho acerca de liderazgos populistas que acaban arrastrando a los partidos que los secundan, convertidos en meros séquitos, reducidos a simples plataformas de que se valen –pisoteando su identidad histórica– demagogos sin el menor sentido institucional.

Lo más probable es que Trump siga gobernando “al margen del Parlamento” y por decreto; y es dudoso que el mainstream demócrata acierte a comprender que su victoria no es un mandato que deba alentar a su ala más extremista, sino más bien una censura al inquilino de la Casa Blanca, inducida por la retracción y/o el giro de su votante de 2024. Todavía es comprometido hacer vaticinios, pero pueden expresarse preferencias. Ojalá los republicanos comprendan que el remedio a las excentricidades demócratas no consiste en sustituirlas por las propias; que su fuerza electoral no está en los incondicionales de MAGA, sino en quienes vieron en Trump una opción provisional como mal menor; y que el populismo es ajeno a la tradición auténtica del partido de Abraham Lincoln yRonald Reagan.

Ojalá los demócratas no incurran, a partir de ahora, en la tentación de reemplazar el populismo cultural de lo woke –del que los americanos están más que hartos– por el populismo fiscal que les ha hecho redescubrir recientemente, de la mano del alcalde de Nueva York, los economatos como expresiones económicas de vanguardia. Aderezar las recetas de Bernie Sanders para servirlas recalentadas no será una buena idea. Veremos qué propuestas económicas presentan en un Congreso ahora azul, y si van más allá de apostar por más redistribución y gasto público. Ojalá los demócratas encuentren fórmulas originales para fomentar el crecimiento y planteamientos realistas para el desarrollo de la IA: a una superpotencia no le sirven, en este campo, las consignas.

En todo caso, los norteamericanos han hablado. Y por mucho que desde aquí, algunos –a uno y otro lado de ese muro a punto de caer– se dediquen a la tergiversación interesada, el mensaje está bastante claro.