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Quo vadis, Pedro?

Anotaciones FAES 88

Al Neroncete de La Moncloa le gusta tocar la lira a distancia más que prudencial de los incendios que provoca. Ayer tuvo un mal día y desafinó de lo lindo desde Roma; buscando coleguear, perfiló un acabado autorretrato de cínico sin chispa, cuando trataba de contestar a la prensa desplazada para cubrir su encuentro con León XIV: «Me permitirá la broma. Hay algún compañero que me pide adelantar las elecciones porque es consciente de que voy a tener una mayoría parlamentaria en el Congreso para poder gobernar de manera más tranquila. Y yo se lo agradezco, pero yo no puedo convocar elecciones por interés partidista, tengo que convocar elecciones por el interés general de los ciudadanos».

Para “permitir la broma” primero hay que encontrarle la gracia. ¿Dónde está exactamente? ¿En que no convoca por no abusar? ¿O en que solo piensa en nuestro bien? Porque ambas cosas son un chiste malo. Sánchez es muy capaz de tragar cantidades ingentes de basura, pero no de hacer gorgoritos mínimamente artísticos con ella. Por eso, tampoco merece que ningún Petronio Árbitro le responda: “Enchufa amigos y parientes, plagia tesis, degrada instituciones, vende patrias, corrompe voluntades, reparte el botín con la banda, incendia España… pero, por todos los dioses, ahórrate las bromas; te lo ruego, ¡oh, César de pacotilla!”.

No siendo tan elegantes, y decididos a no acatar órdenes de suicidio, nos limitamos a reiterar que Sánchez no tiene ninguna gracia, y todavía la tiene menos lo que hace. Imposible consentirle, a estas alturas, ni media broma.