Idioma-grey
Idioma-grey

Keiko Fujimori, el mal menor para Perú

Tras 17 días desde la segunda vuelta electoral, Keiko Fujimori ha ganado las elecciones generales del Perú. Al 99,87 % y con 44 000 votos de ventaja sobre su adversario político –una diferencia insalvable con los votos que quedan por contar– ya puede darse por ganadora a la candidata, que se ha postulado cuatro veces a la presidencia del país.

La historia de elegir entre dos populismos, de izquierda y derecha, se repite. En las elecciones de 2021, en la primera vuelta participaron 18 candidatos, y en estos comicios de 2026 han sido 35, pero el resultado final es notablemente similar. En ambos casos, siete de cada diez peruanos votaron en primera vuelta por opciones distintas de las que finalmente llegaron al balotaje (segunda vuelta), el candidato ganador salió electo por apenas el 1 % de diferencia de votos y la polarización –con acusaciones de fraude en ambos casos– se instaló en la sociedad.

La fragmentación del voto en la primera vuelta está trastocando la voluntad popular, porque hace que los ciudadanos tengan finalmente que elegir un presidente dentro de opciones con la que no comparten ideas, principios o propuestas: así que optan por el menos malo.

Tras la prohibición de publicar encuestas, en el fin de semana electoral me dediqué a preguntar a los taxistas sobre su opción de voto. En los años 90, cuando estudiaba en la universidad, bromeábamos sobre la alta capacidad de predicción de estos trabajadores, que pasaban horas hablando con sus viajeros y tenían una medida infalible del termómetro social del país. En Lima, donde la intención de voto por Keiko era del 66 % –y es verdad que Lima no es el Perú, pero aloja un tercio de la población–, el 70 % de los taxistas me dijeron que iban a votar por Keiko Fujimori, no porque les gustara como candidata sino porque “no había otra opción”. Dicho de otra manera, la otra opción era peor o era inviable. Se votaba así al mal menor.

La animadversión por Keiko Fujimori no es gratuita pero tampoco es justa. Se ha presentado cuatro veces como candidata presidencial, y aunque en las tres primeras veces no ganó, sí que tenía una mayoría suficiente para ser la llave en el Congreso. Por ello, porque era un poder en la sombra y llegaba a pactos de lo más rocambolescos con los partidos gobernantes –o contra ellos–, se le acusa de no haber hecho nada por el país en los últimos 15 años. Tampoco ayuda que haya ido a la cárcel por una financiación irregular de su partido. Lo que sí es cierto es que se había instalado una narrativa de que es una mujer tan inútil como todopoderosa, algo bastante incongruente como exagerado. Entonces ¿por qué la han votaron?

La razón es sencilla. La opción de Roberto Sánchez, exministro del presidente Castillo y “heredero” de su populismo de izquierdas –favorecer a las clases vulnerables, declaraciones sobre nacionalizar empresas, etc.– causaba más miedo.

Eso explicaría los resultados de mi prospección informal, donde el 15 % de los taxistas, de origen venezolano, que, aunque no podían votar, me manifestaron que su opción sería Keiko porque el discurso de Sánchez le recordaba al de Hugo Chávez. La caída bursátil, la parálisis de la economía tras la primera vuelta, la alta criminalidad de la ciudad, donde la extorsión a los trabajadores y los asesinatos están a la orden del día, eran señales que los ciudadanos reconocían como signos de peligro.

Datos de Aprosec o Sinadef, señalan a 2025 como el más violento del Perú en cuanto a criminalidad. El año se cerró con 2213 homicidios –una media de 6,07 muertes violentas por día–, un 46 % más que en 2023. Así que mientras Sánchez reconocía la violencia y apelaba a los derechos humanos, había apoyado a Evo Morales y amenazaba la economía, el programa de Gobierno de Keiko titulado “Perú con Orden” prometía estabilidad económica y restauración del orden y la autoridad (una reminiscencia del gobierno de su padre, pero afrontando la realidad criminal del siglo XXI).

Ahora Keiko Fujimori tiene que gobernar. Tiene que aplicar las políticas que estabilicen al país. Al tercer día después de las elecciones, cuando se produjo un empate técnico en el recuento de votos, el sol, una de las monedas más sólidas del continente, dejó de caer. Los habitantes de Lima comenzaron a respirar un poco más aliviados pero expectantes. Ya se han disipado las dudas, ha ganado Keiko, han optado por el mal menor.

Por tanto, solo queda esperar que realice políticas que devuelvan al Perú a la senda de crecimiento económico que tenía antes de la pandemia. América Latina ha girado nuevamente a la derecha y la elección de Fujimori puede ser la pieza clave para que la región deje los discursos reivindicativos y vacíos (y sin consecuencias positivas para el pueblo) e inicie la reconstrucción de sus países. Esta semana le he preguntado a un conductor de Cabify como va el negocio y me ha dicho que ya han vuelto los clientes corporativos, que se habían estancado desde las elecciones. Las empresas vuelven a su actividad dejando atrás el miedo a la izquierda recalcitrante. ¡El pulso de la realidad en estos trabajadores del transporte es infalible!