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En tres palabras: todo es mentira

Anotaciones FAES 81

Ya sabíamos que gobernar sin el Parlamento significaba encadenar prórrogas presupuestarias sin rubor ni vergüenza; como si perder la confianza de las cámaras no tuviera consecuencias en una democracia parlamentaria. Desde ayer hemos podido comprobar que consiste, además, en enviar buques de la Armada a zonas en conflicto, sin encomendarse ni dar cuenta a nadie, 24 horas después de anunciar al mundo –en diez minutos de declaración institucional sin preguntas– que la política exterior de España se enuncia en cuatro palabras: No a la guerra. De nuevo, Sánchez confirma el dictado que define toda su política, resumido en solo tres: Todo es mentira.

Enredarse en distingos entre “defender” y “atacar” es confundir la política exterior con Barrio Sésamo, despreciar la inteligencia de los españoles y fingir que el conflicto en Oriente Medio empezó hace una semana. Tener tantos discursos como interlocutores es confirmar que se carece de palabra. Sacrificar el interés nacional al cálculo electoral es dilapidar el crédito internacional de España y, por tanto, el futuro de todos. Sentado lo anterior, con la misma rotundidad hay que decir: España no es ninguna “perdedora”. España es una nación gobernada por una banda abonada a perder elecciones y a mentir, eso sí. La diferencia es importante, porque lo primero –de ser cierto– tendría difícil arreglo. Lo segundo tendrá remedio muy pronto.