Anotaciones FAES 76
Lo hemos repetido muchas veces: al sanchismo no le cabe más salida que la huida hacia delante. Cuando alguna grieta amenaza el entramado de complicidades que lo sostiene, el Gobierno apronta remesas adicionales del cemento que mantiene “el muro” en pie. Lo hemos vuelto a ver esta misma semana. Cercado por los escándalos y seriamente cuestionado por el último episodio de negligencia gestora –cuando la parálisis presupuestaria hace más hiriente su papel en la tragedia de Adamuz– Pedro Sánchez rifa una nueva ronda de concesiones, alimentando la puja de sus socios en una subasta que va para ocho años; ocho años de continua erosión de la integridad nacional: única política de una agenda centrada en sobrevivir. El coma parlamentario obligaba a disponer de nuevo, con generosidad, de un patrimonio del que cualquier ejecutivo es simple custodio temporal, porque es de todos.
Y así, un día se regala a Podemos el protagonismo político de una regularización oportunista; al otro, se cierran traspasos de competencias con aire de atributo soberano, como son las de inmigración y gestión aeroportuaria al País Vasco. Sin que el Gobierno pueda ignorar, a estas alturas, que cuando el PNV pide “completar el Estatuto” es para liquidarlo en bloque y pasar de pantalla. Otro día, como siempre hay que remendar descosidos en el Noreste, se compromete la presencia de Cataluña –su “rol singular”– en la UNESCO y en la Organización Mundial del Turismo, para lo cual el ministro Albares rubrica un documento con su “homólogo” catalán, satisfaciendo así la vieja pulsión nacionalista del pacto “de potencia a potencia”, con olvido y desprecio de la sustancial diferencia entre la parte y el todo. Mientras tanto, la Generalidad presume de “estatus inédito” en el plano internacional: aunque todavía sus representantes estén integrados en las delegaciones españolas de ambas organizaciones, tiene despejada la posibilidad de solicitar, en breve, el estatuto de miembro asociado. El consejero Duch no ha dejado pasar la oportunidad de recordar que tal condición se concedió, en la historia de la UNESCO, a territorios con pasado colonial: caso de las Islas Caimán o Nueva Caledonia…
En semanas como esta se pone de relieve, con la mayor crudeza, una dinámica política que está conduciendo a España, aceleradamente, hacia un descarrilamiento histórico; y es que el convoy sanchista necesita, para seguir su marcha, devorar, reduciéndolos a cenizas, los materiales que el sufragio le encomendó conducir. Vamos deprisa a ninguna parte, dilapidando como combustible nuestra cohesión nacional, al dictado de una consigna suicida: ¡más madera!