Hace un año, publicamos en esta sección de Análisis FAES un texto que pretendía hacer estado de situación de la economía latinoamericana, con especial atención al caso de Argentina. A lo largo de las siguientes líneas, nos proponemos actualizar ese análisis, situándolo en el contexto mundial actual.
En estos momentos, la economía mundial sigue capeando bien el temporal de incertidumbre y tensión internacional que viene durando ya varios años y que se ha intensificado con el estallido de la guerra en Oriente Próximo. Las previsiones de las principales instituciones y casas de estudio internacionales apuntan a un crecimiento mundial de entorno al 3% en el año 2026[1]. Una cifra que, no obstante, conviene tratar con cautela, dada la elevada incertidumbre en torno a la duración y el alcance regional del conflicto bélico en Irán, su impacto en términos de inflación y la respuesta por parte de los principales bancos centrales del mundo. Conviene recordar que existen otros desequilibrios de fondo a nivel global. Entre ellos está la renovada preocupación por la sostenibilidad de la deuda, que vuelve a estar sobre el tapete de discusión. Ni qué decir tiene, Europa no es ajena a esta coyuntura.
Este es el escenario económico mundial en el que se mueve América Latina. Allí, a las amenazas y preocupaciones internacionales, que plantean riesgos en el plano de la inflación o en términos de una mayor debilidad de la demanda externa, se añaden los propios. Si bien es cierto que la región ha mostrado una notable resiliencia en los últimos años, con mejoras en el frente externo y una tendencia a la baja en la inflación, todavía existe margen de mejora en materia de consolidación fiscal; sin embargo, sigue siendo una asignatura pendiente impulsar la inversión, la productividad y el crecimiento potencial de la región, como condición sine qua non para atajar importantes brechas sociales. No está mal insistir en el potencial latente de América Latina derivado de su riqueza en términos de biodiversidad y posesión de materias primas y minerales y de su matriz energética limpia. Fortalezas que hemos destacado en otras ocasiones en este espacio de discusión.
Con todo, la economía de América Latina y el Caribe crecerá cerca de un 2,3% en el año 2026, una cifra que se sitúa algo por debajo de las registradas en los dos años anteriores (2,4% en ambos casos) y que también está claramente por debajo del crecimiento proyectado para el conjunto de las economías emergentes en 2026, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) cifra en el 3,9%[2]. Bien es cierto que esta fotografía regional oculta cierta heterogeneidad, con evoluciones y problemáticas distintas entre los diversos países.

Argentina, como ya hemos señalado en anteriores ediciones de Análisis FAES[3], destaca por encima del resto de las economías de la región latinoamericana. De un tiempo a esta parte, en el país ha ido tomando forma un entorno de estabilidad muy necesario. Las políticas de reforma y estabilización macroeconómica impulsadas por el Gobierno de Javier Milei desde finales del año 2023 están dando resultados (y, dicho sea de paso, cuentan con el aval de la ciudadanía, que dio su respaldo al Gobierno en las elecciones legislativas de medio mandato celebradas hace unos meses). La actividad económica se encuentra en niveles nunca vistos (el último dato conocido es el del cuarto trimestre de 2025, cuando el PIB creció un 2,1% en términos interanuales[4]), gracias al impulso de sectores clave como el agropecuario, la minería y los hidrocarburos; la pobreza ha caído hasta su mínimo desde el año 2018[5]; la inflación, que es un problema histórico de la economía argentina, ha caído cerca de diez puntos porcentuales en términos intermensuales[6], y se ha alcanzado el equilibrio presupuestario primario, gracias, principalmente, a los recortes de gasto público, que han sido muy significativos, y la reducción del tamaño del Estado. Este modelo bien podría replicarse en otras economías de la región que arrastran, desde hace ya demasiado tiempo, graves problemas fiscales. El caso argentino demuestra que incluso los desequilibrios más enquistados se pueden resolver con determinación y responsabilidad política, desafiando la sempiterna creencia de que las sociedades son incapaces de mirar más allá del corto plazo.
En el horizonte, hay riesgos para Argentina, derivados, sobre todo, de lo geopolítico. La guerra en Irán podría tener consecuencias sobre la inflación o en términos de endurecimiento de las condiciones de financiación externa. En sentido contrario, el sector energético está muy fortalecido. De hecho, en estos momentos, Argentina es un exportador neto de energía, lo que juega a favor del país dada la crisis energética actual. A su vez, el nuevo esquema cambiario del país, con bandas de fluctuación del tipo de cambio más flexibles, permite tener un mayor margen de respuesta frente a shocks externos[7]. Huelga decir que todo lo que suceda en Estados Unidos (políticas migratorias y arancelarias, nuevos enfrentamientos y conflictos bélicos, etc.), tendrá su eco en la economía argentina.
Al mismo tiempo, emergen ventanas de oportunidad. Vale la pena mencionar la reciente firma del acuerdo de asociación comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, que comenzó a aplicarse provisionalmente el pasado 1 de mayo[8]. Para Argentina, que fue el primer país del Mercosur en completar sus procedimientos de ratificación internos, este acuerdo es muy relevante, pues permitirá profundizar su integración en la economía internacional y traerá consigo nuevas oportunidades comerciales y de inversión[9], gracias, entre otras medidas, a la progresiva supresión de aranceles y a la reducción de otras barreras no arancelarias entre ambas regiones.
Un último comentario: la libertad económica y el libre comercio, unidos a aquellas reformas estructurales orientadas a la estabilidad política y económica, constituyen la base del crecimiento y la prosperidad de los países. Esto es algo que la Fundación FAES viene defendiendo desde hace más de tres décadas, y que ahora encuentra su reflejo en lo que está sucediendo en Argentina.
[1] https://www.imf.org/es/publications/weo/issues/2026/04/14/world-economic-outlook-april-2026
[2] https://www.imf.org/external/datamapper/NGDP_RPCH@WEO/WE
[3] https://fundacionfaes.org/america-latina-en-un-mundo-turbulento-una-vision-economica-con-foco-en-argentina/; https://fundacionfaes.org/seis-meses-de-milei-firme-contra-todo-pronostico/; https://fundacionfaes.org/dos-anos-de-milei-viva-la-estabilidad-carajo/
[4] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/pib_03_26D14C2E1ADC.pdf
[5] https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/sociedad/cuadros_informe_pobreza_03_26.xls
[6] https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/economia/sh_ipc_04_26.xls
[7] https://www.bbva.com/es/ar/economia-y-finanzas/podcast-situacion-argentina-la-macroeconomia-ordenada-empieza-a-dar-frutos/
[8] https://spain.representation.ec.europa.eu/noticias-eventos/noticias-0/el-acuerdo-ue-mercosur-se-aplicara-provisionalmente-partir-del-1-de-mayo-de-2026-2026-03-23_es