Anotaciones FAES 90
Dedicado a la prensa amiga que, haciendo suyo aquello de cree el ladrón…, tergiversa como “silencio revelador” nuestro desinterés por las alhajas
Empeñados en rematar el álbum de sus ciento y pico “años de honradez”, los socialistas están regalando estampas inolvidables. Dentro de su preferencia por lo zarrapastroso hemos pasado de la gama de lo cutre –Ábalos en camiseta– a la vulgaridad millonaria del escándalo Plus Ultra y el rutilante joyero del contador de nubes[1]. Algunas instantáneas: el festín de ostras y champán con que el fundador de la “compañía estratégica” celebraba los 53 millones de dinero público enterrado en su rescate; el testimonio de Gertrudis –“socialista hasta la médula”– sobre herencias de la abuela; portavoces que confunden quilates (ocultos en cajas fuertes) con calderilla (legados políticos que son bisutería fraudulenta); el chapoteo espasmódico de “la sincronizada” en la Prensa del Movimiento…
Hay nociones políticas que, por demasiado abstractas, difícilmente se abren paso. Estos días de bochorno –en termómetros y conciencias– garantizan que la hipocresía socialista, retratada al detalle, quede incrustada en la opinión como una evidencia. Que esa clarificación atenúe, en cierta medida, la vergüenza.
[1] Hacemos notar, en honor a la verdad, que, en joyería, el término nube o nebulosidad se refiere a un defecto interno en las piedras preciosas. Consiste en una acumulación densa de inclusiones microscópicas, cristales diminutos o plumas de fractura tan juntas que dan a la gema un aspecto lechoso, brumoso o translúcido, restándole brillo, transparencia y valor.