Empeñado en remendar su disfraz de líder global, nuestro particular desastre nacional ha tenido un fin de semana frenético. Su frecuente confusión entre partido, Estado y Gobierno alcanza ya un punto de no retorno. ¿Qué más da ser presidente del Gobierno o de la Internacional Socialista, si se está “en el lado correcto de la historia”? Para Sánchez la expresión patriotismo de partido es redundante: no conoce otro. Por eso resultan tan cómicas las palabras de su mayordomo Albares, denunciando ayer que María Corina Machado “haya escogido actuar como una líder ideológica”. Hace falta tener humor para descolgarse con eso después de la performance zurda de su señorito en Barcelona.
Si en tu alineación para “defender la democracia” sacas como titulares a Gustavo Petro, Axel Kicillof, Cyril Ramaphosa, Claudia Sheinbaum, y Lula da Silva, igual te has equivocado de deporte. Repasemos la lista de convocados. Kicillof: consejero áulico de Cristina Kirchner, cerebro del peronismo –invención demagógica de un admirador de Mussolini– en su versión más tronada y rapaz. Ramaphosa: socialista polivalente –político, empresario y activista sindical– a quien se atribuye estar implicado en la masacre de Marikana de 2012. Sobre Petro no hará falta recordar su pasado terrorista en el M-19, y sus afinidades presentes. Claudia Sheinbaum: más allá de controversias indigenistas, la reforma judicial promovida por Morena, su partido, está dejando la calidad democrática de México a la altura de sus índices de criminalidad. En cuanto a Lula da Silva, la verdad, comparado con estos, casi parece un anciano inofensivo; eso sí, con sus años de talego a cuestas…
El caso es que los de la Global Progressive Mobilisation, acompasándose a la nomenclatura marcial de la convocatoria, han desenfundado el “pacifismo” para disparar epítetos a quien les replique, inmediatamente motejado de “fascista”, “reaccionario” o “ultraderechista”, sin pararse a medir la propiedad o siquiera la distancia semántica entre esos calificativos, porque son armas, no conceptos.
Y así, mientras el viernes un acto sin apenas público, convocado en nombre de la “democracia”, cobijaba a cómplices de una narco-dictadura, el domingo, una auténtica multitud acompañaba a una genuina militante de la paz –distinguida con el Nobel por serlo– para exigir la restauración democrática en Venezuela y la garantía de las libertades, usurpadas con la complicidad de los “movilizados” por Sánchez. Quien, por cierto, no vale ni para anfitrión bananero: en Barcelona faltó la presencia inspiradora, el verbo cálido, el ademán resuelto, de Nicolás Maduro; ¿no resulta imperdonable haber desperdiciado la posibilidad de una videoconferencia suya desde las mazmorras del trumpismo? ¡Qué gran ocasión perdida! Hay quien afirma que algunos asistentes a la Mobilisation amanecieron, al día siguiente, “con un Orinoco triste paseándose por sus ojos”[1].
[1] https://www.publico.es/opinion/columnas/he-amanecido-orinoco-triste-paseandose-mis-ojos.html