Anotaciones FAES 80
A Sánchez no le basta levantar un muro entre españoles; ahora le vemos empeñado en aislar España entera de sus aliados. La posición delGobierno en el escenario abierto en Irán nos señala como un actor excéntrico y poco fiable. Algo tan nocivo para el interés nacional como peligroso para nuestra seguridad colectiva.
La postura de Sánchez y sus socios de izquierda es irresponsable, hipócrita y radicalmente equivocada. Indignarse desde Madrid por presuntas violaciones del derecho internacional resulta muy cómodo, pero no refuta un hecho indiscutible: solo una intervención externa podría conceder a los iraníes la posibilidad de emanciparse del régimen que los masacra. Cualquiera pudo comprobarlo durante las últimas semanas: pese al levantamiento en masa, pese a muestras de coraje desesperado, una represión carente de humanidad y límites ahogó en sangre la sed de libertad de todo un pueblo. La muerte de Jamenei invita a recordar la de todos aquellos que mandó asesinar por el simple hecho de resistir la sumisión. Recordar a Masha Amini y a todas las mujeres iraníes caídas al grito de “mujer, vida, libertad”. A las más de cuarenta mil víctimas recientes de la represión, torturados y ejecutados hace apenas unos días… A todos los iraníes asesinados desde la instauración de la teocracia en 1979 y a las víctimas del terrorismo vicario que Irán alienta y financia.
Ese recuerdo sirve también para ponderar, por contraste, la inanidad de los discursos de tantos líderes reducidos a comentaristas, que encuentran en el “respeto al derecho internacional” una fórmula prestigiosa para abdicar de sus responsabilidades. Claro que debe defenderse el principio de un mundo regido por reglas. Pero es criminalmente ingenuo y lógicamente absurdo invocarlo referido a un régimen que nunca ha dejado de violar, precisamente, el derecho internacional. Irán promueve la desestabilización a gran escala; se rodea de milicias criminales; controla una parte sustancial del narcotráfico mundial; impulsa operaciones terroristas con el objetivo declarado de destruir Israel –“del Río al Mar”– y colapsar Occidente. Oír a sus aliados rusos y chinos invocar el respeto al derecho internacional solo añade escarnio a la impostura.
En esta hora lo que toca es actuar, no lamentar. Contribuir, en la medida de las posibilidades de cada uno, a la caída del régimen. Toda ocasión es buena si permite la liberación del pueblo iraní. Su liberación es también la nuestra, en la medida en que los mulás son una amenaza para muchos países, incluida España. La vergonzosa actitud apaciguadora y equidistante de Sánchez no ha impedido que sus balbuceos buenistas fueran contestados, en directo y desde territorio nacional, con una poco velada amenaza del embajador de la República Islámica de Irán en Madrid.
En vez de actuar como hace, España, en coordinación con todos sus socios europeos, podría intervenir con los países árabes afectados por los ataques iraníes, para proporcionar asistencia concreta. Por desgracia, el Gobierno está a otra cosa; está “a sus cosas”. Nunca recató su simpatía por el chavismo; el propio Pedro Sánchez ya fue elogiado por Irán, Hamás y los hutíes; añadir ahora la felicitación de Susan Sarandon y ponerse a presumir en redes sociales parece bastarle. Esa actitud es peligrosa y nos compromete a todos. El totalitarismo islámico es un proyecto global. Ya está intentando imponer en suelo europeo su inversión de valores y su frenético antisemitismo. Ante semejante desafío existencial, no cabe invocar un derecho que solo sirva para desarmarnos. Porque cuando la política renuncia a enfrentar el peligro, no sobrevive ningún derecho.