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El deterioro de Boric

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El presidente de Chile, Gabriel Boric, no encuentra remedio a su deterioro político. Las últimas encuestas más fiables arrojan un 70% de rechazo a su gestión y un nuevo recorte de quienes la aprueban, que baja ya del 30%. El desgaste parece galopante y el pretendido giro hacia el socialismo tradicional chileno, después del fracaso en referéndum del proyecto constitucional apadrinado por la extrema izquierda populista, los comunistas y el propio Boric, ha quedado en una operación política frustrada.

Además, acaba de dimitir su ministra de Justicia, la también socialista Marcela Ríos, y el propio jefe del Gabinete presidencial, Matías Meza-Lopehandía, su colaborador más estrecho. El motivo, la crisis abierta con el Poder Judicial por el indulto que Boric ha concedido a un exguerrillero condenado por el atraco a un banco. Boric ha justificado el indulto en que el proceso no había contado con las debidas garantías y en que el tribunal erró en la valoración de la prueba. Con ello Boric ha actuado como si se tratara de un poder jurisdiccional de última instancia con potestad para anular sentencias de los tribunales. La Corte Suprema de Chile ha reaccionado con contundencia contra esa apropiación indebida de potestades jurisdiccionales. La enfermedad populista cursa peligrosamente en Iberoamérica.