ANOTACIONES FAES 77
Va cumpliéndose el marco general de previsiones de tantos análisis publicados, también de los nuestros. Se anunciaban unos comicios autonómicos en clave nacional y el electorado aragonés ha confirmado el vaticinio; queda corroborado, igualmente, el cambio de ciclo político y el hundimiento de las franquicias territoriales del sanchismo, ministras y socios incluidos. Números cantan: durante el mandato de Pedro Sánchez, el PP aumenta en Aragón en trece puntos porcentuales su número de votos (del 21 al 34%) y en diez el de sus diputados (de 16 a 26). El PSOE, por su parte, se desploma hasta su suelo histórico en la región, perdiendo seis puntos porcentuales en voto y seis escaños (de 24 a 18). Sus socios de extrema izquierda –Chunta, IU y Podemos– se despeñan hasta la irrelevancia o, simplemente, desaparecen del mapa parlamentario.
Con este panorama, Vox sigue siendo el único argumento que le queda al sanchismo: para minimizar el impacto de su desplome y para albergar expectativas de remontada a medio plazo.
Sánchez sacrificará cualquier peón, por íntimo que sea el parentesco que le vincule con él –político o familiar–, porque solo juega una partida: la suya. En una región que no ha conocido mayorías absolutas en cuarenta años, el argumentario gubernamental insiste en reprochar a Jorge Azcón no estar, ahora, en disposición de liderar una. Cuanto más Vox menos PP es y será la táctica sanchista en lo que quede de legislatura; será puesta al servicio de un solo propósito estratégico: dividir España en mitades enfrentadas, como última posibilidad de conservar el poder encaramado en una escombrera. La satisfacción de chantajes recurrentes (amnistía, suelta de etarras, privilegios fiscales); la manipulación como rutina (regularizaciones oportunistas, campañas de intoxicación a pensionistas, deformación sistemática del rival); todos los recursos ya conocidos se pondrán al servicio de una política de toxicidad muy contrastada. Si no importa haber perdido la confianza parlamentaria, si es lo mismo contar con Presupuestos o no, si cada convocatoria es una nueva corroboración del divorcio entre Poder y Opinión, entonces, ¿qué importa naufragar en Extremadura o en Aragón? Lo único que importa es mantener intactos el miedo y la polarización para cuando llegue la hora de la partida decisiva, esa en la que el sanchismo quemará sus naves –y la de todos–, con tal de salvar la cara, el único rostro que le importa.
Hasta entonces, en Aragón habrá que atender un mandato claro. Los aragoneses han dicho que quieren gobernabilidad y eso pasa por respetar su ratificación del liderazgo popular absteniéndose de bloqueos y demandas irresponsables. Será Vox quien tenga que explicar su intermitente interés por integrarse en gobiernos de un PP que, según su propaganda, “es lo mismo que el PSOE”. Y en toda España habrá que seguir repitiendo las palabras del presidente Aznar en el último Congreso del PP: “Hay que concentrar en nuestras siglas la confianza de una mayoría nacional, ancha, a derecha e izquierda, para conseguir un objetivo que rebasa estas siglas”. Porque –cada vez es más claro– en las próximas Elecciones Generales la nación no se jugará, simplemente, ser gobernada desde la derecha o la izquierda, sino seguir siendo nación.